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M, el vampiro de Dusseldorf

Título original: M. | País: Alemania. | Año: 1931. | Dirección: Fritz Lang. | Guión: Thea von Harbou. | Duración: 1 hora, 50 minutos. | Otros: B/N.

En la ciudad alemana de Dusseldorf, un asesino anda suelto. Sus víctimas son niñas, la policía está despistada y la población aterrorizada

Por Nelson Cordido Rovati

Es la primera película hablada de Lang. Aunque desde la década de los veinte se estaban haciendo esfuerzos por incorporar el sonido al cine, los resultados eran realmente mediocres. Había tres grandes problemas que resolver:

Sincronización: el sonido y la imagen debían ir sincronizados. Si el personaje hablaba, las palabras debían escucharse al tiempo que eran pronunciadas. No antes o después.

Volumen: los equipos disponibles tenían un volumen muy bajo para ser escuchados en una sala de cine. Hubo que esperar a que se desarrollaran los amplificadores electrónicos.

Fidelidad: la grabación debía ser suficientemente fiel para no confundir los sonidos. Por ejemplo, el sonido de un disparo no debía confundirse con el de una silla que se caía.

En 1926, la película Don Juan de Alan Crosland fue la primera de la historia con una banda sonora completa y efectos de sonido sincronizados, pero estaba concebida como una película muda: sin diálogos y con intertítulos. En 1927, El cantante de jazz, también dirigida por Alan Crosland, fue la primera película que utilizó numerosos diálogos sonoros y canciones. A partir de ese momento, el cine cambió de manera radical, excepto por algunos directores nostálgicos que continuaron anclados en el cine mudo (por ejemplo, Charles Chaplin). El año siguiente apareció Luces de Nueva York (1928) de Bryan Foy, la primera totalmente hablada.

En 1929, Alfred Hitchcock dirigió Chantaje, la primera película sonora europea, y en 1931, Fritz Lang presentó M, el vampiro de Dusseldorf, su primera película sonora, considerada por siempre como su favorita. Fue la última película que dirigió en Alemania antes de abandonar el país, huyendo del nacionalsocialismo.

A pesar de tratarse de la primera incursión en el cine sonoro, Lang utiliza con una precisión extraordinaria los sonidos y los silencios para incrementar la tensión dramática del relato. Aunque es una de las pocas películas en su estilo que carece de una banda de sonido propiamente dicha, aparte de los ruidos relacionados con la acción -puertas, sirenas, motores- no tiene música, excepto los compases silbados por el asesino de la melodía “Peer Gynt”, de Edvard Grieg. Son unas alegres notas infantiles que se convierten en obsesivas y amenazantes.

El filme está inspirado en hechos que realmente ocurrieron en la ciudad de Dusseldorf, donde Peter Kürten, un asesino en serie, acabó con la vida de varios niños, lo que causó terror en la población. La cinta estaba muy deteriorada, pero afortunadamente ha sido restaurada por el Archivo Cinematográfico de Munich y ahora es posible apreciarla en toda su magnitud.

La historia está ubicada en la Alemania pre-nazi. Se inicia con unos niños jugando en un círculo. El que está en el centro, a medida que va pronunciando las siguientes palabras sílaba por sílaba, va señalando con su mano a cada niño en el sentido de las agujas del reloj: “Pron to ven drá el vam pi ro con su cu chi llo y ha rá con ti go pi ca di llo”. El niño que es señalado cuando se pronuncia la última sílaba -“llo”-, se sale del círculo. El juego es interrumpido por una de las madres, que le tiene prohibido jugar a eso.

Luego puede apreciarse una toma perturbadora: Una niña (Inge Landgut) camina alegremente por la calle, rebotando su pelota. La cámara la sigue hasta una columna en la que hay un aviso: “10.000 marcos de recompensa por la captura del asesino”. Por el cartel nos enteramos de que un asesino ha estado matando niños, aparentemente al azar, y la policía no ha podido capturarlo. Mientras leemos, la sombra de un hombre con sombrero se proyecta sobre el aviso. Se escucha una voz de un hombre (Peter Lorre), que dice: “¡Qué bonita pelota!” En otra parte de la ciudad, una madre espera preocupada la llegada de su hija de la escuela -que ya debía haber llegado- y que evidentemente no llegará.

Advertencia: Esta sección contiene detalles de la trama y el argumento. Si usted piensa ver la película y no quiere saber de antemano de qué se trata, le sugerimos que no lea lo que viene a continuación.

La policía está al borde de la desesperación; el ayuntamiento exige resultados, la gente reclama por la incompetencia de las autoridades. En la desesperación, la actuación de la policía se vuelve cada vez más abusiva, acosa a ciudadanos sospechosos, inspecciona casas a discreción y realiza redadas por la ciudad sin obtener ningún resultado. La presión se dirige hacia la comunidad de mendigos y ladrones, que está indignada por la suposición de que un ser tan maligno debe provenir de sus filas. Para limpiar su nombre y detener los asesinatos, la comunidad de mendigos comienza la cacería por su cuenta.

La costumbre del asesino de silbar siempre la misma tonada (leitmotiv), la cual había escuchado un ciego cuando el asesino seducía a una de sus víctimas, lo delata frente a los mendigos. Así consiguen acorralarlo en una fábrica y lo secuestran para someterlo a juicio ante la comunidad de mendigos.

Durante el juicio, el asesino pierde la compostura y grita que no puede controlar esa parte maligna de su ser, por lo que pide piedad. Alega que él lucha contra la parte perversa de su cuerpo, pero no puede evitarlo. El jurado pide su muerte, pero su abogado defensor señala que Beckert es un enfermo y no es responsable de sus actos, por lo que debe ser entregado a la policía para que el Estado lo juzgue. En medio de esa discusión, llega la policía y detiene finalmente al asesino. El epílogo de la cinta termina con un comentario de Frau Beckmann, quien dice que nada de lo que hagan traerá de vuelta a los niños y que las madres deben ser muy cuidadosas con ellos.

M es una de las primeras películas en utilizar fuertemente un leitmotiv, es decir, una melodía corta recurrente. En este caso, la melodía la silba el asesino. Como dato curioso, Peter Lorre tenía dificultades para silbar por largo rato, por lo que quien realmente silba es el propio Lang.

Durante las seis semanas que duró el rodaje, Lorre tuvo que desdoblar su personalidad entre el asesino enfermo de M y, por las noches, un personaje cómico en una obra teatral de Valent Katayev. Esto le fue posible gracias a su versatilidad actoral. Luego de la excelente actuación de Lorre en esta cinta, quedó tipificado por el personaje de villano.

Definitivamente M, el vampiro de Dusseldorf, es una de las obras maestras del cine policíaco de todos los tiempos.

Pueden ver un extracto de la película en la página web www.librospeliculas.blogspot.com. Hasta el próximo número, en el que revisaremos otra de las grandes obras maestras del cine mudo: Tiempos modernos, del inolvidable Charles Chaplin.

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