martes , agosto 9 2022

La vida en un juguete

Todos tuvimos algún carrito favorito, una muñeca consentida, una pelota que quebró muchas cosas en casa o la bicicleta más rápida del mundo. Los que nacieron a partir de la década de los setenta suspiraron por más de un videojuego y comenzaron a disfrutar de los albores de una revolución tecnológica. Luego vino la fiebre de los patines y unas mascoticas peculiares ocupaban millones de bolsillos infantiles en el mundo. ¿Cuál fue su preferido?

Por Andreina Monasterio

A Belén Guevara le regalaron una muñeca de loza cuando tenía cuatro años. A sus ya casi 90, recuerda todavía como eran su cuerpecito y su carita. Recuerda también que fue uno de los pocos juguetes suntuosos que tuvo de pequeña, pues su padre murió cuando apenas era una niña y su madre quedó con muchas bocas que alimentar. Y aunque le tocó asumir responsabilidades que no se correspondían con su edad, en el fondo, nunca dejó de valorar la felicidad y compañía que podía proporcionar una pequeña figura femenina como ésta.

Mientras, los niños de su cuadra se divertían con lo que podían, pues el límite de su creatividad era el cielo: las metras, con sus miles de colores, rodaban sin parar en medio de las voces y gritos infantiles; los trompos y perinolas (algunos más sofisticados que otros) eran motivo de reunión y de competencia entre los pequeños y los más grandecitos, y las alturas se engalanaban con los variopintos papagayos.

Años después, con la popularización del uso del plástico, las muñecas que se encontraban comúnmente en las tiendas dejaron de ser de celuloide. Las muñecas recortables gozaban también de gran popularidad, debido a su bajo costo y a la facilidad que brindaba a las pequeñas para poder cambiar su vestuario.

A finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta, comenzaron a poblar las vitrinas del mundo hermosas muñecas de fabricación italiana, que vestían a la última moda y eran poseedoras de hermosas cabelleras. Una pareja de estos entrañables juguetes eran los hermanos Carolina & Carletto, quienes vestían primorosamente y se convirtieron en los compañeros de juegos de muchas niñas. Sin embargo, la muñeca nº1 del mundo vino a competir con todas estas señoritas de plástico, celuloide y papel. El 03 de marzo de 1959 fue presentada en la feria American International Toy Fair (Nueva York) una muñeca de plástico con cabello muy rubio y un traje de baño de estampado de cebra. Su nombre: Barbie, un juguete de la compañía estadounidense Mattel y cuya historia es bastante conocida. Desde entonces, la espigada muñeca se ha convertido en el sueño de todas las niñas y de las más grandecitas, pues el nombre de Barbie evoca todo un estilo de vida: moda, glamour, diversión y el ideal de que se puede ser lo que desee.

Así pues, la cantidad de juguetes producidos para acompañar en los juegos a esta preciosura ha sido casi infinito: casas de muñeca, automóviles de varios modelos, piscinas, salones de belleza, mascotas, trajes y zapatos, supermercados y hasta otros personajes, como sus numerosos hermanos y amigas, sin olvidar a su siempre fiel novio Ken.

Otros famosos muñecos, aunque no tan comerciales como los anteriores, fueron los Raggedy Ann y Raggedy Andy, ambos personajes de ficción creados por el escritor e ilustrador Johnny Gruelle, originario de Illinois (1880-1938), en una serie de libros para niños pequeños.

El personaje de Raggedy Ann fue creado en 1915 como muñeca y presentado al público en el libro de 1918 Las historias de Raggedy Ann. Raggedy es una muñeca de trapo con vestido blanco y con pelo rojo de lana. En 1920 se introdujo el personaje de su viejo amigo y compañero de juegos, Raggedy Andy, vestido en traje marinero y gorra.

A estos amiguitos les siguieron muchos libros, series y películas. Finalmente, Raggedy Ann fue introducida en el Salón Nacional de la Fama de los juguetes en 2002.

