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Los restaurantes antiguos caraqueños

Por José Antonio Parra

La Caracas de antes era otra cosa, otra rítmica y colores muy diferentes a lo que es hoy en día. Durante los años cincuenta, sesenta y setenta fue un sitio privilegiado y con una atmósfera cosmopolita en donde era perfectamente normal ver a un Porfirio Rubirosa o a una Margaux Hemingway, amén de todas las superestrellas que trajo por entonces Renny Otttolina, como Michael Jackson y el Tigre de Gales, por ejemplo. Fue la ciudad de la marchantica de los helados Efe y de una seguridad tal que en algún momento de crisis durante esa época, los Boy Scouts asumieron labores de orden público. Fue el país que llegó a ser visitado por un Julio Cortázar o un Victor Vasarely.

He mencionado todo esto para apuntar a restaurantes que hoy por hoy preservan el espíritu de una época que quizá en algún instante regrese bajo el signo de lo nuevo. En ese sentido, quisiera referirme a restaurantes de ese tiempo que aún subsisten, incluso preservando su identidad y de cuya experiencia bien podríamos aprender si es nuestra intención volver a encontrarnos en un momento privilegiado de la vivencia y del estilo de vida, haciendo posible la experiencia de lo glamoroso.

En mi recorrido por estos lugares del buen comer, que ya son sello y marca de Caracas, pude hallar ciertas pistas comunes y que les hacían singularidad y objeto de atención por las personas con entendimiento de lo exquisito. Esencialmente, ese común denominador podría ser nombrado como la perseverancia en la mística y en el “don de gentes”. Así, reseñaré a continuación mi recorrido por seis puntales de la ciudad que ya son patrimonio: Tarzilandia, El Palmar, Lee Hamilton, La Estancia, Urrutia y Da Guido.

Tarzilandia: la mística de lo europeo

Este restaurante icónico — el primero de todos- fue fundado en 1950 por Werner Hormann, quien fue un importante chef de origen alemán. Hoy en día el hijo del fundador, Gerarth Hormann, posee parte de las acciones del sitio que es atendido con gran maestría por Fernando Araujo. Una atención de primera, así como platos de máxima exquisitez y con presentación impecable, parecen ser la fórmula de esa mística a la que me he referido en primera instancia. La atmósfera da la impresión de estar fuera de Caracas en el contexto de una vegetación y fauna muy acorde con la estética avantgarde que se vivió en otras épocas. Tarzilandia se encuentra en su sede original, al final de la avenida San Juan Bosco en Altamira.

El Palmar o esa cosa retro de Hong Kong

Este sitio que es igualmente marca de la ciudad está ubicado en Bello Monte y fue fundado por Yen Moy en el año de 1954. Hoy en día es atendido por Henry Moy, nieto del fundador, quien ha sabido preservar en épocas de crisis la exquisitez mediante la incorporación de platos únicos del Lejano Oriente. Incluso, este restaurante ha representado una innovación al haber traído en 1978 el legendario Pato Pekín y luego la Sopa Mongolesa que es hecha al carbón. Desde su inicio, cuando su especialidad era la comida china americana, ha sido punto de referencia en el que han confluido importantes figuras de todas las épocas capitalinas.

El Lee Hamilton, historias de años en carnes

Es un restautante de toda la vida en la capital y que fue fundado en 1958 por Lee Hamilton con la dimensión propia del piano bar y los tenues ambientes, dando así una constelación singular al arte del buen comer y de la celebración a través platos de alta calidad.

La Estancia

Fundado en 1958 por el argentino Amadeo Costa. Ha sabido preservar el espíritu de lo culinario y de la atención, pero con cierta adaptabilidad a los nuevos tiempos, en lo relativo a las atmósferas que son de carácter moderno. La Estancia está ubicado en La Castellana desde sus inicios.

El Urrutia

Es un sitio tradicional fundado por Adolfo Urrutia y está ubicado desde 1962 en la Avenida Solano. En el presente su propietario es el hijo del fundador y ha sido desde siempre un punto de encuentro de la gastronomía vasca, en el que se han dado cita celebridades de todas las épocas; como Botero, Alejandro Fernández y el inmortal Renny Ottolina, entre otros.

Restaurante Da Guido de Sabana Grande

Es el más reciente de esta lista y ya es una marca de familia. Fue fundado por Guido Olivieri en 1967 y hoy en día lo lleva su hijo Alessandro. Su filosofía es la de una comida de calidad, accesible a todo público. En el transcurso del tiempo han desarrollado especialidades como Las Codornices a la Veneta y las Alcachofas a la Judea. Es en efecto un punto de calidad de siempre.

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