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Raúl Amundaray

Raúl Amundaray y Jean Carlo Simancas Papás por partida doble

Raúl Amundaray

Por Tibisay Ascención — Fotografía Jorge Pineda

Raúl Amundaray, quien fuese el galán de Venezuela, recientemente interpretó el papel de abuelo en la telenovela escrita por Mónica Montañés, ¿Vieja, yo?, que se transmitía en Venevisión. Compartió en el elenco con Jean Carlo Simancas, llamado el galán de galanes, quien hizo el personaje de papá.Tal como en la pantalla chica, estos actores son padres en su vida personal.

Jean Carlo Simancas es padre de tres niños, mientras que Raúl Amundaray le suma a esa cuenta uno más.

La década de los sesenta y setenta, conocida como la etapa dorada en la producción de dramáticos en Venezuela, le dio al país dos casos emblemáticos en la actuación: Raúl Amundaray, quien protagonizó El derecho de nacer y Jean Carlo Simancas, quien estuvo al frente de Tormento.

De Albertico Limonta a Don Pippo

Raúl Amundaray se transformó en ídolo de multitudes. Esa frase sale reseñada en un artículo de prensa que está junto a una foto colgada en una de las paredes del estudio donde imparte clases. De igual manera, se ve un premio por mantener la imagen de primer galán, otorgado por el Consulado de Venezuela en Aruba en 1974 y que recuerda su fase de protagonista estrella. El personaje de Albertico Limonta, interpretado en la novela El derecho de nacer, fue el impulso de su carrera.

Actualmente se dedica a la pasión de dar clases a los jóvenes talentos de oratoria, voz, dicción y actuación en el estudio de Arte Amundaray. Esta fase de su carrera la define como “el reposo del guerrero”.

-¿Cómo ha sido la experiencia de pasar de interpretar papeles de galán a representar al papá de los protagonistas?

-Es una gran satisfacción, porque en el escalafón de los actores está el actor niño, el galán adolescente, el galán y el galán primer actor. Después vienen los papeles característicos y de conformación. Es muy grato cuando tú has escalado todas esas posiciones. No son días, ni meses de experiencia que tienes en esto, sino toda una trayectoria. Desde niño soy actor.

-¿Cuál es la diferencia del Raúl Amundaray que actúo como Albertico Limonta en El derecho de nacer y el que ahora interpreta a Don Pippo en ¿Vieja, yo?

-El actor tiene que reinventarse. Cuando hice el papel de Albertico Limonta, eso fue un escándalo, nacional e internacional. No podía salir a la calle y pasar desapercibido. Mi personaje se transformó en un ídolo de multitudes. Cuando hice Don Pippo, personaje que me escribió Mónica Montañés, ella me dijo: “Te voy a hacer un personaje que te va a encantar, vas a ser un abuelo tremendo”. Me gustó mucho y le gustó mucho al público. Estoy muy agradecido a la escritora y al canal por esas oportunidades que te dan.

-¿Qué añora de la época en que era el protagonista y galán de la telenovela?

-El galán de Venezuela, ahora soy el viejito de Venezuela (risas). La edad no se dice (risas). Son muchos años en esta profesión. Primero fui galán de radio, después estuve en el teatro y de ahí salte a la televisión. Y aquí estoy dándole clases a otra nueva generación para enseñarle lo poco que sé. Hay muchachos con muchas condiciones, sobre todo las muchachas, que son más consistentes. Yo les digo que la constancia siempre da una flor.

-¿Cuál es la fórmula para que las oportunidades de ser protagonista no se queden en la figura de galán, sino que continúen en el tiempo?

-El secreto de la eterna juventud (risas). Amar lo que haces, hacerlo con amor, transmitirle a la gente tú emoción, tu llanto, tu alegría. La fórmula es trabajo y dedicación por encima de todo.

-¿Cómo ha sido su experiencia como instructor?

-Tengo un mensaje que le doy a todos mis alumnos: “todos nuestros sueños pueden ser realidad sí tenemos el valor de ir tras ellos”. Muchos se quedan en el mero deseo de “quiero ser actor”, pero cuando ven que tienen que estudiar, ejercitarse, matizar y articular, entonces se dan cuenta de que no es tan fácil como creían. No es solamente la apariencia y aprenderse el libreto, es saber decirlo con entonación. Que las declaraciones convenzan. El talento es importante.

Confesiones de su hija, Joselyn

-¿A quién admiras en la actuación?

-Aparte de mi papá, a Gustavo Rodríguez. De las actrices a Elba Escobar.

-¿Cómo es la relación entre tú y tu papá?

-Tenemos el carácter igual, por eso tenemos nuestros choques. Pero estoy segura de que tengo el mejor papá que Dios me pudo haber dado, porque él es lo más justo, lo más correcto, me enseña valores. Es perfeccionista. Las cosas deben estar bien hechas, si no, no se hacen. Es muy caballero y él quiere que me consiga un novio así, caballero o no sirve.