Otros juguetitos que han pasado por las manos de casi todas las personas nacidas a partir de 1930 son los de la marca Fisher Price. Sus productos, pensados para que el niño se divierta y aprenda, han sido los fieles compañeros de miles de niños durante sus primeros años de vida. ¿Quién no recuerda el famoso perrito, el colorido teléfono de simpática carita, la granja con sus animalitos, el autobús escolar, el explorador lunar y sus centros de actividades? Probablemente, en su casa se encuentre guardado todavía alguno de estos preciados tesoros, destinado a los hijos o nietos, o simplemente conservados por motivos sentimentales.

También fueron —y siguen siendo- fieles compañeros de los chiquitines los muñecos de Plaza Sésamo, ese programa de televisión que tantos momentos de diversión ha proporcionado a los niños del mundo. Esta serie se estrenó en 1969 en los Estados Unidos, siendo transmitida en México y luego al resto de Latinoamérica en 1972. Entre sus personajes más famosos se encuentran Abelardo, El Monstruo Comegalletas y Elmo, siendo también temas recurrentes de juguetes sus compañeros de Los Muppets.

El View Master, un innovador juguete para su época (aunque data de 1939, estuvo disponible para los niños a partir de 1966), permitió a los pequeños observar imágenes en tercera dimensión de clásicos de la televisión o de series famosas para la época. En 2009, Fisher Price reanudó la producción de discos con fotogramas de dibujos animados para que los chamos de esta generación pudieran disfrutar de esta singular experiencia.

Construcciones y pistas

En la década de los setenta fueron muchas las innovaciones que comenzaron a poblar las jugueterías venezolanas con productos que venían causando furor en otros países. Tal es el caso del Lego, un sistema de construcción que permitía a los niños armar estructuras con pequeños ladrillos plásticos acoplables entre sí. Aunque este juego entró en Venezuela en 1965, para ese momento se habían introducido ya complementos como las ruedas para hacer carritos y otros implementos. Años después se encontraban disponibles en el mercado los “tobos” de Lego, que incluían muchísimas piezas para construir. También fueron famosos los sets que permitían ensamblar modelos espaciales y autos de carrera.

Para los varones, los carritos siempre han tenido un encanto especial. Las pistas, sofisticadas o improvisadas, representaban momentos de distracción inigualables; las “súper ocho” (llamadas así por su forma de doble vuelta) eran disfrutadas tanto por niños como por niñas que, de vez en cuando, deseaban divertirse con algo más movido que sus glamorosas muñecas. Hot Wheels, la marca de Mattel introducida en 1968, se encargó de crear carritos en miniatura. Sus modelos destacaban por sus grandes niveles de detalle en los diseños. Sus packs de vehículos que cambian de color con el agua y sus distintos tipos de pistas han hecho de esta marca la favorita entre los niños a la hora de pedir juguetes de este estilo.

El legendario Cubo de Rubik (1974) cautivó a grandes, pequeños y mayorcitos con su fascinante rompecabezas de colores. Este invento, cuyo padre fue el escultor  y profesor de arquitectura húngaro Ernö Rubik, presentaba seis caras divididas en cuadros móviles de distintos colores. El objetivo del juego consistía en desarmar su configuración inicial y volverla a armar, de manera que quedara cada cara de un solo color. El éxito de este juego fue tal que, a partir de la creación del cubo de Rubik, vinieron otras versiones de forma no cúbica o con mayor cantidad de cuadros móviles. A propósito de su aniversario número 25 en 2005, salió a la venta una edición especial del cubo en la que la cara blanca fue remplazada por una reflexiva en la que se leía “Rubik?s Cube 1980-2005”.

Lucha de héroes

Con la llegada de series de acción y mitológicas, repletas de malos y de los nobles guerreros que devolverían la paz a la Tierra (o a algún planeta o galaxia en específico), las compañías jugueteras supieron cómo aprovechar el gusto de los pequeños por estos héroes. Las colecciones de Las Tortugas Ninja, He-Man, Robotech y G.I. Joe, sólo por mencionar algunas, hacían presencia de manera constante en los anaqueles de las tiendas y en el pie del arbolito de los hogares venezolanos.

