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Michael Jackson: la máscara

El final de Michael Jackson estuvo marcado por el sino trágico de los héroes: una muerte prematura. A pocos meses de su deceso aún se desconoce si se trató de un suicidio, homicidio, accidente o causa natural. ¡Quién iba a pensar que la caída del telón de su vida terminara de esa triste manera! Ahora se sabe que las penas convirtieron su cuento de hadas en una terrible pesadilla, al extremo que nació negro y su destino trágico lo convirtió en blanco, obteniendo el desprecio de ambas razas. Michael Joseph Jackson nació en Gary, Indiana, el 29 de agosto de 1958 y murió el 25 de junio de 2009 en Los Ángeles, California. Desde pequeño sintió el desprecio de muchos, lo que lo impulsó a llegar a convertirse en la mayor estrella mundial del pop. Desde esa época vivió obsesionado con los grandes artistas, cuya gloria crecía con sus muertes. Michael quería ser más famoso que Elvis Presley y lo logró, quizás al más alto precio, pues tuvo que pagar con su transformación física y, al final, con su propia vida, ya que se fue convirtiendo en un moderno fantasma de la ópera a quien el bisturí esculpió muchas veces. En ese entonces, estaba lejos de pensar que su deseo de agradar a la gente acabaría por convertirlo en un personaje artificial desagradable. Su transformación comenzó con la primera operación de su nariz a principio de los ochenta, cuando estaba en la cima de la fama. De esa forma, comenzaba a decirle adiós a aquel cándido niño negro de afinada voz, de dulce sonrisa y mirada tímida que era aplaudido por miles de fans en su etapa de Los 5 de Jackson, quien luego prosiguió su exitosa carrera en solitario. Con la llegada de la fama mundial, llegaron también la riqueza, los excesos y las extravagancias, que quizás le hicieron creer que era un semidiós, por lo que cometió una serie de excesos, llegando hasta pensar en clonarse. ¿Acaso aspiraba a eternizarse? Vale apuntar que su vida y su muerte estuvieron llenas de eventos raros, siendo el más notorio el aclararse su piel hasta convertirse en blanco. Cuando eso sucedió, declaró: “Yo conozco mi raza. Sé que soy negro, pero es tiempo de hacer un cambio”. Andar siempre con una mascarilla fue otra de sus excentricidades, pero más bien se trataba del miedo que tenía a posibles contagios de gérmenes, evitando aparecer en público y tocar objetos o personas y esa obsesión la trasladó a sus tres hijos. Según la revista US Weekly, los dos primeros de ellos no eran hijos biológicos suyos sino de Arnold Klein, su dermatólogo, quien además era jefe de Debbie Rowe, esposa del cantante entre 1996 y 1999 y madre de los dos niños. Se especula que el tercero de sus hijos nació de una madre de alquiler de identidad desconocida. Llama la atención que, a pesar del aislamiento en que vivía, Michael comenzó a presentar problemas de salud en su rostro y, en febrero de 2009, algunos medios publicaron que sufría una enfermedad de la piel que podría acabar devorándole la carne, ya que había contraído durante una de sus operaciones una bacteria resistente a los antibióticos. Gente de su entorno confirmaría luego que él tenía miedo que su nariz se cayera y no era para menos, puesto que se había sometido a casi 50 intervenciones de cirugía plástica (nueva nariz, implantes de pómulos, de ojos, de barbilla, de borrado de pigmentación, entre otros procedimientos). Otra coincidencia curiosa en su vida fue el número 7 que le acompañó desde su nacimiento hasta su muerte. Michael nació el 29/08/1958. Al sumar 1958 resulta el 7 repetido (19+58=77); fue el séptimo de los hijos del matrimonio Jackson; su funeral se realizó el 7 del mes 7, exactamente 7 años después de haber firmado su testamento el 7 del mes 7 del año 2002; el 7 surge en tres de sus principales álbumes (Thriller, Bad y Dangerous), cada uno de ellos produjo 7 veces 40 hits y los dos hitsBlack and White” y “Billie Jean” estuvieron en el número uno durante 7 semanas; su muerte ocurrió un día 25, que suma 7 (2+5=7) y su nombre, al igual que su apellido, tienen 7 letras. Según datos filtrados por The Sun, este fue el resumen de su examen post mortem: “Cuerpo esquelético, piel y huesos. Peso 51 kg. Hematomas en el pecho, en las rodillas, heridas en la espalda, sin tabique nasal, lado derecho de la nariz hundido, restos de pastillas en el estómago”. Cuando nuestra presencia física nos incomoda, queremos ser algo más que lo que nos dio la naturaleza: bellos, más jóvenes, parecernos a algún ídolo mediático. ¿Se convirtió Jackson en una nueva entidad o en un cuerpo reconfigurado? Cada cuerpo, cada mente, es un jeroglífico, y hay jeroglíficos que se sienten a disgusto con lo que tienen como herencia y buscan reinventarse, cambiar, tener una nueva personalidad. ¿Fue ese el caso de Michael Jackson? Si su vida se pudiera resumir en capítulos, estos tendrían títulos como: Herencia musical; Infancia torturada; Adolescencia perdida; Vida extravagante; Millones a granel; Extraña vida amorosa; La máscara; Escándalos; Paternidad prestada y Vida atormentada. Si nos pidieran relatar su vida, tal vez la comenzaríamos así: Érase una vez un negro que acabó casándose con la hija del Rey y comprando el catálogo del grupo musical más famoso de la Tierra. Un ser que de tanto intentar borrar el color de su piel y de tanto perder peso, acabó pareciendo uno de los zombies del video más famoso del mundo. Su rostro andrógino no hubiera necesitado maquillaje ni peluca para aparecer en “Thriller”. ¡Pobre Jackson! Al final, no era blanco ni negro; ni joven ni viejo; ni niño ni hombre; ni heterosexual ni homosexual. Era simplemente una máscara con apariencia artificial.

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