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Venezuela a Pekín en busca de un sueño

pekin_002 En realidad, el título de esta nota no es original. Seguramente nos vino a la memoria por asociación de ideas al recordar una hermosa canción del trovador Silvio Rodríguez, cuyo título es precisamente ese: “En busca de un sueño”.

Un sueño que se vincula a la prédica de la autoridades del deporte nacional, que no se han cansado de repetir que la actuación de los Juegos Olímpicos de Pekín podría ser la mejor de la historia deportiva del país. La participación de 109 atletas, más del doble de los que fueron a Sydney 2000 (51 representantes, hasta ahora la más alta cantidad), podría ser un anticipo del pronóstico.

El Instituto Nacional de Deportes y el Comité Olímpico Venezolano han asegurado que sus vaticinios hablan de cinco medallas, con posibilidades de que la cosecha suba un poco más. Porque al Asia también viajarán hombres y mujeres que, desde la sombras, podrían emerger y subirse al podio de los vencedores.

Los Juegos Olímpicos siempre han sido empresas imposibles para los atletas del país, que han visto pasar cuarenta años, varias generaciones, desde que en México 1968 el boxeador cumanés de la categoría mosca ligero, Francisco “Morochito” Rodríguez, alcanzara la única medalla dorada venezolana. Es sabido que en Barcelona 1992, el taekwondista anzoatiguense Arlindo Gouveia también llegó al oro, pero en un deporte que entonces era tomado como de exhibición y en el que Adriana Carmona ganó un bronce.

No obstante, los nuevos tiempos prometen grande cosas. Grandes cosas como la esgrima, en su modalidad de espada, en la que Silvio Fernández no quiere quedarse con la satisfacción de ser el primero del ranking mundial. El combatiente criollo quiere ganar el oro y ratificar todo lo bueno que de él se dice.

El boxeo, como ha sido una tradición, tiene dos gallos: Alfonso Blanco en los 75 kilos y Héctor Manzanilla en los 54. Ahí hay madera, madera fina, en un deporte que ha dado a Venezuela cinco de sus diez medallas olímpicas oficiales.

El nombre de Adriana Carmona vuelve a surgir. Ganadora de la medalla bronceada en Atenas 2004, la experimentada taekwondista va de nuevo a la guerra en sus cuartos Juegos Olímpicos.

La quinta esperanza nacional estará en un deporte de conjunto: el softbol femenino. Venezuela no ha sido particularmente fuerte en las actividades de equipos (sólo han estado en Olimpiadas el fútbol, en Moscú 80, y el basquet, en Barcelona), y por eso llama la atención que este equipo de mujeres aguerridas sean tomadas como algo más que un grupo de entusiastas jugadoras en procura de experiencia. De ellas no se oyen sino elogios, y su debut, ante las poderosas estadounidenses, podría marca su destino olímpico.

El voleibol, que clasificó en sus dos versiones, parece tener poca opción. Sin embargo, los varones, que hoy pierden con el equipo de la esquina y mañana le ganan al más poderoso de los poderosos, tal vez tengan una carta escondida debajo de la camiseta. Las muchachas, en cambio, poco podrán hacer.

Otros deportes, como la natación (con el astro Albert Subirats como abanderado), el judo, el bicicross y la lucha, podrían dibujar sonrisas en la delegación tricolor.

En fin, los Juegos Olímpicos de 2008 encienden sus luces y Venezuela, en contraste abismal con la cita de 1948 cuando Julio César León fue su águila solitaria, se presenta con la expedición más grande de su historial. El argumento de la cantidad habla bien del momento que vive el deporte nacional, pero ¿bastará eso para conseguir una actuación que se corresponda con el dineral gastado en la preparación, y más que eso, para no frustrar el sueño buscado?

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