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Mundial de Fútbol: boletos a 50.000 dólares

Por Cristóbal Guerra

El estadio está a punto para su estreno, perfumado y vestido para la ocasión. Se va a inaugurar el Mundial de Fútbol 2034, el número 25 de la historia, y los 5.000 aficionados que en minutos llenarán el aforo para seguir el partido Estados Unidos-Venezuela han comenzado a llegar.

Algunos, aferrados a una tradición centenaria, se han valido del automóvil -considerado ya como un artilugio del pasado- para recorrer la distancia entre su casa y el New York Future Stadium. La mayoría lo ha hecho en los autos voladores puestos a la venta cinco años antes, que por su velocidad y posibilidades han desplazado a las otras formas de transporte.

Caben dos personas en uno, y en las horas pico el cielo de la gran metrópoli se colorea con los puntos luminosos de sus avances de centella.

Cada aficionado ha pagado 50.000 dólares por boleto, y no hay distinción entre gradas y tribunas, pues la estructura del nuevo estadio gira y se desplaza según las circunstancias de los partidos. Al lado de cada asiento, además, hay aparatos de televisión con repeticiones desde 20 ángulos y parlantes diminutos conectados a micrófonos instalados debajo del gramado artificial, que permiten oír claramente todo lo que hablan y gritan los jugadores: desde la recomendación al compañero para que marque al jugador rival, hasta los recordatorios a la madre que trajo al mundo al adversario.

Sí, son sólo 5.000 los que tienen el privilegio de estar en el partido en Nueva York, porque así son los estadios de la actualidad. Aquellos monstruos de 70 u 80 mil son ahora museos deportivos, y la gente actual se pregunta cómo hacían para convivir durante dos o tres horas tantos seres humanos. Ahora la FIFA ha colocado, con la tecnología de las pantallas al relieve en las que casi se puede tocar a los jugadores, enormes monitores en cada esquina de cada ciudad del mundo, para que los 10 mil millones de habitantes que pueblan la Tierra puedan tener acceso a los juegos.

En el palco de personalidades están Cristiano Ronaldo, Kaká, Lionel Messi y otros grandes futbolistas del pasado quienes, desde su retiro, comentan que ninguno de ellos hubiera podido actuar en este fútbol de 2034, en el que se juega al doble de la velocidad de comienzos de siglo.

En realidad, será este el último Mundial de la era actual. El que pondrá fin a la manera tradicional de países, pues desde el de 2038 y de acuerdo con las nuevas geografías, se jugará región vs región, continente vs continente. El planeta se ha globalizado, el concepto de naciones está cerca de desaparecer y el fútbol no se quiere quedar atrás. El italiano Paolo Maldini, que desde hace dos años es presidente de la FIFA, ha sido el pionero de la idea. En declaraciones a medios de comunicación internacionales, ha dicho: “Este ha sido el primer paso en los cambios profundos que queremos hacer en nuestro gran deporte. Tenemos la esperanza de, en un futuro cercano, organizar el primer Mundial interplanetario”.

Para afirmar esto -que en 2009 podría parecer una ficción salida desde los recovecos de una mente delirante-, Maldini se ha basado en los más recientes descubrimientos e investigaciones, según los cuales las evidencias de vida en otros planetas son cada vez más concretas.

Para el Mundial 2034 han clasificado 40 selecciones, divididas en 10 grupos de cuatro cada uno, y se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. Venezuela ha quedado ubicada en su llave con Tanzania, Islas Comores y el anfitrión, tres rivales duros, pues las cosas han cambiado y ya los grandes del pasado se quedaron atrás. De hecho, por primera vez han quedado fuera del torneo potencias como Brasil, Argentina, Italia y Alemania, y sólo Inglaterra y Francia han podido conseguir su cupo.

El partido inaugural va a comenzar, y no hay necesidad de aplaudir o chiflar: en cada asiento hay botones que emiten sonidos: el azul para el elogio, el rojo para la crítica. No hay árbitros, porque un infalible sistema electrónico marca las faltas y los penales, y el balón está dotado de un dispositivo que, cuando sale por la raya, él mismo indica con una flecha de luz hacia dónde debe ser puesto en movimiento.

Todo ha cambiado, todo es tan distinto, cuántas nostalgias. Tal vez lo único que se mantiene invicto ante el tiempo y las novedades del modernismo, sean los técnicos: ellos siguen siendo los más sufridos y los primeros despedidos cada vez que un equipo pierde dos partidos seguidos.

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