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Tatiana Astengo

Empezar desde cero… pero aprendida La actriz peruana, conocida por sus interpretaciones en el cine y la televisión latinoamericanas, sintió un día la necesidad de emprender vuelo. España fue su destino, pero nunca imaginó que el camino hasta su exitoso presente sería tan duro

Por Janina Pérez Arias

Conversar con Tatiana Astengo es montarse en una montaña rusa de emociones. Muchas fueron las risas, con algunos destellos de tristeza y otros de melancolía, pero sobre todo con una alegría que fácilmente podría contagiar al más inmune. Conocida por sus interpretaciones en Pantaleón y las Visitadoras y en Tinta Roja, además de alguna que otra telenovela, el alborozo de la actriz peruana se debe a que, después de casi cinco años en España, puede gritar un “¡Lo logré!”.

En el reciente Festival Internacional de Cine de San Sebastián, presentó junto a sus compañeras de reparto la producción española El Patio de mi Cárcel, que compitió por el galardón principal. Sin embargo, el camino hasta aquella soleada tarde de septiembre, día de este encuentro, no ha sido precisamente de rosas.

-Teniendo una carrera hecha en Perú y siendo conocida en muchos países de Latinoamérica, ¿por qué decidiste irte a España a empezar desde cero?

-A todos les sorprendió esa decisión. Lo que hice, y lo digo siempre, fue una inconsciencia en su momento, pero que, por suerte, me salió bien. No fue fácil. Hubo muchas lágrimas, pero también una gran lección de humildad, de ejercicio de desapego. Claro, yo estaba muy cómoda trabajando como actriz, en teatro, en televisión y haciendo muchas películas que era lo que más me interesaba. Vivía bien, con mi piso, con mi carro, con todos los mimos que te dan por ser actriz… Pero algo en el fondo me decía que no era esa la realidad, que eso no era verdad. Sentí que todo ese mundo que te da el ser actriz, que es muy lindo, que valoro y disfruto, no era verdad del todo. Necesitaba tener la experiencia de volver a saber quién soy, cuáles eran mis limitaciones y plantearme nuevos retos. Así que lo decidí. Y, ¿sabes qué? Me encontré con esta segunda oportunidad, como de volver a vivir pero con la experiencia de la vida pasada.

-Es como nacer aprendida…

-(risas) Exacto, entonces ya sabes qué no debes hacer, tal vez no qué sí debes hacer… pero qué no, segurísimo… Todo eso lo estoy aprovechando y es maravilloso.

-¿Por qué España y no México?

-… o en Argentina, o Chile, donde trabajé mucho… Es que escoger uno de esos países era más fácil. Siempre me complico la vida en todo (risas). Me decidí por España por el tema del idioma y porque tiene una industria cinematográfica importante. Además, se me dieron las cosas como mágicamente… No lo pensé tanto. Creo que si lo hubiera pensado, tal vez no me hubiera ido… A veces me pregunto, ¿Qué hago aquí? (risas) Los dos primeros años trabajé en cosas que nunca había hecho.

-¿Por ejemplo?

-Cuidando niños, de recepcionista de restaurante, de teleoperadora… Cuando alguien se pasaba conmigo, me decía: “¡Pero si soy actriz reconocida en mi patria…!” Claro, nadie sabe quién eres… Por un lado es maravilloso, pero por otro… Te das cuenta de que estás mal acostumbra. Sin embargo, fue una buena decisión.

-En la producción española El Patio de mi Cárcel, de Belén Macías, haces de colombiana. Y no solamente apareces completamente desnuda, sino que también tienes una de las escenas más duras de la película, que es cuando te haces pipí de miedo. ¿Fue difícil afrontar ese papel?

-Cuando hice el casting, fui como quien va a comprar el pan, estaba muy tranquila porque tenía la seguridad de que ese papel era para mí. Yo lo intuía. Tiempo después, la directora me dijo que había sido una de las primeras a quien escogió para el elenco. Sabía que habían asistido muchas actrices a las pruebas para ese rol, y, además, muchísimas eran colombianas. Lo peor para mí, y que lo tuve que pensar, fue cuando Belén me preguntó si podía engordar (risas). Eso lo llevé malísimo… Tuve que subir más de siete kilos, porque se trataba de una mujer con hijos, voluptuosa. Cuando leí el guión me di cuenta de que las emociones del personaje eran un resumen de todo lo que había sido hasta ese entonces mi vida fuera de mi país: soledad, angustia, desesperación, incertidumbre… Todo eso lo había vivido. Cuando llegué a España, me sentía prisionera de una sociedad que no conocía ni entendía, a pesar de hablar el mismo idioma. Así que me dije, aprovecho y hago catarsis.

