viernes , enero 14 2022

Alejandra Otero

Por Marisela Castillo Apitz – @marisary

Venezolana, periodista y comediante. Alejandra Otero es simpática y espontánea. Tiene un espíritu libre. Una vez que se graduó en Comunicación Social en la Universidad Monteavila ejerció como periodista en Globovisión y El Nacional, y realizó una maestría en Relaciones Internacionales en The New School.

Se desempeñó como locutora del espacio Echando Carro, transmitido por  la radio del Ateneo de Caracas. En el año 2005 ingresó a Aló Ciudadano, allí se encargó de la mensajería de texto y las encuestas que se realizaban día a día en el programa; sin embargo, luego de dos años junto a Leopoldo Castillo y María Isabel Párraga, Alejandra decidió retirarse para enfocarse en otro proyecto: la comedia. Actualmente tiene sus propias presentaciones y forma parte del grupo de actuación Improvisto. También incursionó en la televisión de la mano de Emilio Lovera.

En esta oportunidad Alejandra Otero nos cuenta la última vez que…

Rezó: Cuando me presenté recientemente en Miami porque siempre me da miedo presentarme fuera de Venezuela. Ahí recé un poquito. Siempre me da como un sustico antes de cualquier función, pero más cuando no estoy en mi país, porque el humor es algo súper local y cuesta más sentirte cómoda en otro lugar donde no conoces el público o no sabes cómo van a reaccionar.

Leyó un libro: Hace poco me leí el libro Los Abrazos de Eduardo Galeano porque me lo regalaron unos amigos y como murió hace poco me di cuenta que nunca me había leído un libro de él y decidí hacerlo.

Sentiste miedo: Todas las noches en Caracas uno siente miedo. Pero un episodio puntual fue cuando el Sebin me citó a rendir declaraciones el año pasado. En esa oportunidad dejé claro que no manejaba información sobre magnicidios. A mí me ayuda dedicarme al humor porque es un escudo. Ese día que me citaron y los días previos fueron de mucha tensión. Pero desde siempre me planteé tomármelo diferente. Todo eso lo viví pensando que podía sacar un chiste de eso, y de hecho creo que decepcioné al Sebin porque no tenía nada que decirles (risas).

Compró un CD: El de Los Hermanos Naturales lo compré hace poquito. Me encanta este grupo y los he visto en vivo y son geniales. Además comprar un CD de músicos venezolanos siempre es mejor porque estás apoyando al talento local.

Tuvo ganas de huir: En el aeropuerto de Barcelona, estado Anzoátegui, cuando viajaba de Miami a Caracas tuve que hacer escala en esa ciudad. Venía de un viaje súper intenso y ese aeropuerto es horrible, no tiene aire acondicionado y está lleno de mosquitos, siempre hay un gentío y todo es un desorden. Quería huir.

Lloró de la alegría: El día que me casé lloré de alegría. Yo nunca he sido cursi con ese tema, ni tampoco soñaba con casarme de blanco, pero ese día entré al altar y vi a todos mis afectos verme caminar por la iglesia y sentí el apoyo, las buenas vibras que mandaban, y no tuve otra opción que llorar de la felicidad.

Se quedó sin dinero: Cuando me mudé de Nueva York a Caracas llegué desde cero a trabajar por mi cuenta. Estaba cambiándome de carrera dejando el periodismo para dedicarme al humor. Tuve que volver a pedirle dinero a mi papá y fue horrible porque ya era grande.

Pagó una multa: (Risas) Hace poco. Me pasó en Chacao que dejé el carro mal parado en la avenida Francisco de Miranda por dos segundos, pero en esos escasos dos segundos un policía me puso una multa, y lo peor fue que cuando el policía metió mis datos en el sistema se dio cuenta que hay otra multa que no había pagado desde hace dos años y todo fue peor (risas).

Que se enamoró: Enamorarme de una persona obviamente fue de mi esposo, pero uno se enamora de tantas cosas de la vida de forma permanente. Yo estoy enamorada de mi país, de la gente con la que trabajo, de lo que hago. Al final uno se llena de eso y eso nos hace feliz.

Quisiste ser otra persona: ¡Wow! Nunca he querido ser otra persona, tal vez lo que sí he querido es que pase un momento determinado en mi vida, pero nunca me he planteado dejar de ser yo. Lo máximo es desear tener el talento de comediantes que admiro, pero hasta ahí.

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