-¿Sientes que tu papá te inculcó que siguieras por el camino de la actuación?

-Al contrario, él no quiere eso (risas), pero yo sigo de terca. Ahí voy y le comprobaré que sí puedo, que lo voy a hacer. Yo quiero ser actriz, que esa sea mi profesión y llegar a ser como él.

Jean Carlo Simancas y sus querencias

Retirado de la ciudad, este actor decidió disfrutar de su pasión: los caballos. Por eso vive en una finca, rodeado de ellos. En cada rincón de su hogar se ven sillas, sombreros y demás, para vivir al mejor estilo del campo.

Otra de sus querencias es la actuación, carrera en la que saltó al reconocimiento público con su papel en Tormento, telenovela en la que era padre, pero de iglesia.

No sólo ha participado en producciones dramáticas de la pantalla chica, sino también en el teatro, radio y cine. Esta versatilidad le ha permitido explorar en los medios y alimentar su espíritu aventurero y creativo. Son esas cualidades las que procura fortalecer en sus hijos.

Asegura que la paternidad es otro de sus afectos. Hace cuatro años disfrutó de la sensación de ser nuevamente papá, cuando recibió junto a su actual esposa, Gladys -quien no está vinculada a los medios- a Jean Carlos.

Así suma tres frutos: Ileana, Graciela —hija que tuvo con la actriz Dora Mazzone- y Jean Carlos.

Ileana, de 34 años, vive en el exterior y es artista. Por su parte, Graciela está estudiando cuarto año de bachillerato, mención humanidades, y le gustaría cursar la carrera de Idiomas Modernos.

-¿Qué significa para usted ser padre?

-Un padre se presume que es un guía, una imagen representativa, un peso fundamental. Un poco mimético. El hombre es el ejemplo para sus hijos y para sus hijas. Yo creo que el balance entre un hombre y una mujer es fundamental. Es un binomio indispensable, no se puede catalogar con un rol determinado a una de las dos partes. Creo que ambas funcionan con los mismos roles, en diferentes etapas en distintos momentos. El liderazgo debe ser compartido, la paternidad y la maternidad es la misma cosa.

-¿Cómo ha sido el proceso de educar y iniciarse otra vez como padre después de tantos años?

-Con cada uno es una experiencia nueva, como si estuvieses empezando de nuevo. Cada uno es una historia diferente. Es una maravilla, cada vez aprendes más, lo disfrutas más, es más fácil dedicarte a ellos, porque aprendes a disfrutarlos. Cuando pierdes esa capacidad de juego, pierdes el contacto con cualquiera.

-¿Cómo es la relación con sus hijos?

-Cuando interpreté el papel en El Tormento, ya tenía a Ileana, estaba chiquitita. Cada vez que tienes un hijo o cuando haces el papel de padre de hijos que no son tuyos, pero que quieres como tal, aprendes a ser padre. Mi experiencia como papá a tiempo completo fue cuando estuve con Sindy —hija de su ex esposa, Mimí Lazo-. Aprendí de esa cotidianidad que no tuve con Ileana, porque siempre estuvimos separados.

Sentir que era la guía de alguien es una de las cosas que más conmueve a un individuo cuando hace contacto con un niño. Se trata del afecto, de la paciencia, de cerciorarte de que esté bien y de que reciba cosas hermosas.

El aprendizaje más doloroso fue el de Ileana, por la distancia; sin embargo, hoy día es una relación estrecha, a pesar de que ella vive en España.

Ya con Jean Carlos y los hijos de Gladys, ha sido más fácil. Ellos se enamoraron de mí y yo de ellos, ha sido una relación muy espontánea. Con mi hijo menor es una relación muy especial, porque hemos estado juntos desde el principio.

-¿Qué consejos les darías a los padres primerizos?

-Yo detesto dar consejos, porque no sirven de mucho. Lo único que yo les propongo es abrirse a las actitudes, no a las responsabilidades: “Yo tengo una responsabilidad, tengo que ser distinto y mejor. Ellos te van a hacer mejor. Adáptate a la relación y permite que ellos entren y tú entrar dentro de ellos para cultivar esa conexión necesaria, estrecha”.

Confesiones de su hija, Graciela

-¿Cómo te calificas como hija?

-Me integre más a la familia. Como hija soy tranquila. En principio era la época de la rebeldía a los14 años, con todo el asunto de los piercings, pero ya pasó.

-¿Cómo defines la relación con tu papá?

-Es una relación ligera, hablamos de todo. Nos gustan las mismas cosas, la literatura, la música y la actuación.

-¿Cómo es él como papá?

-Él nació para ser papá, así como para la actuación. Él no es “no papá”. Es muy cariñoso y le encantan los niños. Cuando estoy con él, me pongo como una niña. A mi hermana y a mí nos encanta vivir encima de él.

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