miércoles , octubre 5 2022

No hay mal

Quien haya vivido una mudanza, no podrá olvidar jamás el trabajo y el tiempo invertido hasta que se instala de nuevo en otra residencia. Siempre hay algo que nos molesta, aunque hayamos tomado todas las previsiones para hacerlo “ordenadamente”. En buena parte, lo bonito de casarse es justamente eso: no hay nada que mudar porque en vida nueva, casa nueva. Nos llevamos sólo una maleta con nuestra ropa y dejamos en casa de nuestra madre todo aquello que no necesitamos, aunque nuestro clóset esté lleno. Es la herencia de los hijos al revés.

Hoy en día, nos llenamos de “peroles” y “cachivaches” a cualquier edad y momento de la vida. Y es que, cuando cumplimos años, recibimos toda clase de regalos que son tan apreciados como el cariño de quien los entrega. Pero además, cuando hay crisis económica, cualquier “corotico” sirve para decorar ese “rinconcito” tan vacío. En un ir y venir de viaje, traemos más recuerdos y tecnología al dulce hogar. Si agregamos lo que hemos comprado porque está de moda o es muy barato, fácilmente llenamos otro clóset igualito al que dejamos en la casa paterna antes de nuestro primer aniversario de boda. Es por eso que los mercados de las pulgas y las ventas de garaje nacieron para quedarse. Es que allí encontramos siempre lo que buscamos o nos deshacemos de lo que no usamos.

A medida que avanzamos en edad, nuestra casa se convierte en un museo, digno de admiración para alguien nuevo en la familia que suele llegar una vez por cuaresma: cuadros que más nadie admira por el tiempo que llevan colgados en el mismo lugar; juegos de café bellísimos, frágiles y costosos; floreros de cristal y demás enseres que no se usan al ser imposible su reposición en caso de accidentes. Son objetos que, por obra de magia, alguien se lleva sin que su dueña se percate hasta que es muy tarde para saberlo. De manera que una mudanza es una tarea gigantesca no exenta de angustias. Nos aferramos a las cosas materiales por muchas razones; sin embargo, si nos invade el desapego -clave de la felicidad para algunos- debemos entrar en otros quehaceres: regalarlas o venderlas.

Pero no todo es incómodo en una mudanza. Abres como por encanto una caja de sorpresas para encontrar aquella sortija que tanto buscabas, aquel retrato que con tanto amor te regaló tu esposo, la tarjeta que tu hijo dibujó y escribió con su mejor deseo, tu primer reloj, las fotos de tu niñez y juventud… ¡cuántos recuerdos! Es entonces cuando emprendes un viaje de sueños hacia el pasado para traerlo a tu memoria. Una sonrisa se dibuja de inmediato en tu rostro que dura horas, días, meses o por siempre. Has hallado un tesoro que no vas a soltar porque allí está tu vida. Es el recuento feliz de tu fructífera existencia. Es el premio al esfuerzo que ahora guardas para emprender nuevos rumbos. Ya no importa el cansancio ni la prisa, porque te acompañarán ahora aquellos que ya se fueron. Volviste a tu niñez para disfrutarla mejor y a tu boda con tu radiante juventud. No ha sido en vano vivir y acumular tantas cosas porque, después de todo, “no hay mal que por bien no venga”.

Reviva la experiencia del impreso Online!

Revisa Tambíen

Hacedores de país, mundo e imagen del artesano ancestral

  La Fundación ArtesanoGroup reeditó el libro Hacedores de país, mundo e imagen del artesano …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.