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<> on July 16, 2018 in Turin, Italy.

La vida sin Cristiano

En Madrid se oyen los lamentos desde el día cuando se anunció la partida del ídolo. Ahora surgen interrogantes, pero la más importante y que retumba en la cabeza de los aficionados es “¿quién va a marcar los goles a los que nos acostumbró el gran portugués?”

Por Cristóbal Guerra — [email protected] — @camisetadiez

Costaba imaginarlo, porque no era posible creer que algún día el hombre se iría en procura de otros rumbos. Si alguien solo mencionaba esta posibilidad era excomulgado sin perdón del grupo de amigos.

Pero como en el fútbol todo asunto es posible, pasó. Y Cristiano Ronaldo ahora mora en Italia, en la Juventus, a despecho de aquellos que añoran su presencia en los predios del estadio Santiago Bernabéu. “Ay, Cristiano, qué falta nos haces”, exclaman los fervorosos forofos con la misma nostalgia vivida por los franquistas luego de la desaparición del dictador gallego que durante décadas sometió a la España de charanga y pandereta.

Pero, ¿por qué se fue Cristiano? ¿Qué pasó en la vida del astro portugués para dejar atrás nueve años de camiseta merengue y una idolatría a todo evento? Se ha ido Ronaldo, y eso es lo que verdaderamente cuenta. Se ha ido el indiscutido crack goleador, y la tribuna blanca lo llora: Ronaldo is going.

Se han dicho muchas cosas, algunas lógicas, otras demenciales; se ha  recurrido a decenas de argumentos, pero el que parece tener más fuerza es el que achaca el adiós definitivo a sus peleas sordas con el fisco español. Acaba de pagarle 19 millones de euros y aunque para el futbolista tal cantidad es una cosquilla en el bolsillo derecho, de todas maneras duele que, luego de reventar en todos los confines las redes españolas, de entregarle su vida en las canchas al club más galardonado del mundo, tenga ahora que partir con el estigma de gran deudor.

En lo meramente futbolístico el equipo de Chamartín sufrirá la ausencia de aquel que en los momentos de angustia, en el borderline de los partidos decisivos y como un fantasma de medianoche, siempre aparecía para entregarle glorias al madridismo.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Cómo llenar el vacío de acantilado dejado por Ronaldo? ¿Quién va a marcar los goles que van a hacer falta para despachar al intragable Barcelona? Mucho se comenta por las esquinas de la Plaza Mayor y de la Puerta del Sol de la posible llegada de Eden Hazard, el monstruo belga nacido con la pelota adherida a sus pies; de Neymar, el magnífico brasilero de alquimia y sortilegio; y hasta de Kylian Mbappé, el adolescente francés de galopadas de asombro, pero nada de esto a la hora de la verdad ha pasado. Sí apareció, en un vuelo desde Sao Paulo a la capital española, Vinicius Junior, el muchacho que acaba de cumplir dieciocho años de edad y que los aficionados esperan ver florecer en los campos de todo el país.

El Real Madrid cree en su plantel y los jovencitos que día a día crecen en el Castilla, el equipo filial de la segunda división. Por eso desde el año pasado no ha hecho inversiones llamativas, y aunque no tuvo arrestos para vencer en la Liga, sí  fue capaz de alcanzar otra vez la Champions League, su feudo particular y anhelo incumplido para la alcurnia de clubes de toda Europa.

Por entonces el Madrid tenía a un salvador llamado Cristiano Ronaldo, un mesías que por estos días se afana en aprender italiano y alistarse para anotar goles en la Bota del Mediterráneo. Bueno, tal vez Vinicius Junior ya esté en clases de español y dispuesto a cumplir la difícil empresa de hacer olvidar al más explosivo goleador que haya pasado alguna vez por el Paseo La Castellana.

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