-Luisa, tu personaje, es traficante de drogas. ¿No te chocó el hecho de que en esta película se presente otra vez ese cliché del latinoamericano?

-No, porque cuando empecé a trabajar de muy joven en mi país, trabajé mucho con estereotipos. Entonces, si lo hice en Perú, ¿por qué no hacerlo en España? Sí que es un cliché, pero era un personaje hermoso. Estoy haciendo de ecuatoriana, de argentina, peruana, colombiana… (risas) El dominar los acentos es maravilloso porque me ha abierto muchas puertas. Este año estreno dos películas más donde hago de mujer de servicio, en una, y en la otra de prostituta. Esos papeles también los hice en mi país y no me choca volver a hacerlos, porque se puede hacer de muchas chachas y de prostitutas de diferentes formas.

-¿No te asustó que El Patio de mi Cárcel fuera de una primeriza, y que además estuviera apoyada por El Deseo, que es la productora de Pedro Almodóvar?

-No me dio nada de susto, porque tomando en cuenta mi vida anterior… (risas) Me apoyé en mi experiencia y lo vi como el momento perfecto para asumir ese papel. Lo que sí me dio un poco de miedo, pero del bueno, fue que me encontré con una responsabilidad como inmigrante, porque es una historia que refleja la vida de muchas personas en el mundo. Por eso quise contarlo bonito y bien.

-Últimamente hay como una invasión de actores y actrices latinoamericanos en España. Pero viéndolo desde el punto de vista de nuestros países, se puede hablar de una fuga de talentos. ¿Por qué está pasando esto?

-En general hay una necesidad… Pero en mi caso no fue una fuga, porque nunca me fui completamente. Cada tanto regreso, de hecho cada año vuelvo a trabajar en Perú, en Chile, en Sudamérica en general. Creo que es como cuando sales de la casa de tus padres para vivir solo. Es muy importante ir a otro país a buscarte la vida, a empezar de cero, a integrarte; es como un paso que se debe dar.

Los actores latinoamericanos son maravillosos, no tenemos que forzarnos mucho para imaginarnos situaciones limitadas o extremas, porque lo hemos vivido, no nos han contado nada. Y veo que se está abriendo un camino importante para los actores latinoamericanos en España.

-¿Cuáles son las diferencias de trabajar en Latinoamérica y de trabajar en España?

-Dinero. Sólo eso, porque el dinero es tiempo, es material, es comodidad, es crear con tranquilidad, construir, improvisar… Eso no nos los podemos permitir en Latinoamérica porque no hay dinero. En tres tomas tienes que estar lista, mientras que en España se hacen por lo menos ocho. Yo alucino viendo la forma de trabajo de los españoles; me da estrés ver que se hacen tantas tomas y no dejo de pensar que es pérdida de dinero. ¡Imagínate preocuparme de cosas que no tengo por qué! Debo relajarme en eso. Por otro lado, en España se toman vacaciones, ¡Durante dos meses hay vacaciones para todo el mundo! Cierran todo. En mi país no se cierra nada, si la gente trabaja hasta los domingos… (risas) Por eso digo que la diferencia es básicamente económica.

-Has incursionado también en la televisión española, ¿Cómo ha sido esa experiencia?

-Muy buena, porque además me di cuenta que después de hacer tantos culebrones en Latinoamérica venía muy canchera, con otro ritmo, más acelerado, lo cual agradezco mucho. En España la gente se toma su tiempo, pero en nuestros países no. Todo es para anteayer.

-¿Has tenido la oportunidad de intercambiar experiencias con otras actrices latinoamericanas que se están abriendo camino en España?

-Sí, claro. Todas me dicen que no es muy fácil, que les ha costado, que les ha resultado duro. Después, cuando lo logran, lo disfrutan y valoran muchísimo. Todas me dicen que tengo que estar muy feliz por lo que he logrado. Tengo unas amigas peruanas, también actrices, que lo trataron y terminaron regresándose. Ayer me estaban entrevistando y me puse a llorar como una tonta, porque en ese momento tomé conciencia de todo lo que había pasado desde que llegué a España (se le aguan los ojos). Fue muy duro, pero creo que ha valido la pena.

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