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Las meninas: La joya del Prado

Lucas Monsalve — Historiador

Todos los grandes museos del mundo tienen una pieza de arte que les identifica y hace únicos. La Mona Lisa en el Louvre, El Guernica en el Museo Reina Sofía de Madrid, El Nacimiento de Venus de la Galería Uffizi, La máscara de Tutankamón en el Museo del Cairo.

El Museo del Prado en Madrid, en la lista de los diez mejores museos del mundo, presenta como obra insignia Las meninas, de Diego Velázquez. Este cuadro de enormes dimensiones yace en el centro de su galería principal, paso indispensable para cualquier turista que visite la capital del Reino.

Según se testimonia, Las meninas “acabóla Don Diego Velázquez en el año de 1656”, es decir, mucho antes de la formación de los estados americanos o la Revolución Francesa. Esta es una de las primeras claves para entender la grandiosidad de la obra.

Don Diego fue el artista principal de la corte Felipe IV, galardonado incluso con privilegios de nobleza. Pintó Las meninas casi al final de su vida, nutrido e inspirado en el gran momento del barroco italiano.

Sin embargo, este cuadro introdujo una inusual temática dentro de la pintura española, la “escena cotidiana” o “de conversación”. Una imagen alejada del convencional posado en dorso o ecuestre con el que para aquel entonces se acostumbraba a representar a los miembros de las familias reales.

Pongámoslo en acción: Las meninas nos presenta dos escenas, una principal y otra soterrada. En la principal, la infanta Margarita de Austria entra al estudio de Don Diego a curiosear su trabajo. A ella le acompaña todo su séquito: Sus damas de compañía (o meninas), sus bufones enanos, sus cuidadores y hasta un perro. ¿Qué pintaba en ese momento el artista? Es la escena tácita de la obra, fundamental para su composición. Velázquez pintaba al Rey y su esposa, lo sabemos por el sutil reflejo que produce el espejo del fondo.

No se conoce el significado explícito de la obra. El cuadro parece decir muchas cosas y ninguna en especial. Es una dialéctica entre lo heroico y lo familiar. El caso, es que la infanta Margarita era por aquellos años la pieza clave para la perduración de dinastía de los Austrias en España, y la gran ausente de la escena familiar (su hermanastra) el punto en conflicto. Es curiosa la ausencia de la hermanastra, pues de ella posteriormente descenderá el primer Borbón de España, fruto de su matrimonio con el Rey Sol de Francia (Luis XVI).

Durante muchos años el cuadro permaneció en los aposentos privados del Rey de España, y en ese contexto fue concebido, para que los únicos espectadores del cuadro fueran ellos mismos. Era algo así como un portarretrato informal de la familia.

No obstante, aunque Velázquez no hizo la obra para un público espectador como el que hoy en día arrebata los museos, ese público sobrentendido de alguna forma fue previsto por él, y es allí donde nace el valor que hoy en día exhibe. Los expertos atribuyen a Velázquez la capacidad de pensar en ese espectador virtual, ajeno al entorno familiar, mucho antes de su existencia.

Así, Las meninas logra su virtuosismo por un golpe mágico de estructura escenográfica, como el teatro. En el cuadro todos los personajes salvo tres miran hacia nosotros, asignándonos un papel pasivo dentro del cuadro, que ocupamos al situarnos en el lugar de los reyes.

Esta composición es un sorprendente escalón hacia el arte moderno, que a posteriori introducirá de lleno a los espectadores dentro de sus obras. En ello Velázquez, como todos los grandes genios, fue un aventajado a su tiempo.

La obra adquiere nombre y fama casi doscientos años después de pintada, cuando es expuesta por primera vez en el Museo del Prado. Allí se le denominó Las meninas, seguramente por la singularidad de las chicas que acompañan a la Infanta.

Por su parte, la Infanta Margarita de Austria murió joven, antes incluso de cumplir los veintidós años. Fue casada a los quince con el rey Leopoldo I, su tío del Imperio Alemán, para intentar inútilmente mantener el poder de la Casa de Austria en España. En esos apenas siete años de casada tuvo siete embarazos, de los cuales sobrevivieron sólo cuatro y dadas las circunstancias de los partos en aquella época es probable que muriese de extenuación.

Aun así, el artista y la modelo han sobrevivido a la historia. Ojalá pudiera ver Velázquez su cuadro colgado en el Museo, y a los miles de nosotros dentro de él.

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