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Volando libres de balcón en balcón

Caracas vive en varias dimensiones la alegría de ver a sus Guacamayas surcar el cielo. Son un símbolo que, junto al Avila, representa el lado positivo de la ciudad .Pocos tienen el privilegio de recibirlas en casa. Es importante protegerlas de cazadores furtivos y vendedores. ¡Alerta!

Por Hans Graf B — @hansgrafbogran — www.hansgraf.com

Van desde el Jardín Botánico de la UCV, hasta Colinas de Bello Monte; pasan por Cumbres de Curumo y se detienen en sus bajos edificios; se pasean por Las Mercedes para saludar a los transeúntes de la plaza Alfredo Sadel; vuelan hacia Prados del Este en busca de retoños en los chaguáramos de la Avenida Principal; las ven desde Santa Cruz del Este; enfilan hacia Santa Monica, Los Chaguáramos, Fuerte Tiuna y se acercan a Los Próceres; se las ve volando por Sabana Grande, Chuao, los Chorros, La Urbina y Petare pueblo; incluso se llegan hasta San Román, Santa Rosa de Lima, Los Samanes y se pasean por El Cafetal o suben por las Minas de Baruta para irse a La Trinidad; el Parque del Este suele ser, de vez en cuando, su refugio para merendar semillas; y de ahi, en ocasiones, van al Avila, el majestuoso cerro que guarda a Caracas y que siempre las vigila.

Son las Guacamayas de Caracas, esas amigas de plumaje azul y amarillo que han pasado a formar parte de la vida en una metrópoli convulsionada y hostil. Bajo el nombre de Ara ararauna, éstas forman parte importante de la fauna urbana caraqueña, un fenómeno que según expertos se ha incrementado ante el acoso y la destrucción del medio ambiente en los alrededores de la ciudad, así como la disminución del otrora denominado “cinturón verde de Caracas”, hoy en día ocupado en su mayor parte por desarrollos habitacionales legales e ilegales. Las aves han buscado refugio en la capital y las Guacamayas, nacidas muchas de ellas en sus predios, no piensan en abandonarla.

Todos son guardianes

El valor de una guacamaya en el mercado negro de venta de animales puede superar los 2.000$, dependiendo de su estado y del origen de ésta, así como su salud y calidad del plumaje. La venta de sus plumas está expresamente prohibida (aunque suelen verse avisos en portales de compra-venta), así como el comercio de estas especies, bien sea por internet o fisicamente.

La falta de vigilancia, de programas y protección convierte a las guacamayas de Caracas en víctimas fáciles. Ante esta situación, varios veterinarios, biólogos y especialistas en la materia sugieren tratar de reducir el contacto con la guacamayas, o al menos tomar ciertas medidas que garanticen su protección.

Aunque no está mal que se tenga acceso a ellas y que estas vayan de balcón en balcón, es preciso no humanizarlas y evitar pensar en ellas como mascotas. La tentación por acariciarlas es evidente, pero hacerlo puede exponerlas. El contacto humano puede hacer que bajen la guardia y que sean víctimas de un secuestro, si, como lo leen: un secuestro. Al perder el miedo, son vulnerables y presa fácil de la codicia.

Otra sugerencia es, si les van a dar comida, o si tienen apostado un comedero, que éste no sea bajo techo. Hay que evitar que ellas entren a balcones cerrados o espacios que dificulten una eventual salida. En su casa pueden hacerlo sin correr peligro, pero ellas no sabrán diferenciar entre una casa peligrosa y otra que no lo es hasta que sea demasiado tarde.

La red de personas que mantienen contacto con ellas puede activarse para mantener un monitoreo constante, así como evitar que en sus predios alguien intente capturarlas. Aunque no existen estructuras formales de protección, las redes sociales han servido para unir a quienes tienen el privilegio y la responsabilidad de salvaguardar estas aves. Son mas de 6.000 usuarios en un grupo de Facebook y en general las Guacamayas no se han visto amenazadas seriamente, al menos no hasta el momento.

Comida a la mano, no de la mano

Aunque la situación actual hace complicado que todos los amigos de las guacamayas tengan disponibles alimentos, hay que tomar en cuenta que hasta el momento ellas todavía pueden obtenerlo del entorno natural urbano.

Los brotes de los chaguaramos, sus semillas, los mangos todavía están disponibles y forman parte de su dieta en condiciones totalmente salvajes. Aunque no se puede hablar de animales salvajes, tampoco son mascotas. Es recomendable dejarles la comida en recipientes, colocarla en los dinteles o simplemente darles los fragmentos (en el caso de un plátano o cambur) para que los tomen, pero nunca usar la palma de su mano como plato.

Otra tentación es darles pan, galletas y eso no les hará ningún bien. Siempre, si se puede, sobre todo en época de sequía, es recomendable dejar recipientes con agua, bien ubicados, para que puedan saciar la sed.

Jaulas de oro

La cultura del encierro de aves es común, sigue siendo una practica usual, y aunque hay defensores de la tenencia de ciertas aves como mascotas, y un número igual de detractores, existe unanimidad en torno al tema de las guacamayas: encerrarlas es condenarlas a muerte.

Una de las principales razones tiene que ver con el apareamiento de estas aves y sus relaciones. Las guacamayas son, una vez que la hembra decide, pareja para toda la vida y cualquier separación puede llevar a un desenlace fatal. Aunque puede ocurrir que la hembra decida abandonar a su primera pareja, esto no es el común denominador.

Un vez que se juntan, es para siempre, a no ser que ocurra alguna separación forzada. En este caso la pareja puede sufrir y terminar muriendo, bien sea la que ha sido capturada, o la que en libertad ha perdido a su par. Aunque esta última quizá tenga opciones de recuperarse, la primera seguramente perecerá.

Su cuido es responsabilidad de quienes día a día también disfrutan de sus graznidos, de su gracioso vuelo y de sus simpáticas miradas cuando aterrizan en su balcón, libres, y le saludan con un estruendoso Guaky, guaky….guaaa.

Alerta mayor

De acuerdo a datos de varias agencias de conservación, incluidos los registrados en el Libro Rojo de Venezuela, cerca del 35% del habitat de estas especies se perderá. La buena noticia es que la especie tiene una tolerancia muy alta a la fragmentación o degradación de su ambiente y su adaptabilidad le permite mantenerse fuera de las especies en peligro de extinción o amenaza inmediata.

Principal amenaza

Su capacidad para sobrevivir va de la mano con su mansedumbre. Esto la hace vulnerable a los cazadores furtivos o los caraqueños (por mencionar a la ciudad que se adjudico el término de Ciudad de las guacamayas) que consideren un negocio o una gracia tenerlas en cautiverio.

Huevos y reproduccion

Para incubarlos, ambas aves se ponen de acuerdo. Aunque es la madre la que toma el rol principal, el padre también cuida los huevos y las crías. Ambos salen a buscar comida. La incubación va de 24 a 26 días. Los huevos son redondos, blancos y llegan a pesar 20 gramos, aproximadamente. Su diámetro es de 47 x 35 mm. Ponen entre 2 a 3 huevos.

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