Muchos hombres jóvenes sonríen al recordar todo lo que significó para ellos jugar a ser valientes guerreros en servicio de una causa justa. Para Roderick Borrero, ingeniero químico de 31 años, G.I. Joe era una comiquita que, a pesar de tener un tema bélico, dejaba un buen mensaje. “Nunca mataban a los malos; al final, saltaban en paracaídas… Había compañerismo y honor ante todo. En cuanto a los juguetes, disfrutaba mucho de sus modelos a escala y la movilidad de sus partes, pues era algo único para la época. Era lo máximo abrir un regalo y ver un G.I. Joe. En cuanto a Robotech, nunca tuve un `juguete´, pero el programa en TV marco una generación. Robotech fue para mí coraje, perseverancia, valentía, ingenio, sobreponerse a situaciones en las que tienes todas las de perder. Como adulto puedo ver con más objetividad la comiquita y encontrar hasta valores negativos, pero en conjunto no deja de ser un programa que en mi niñez me hacía correr al televisor”.

Para las niñas, la situación no fue distinta. Series como Los ositos cariñosos, Fresita (Strawberry Shortcake), Mi Pequeño Pony y Arcoiris Rainbow Brite (todas ochenteras) decidieron cuáles serían sus peluches y muñecos favoritos. En algunos casos, determinaban la temática de sus fiestas de cumpleaños.

Los tazos fueron otros juguetitos que, si bien eran muy sencillos, constituyeron un fenómeno entre los niños de edad escolar. Comprar snacks y buscar en el interior del paquete los tazos, intercambiarlos y jugar con ellos era una actividad recurrente en los recreos y en las reuniones por la tarde con los amigos. Un par de empresas de juguetes supo aprovechar la situación y sacó una fábrica para hacer tazos, donde podían escogerse los diseños y hacer cuantos se deseara.

En cuanto a movilidad, los patines en línea fueron uno de los juguetes más deseados de la década de los noventa. No había niño que no soñara con un par para hacer competencias con los amigos y participar en las patinatas que se realizaban en algunas zonas de Caracas. La bicicleta nunca ha perdido su puesto de soberana, pues pocas cosas en la vida otorgan tal sensación de libertad como montar una, y el monopatín, aunque fue una reciente especie de moda pasajera en el país, en los años treinta y cuarenta era común verlo en las calles.

En esta era digital, en la que la mayoría de los juguetes son eléctricos o electrónicos, algunos se disputan ya los puestos de cuáles serán los juguetes recordados con nostalgia en el futuro. Seguramente habrá de dónde elegir, pues ahorita hay un amplio abanico de consolas de videojuegos, laptops para niños y muñecos que cantan, bailan y hasta algunos con características de robots. En unos años, los chamos de ahora discutirán entre ellos, tal como lo hacemos ahora nosotros, acerca de cuál era mejor. Por ahora, los que tenemos más de 20 siempre recordaremos con cariño al Atari y al Intellivision.

De bolsillo

Pin y Pon: estos personajes conquistaron los corazones de aquellos que vivieron su más tierna infancia en la década de los ochenta y principios de los noventa. Se trataba de muñequitos con infinidades de colores de cabello y muchos oficios: había músicos, granjeros, vendedores de helado, entre otros. Sus accesorios eran muy lindos y permitían armar una ciudad “Pin y Pon”. Aunque se siguen fabricando en la actualidad, sus expresiones han cambiado, por lo que ya no tienen ese encanto particular que conquistó a los chiquitos.

Tamagotchi: Fue una mascota virtual creada en 1996 por Aki Maita. El Tamagotchi era un aparato con forma de huevo del tamaño de la palma de la mano, con una pantalla en blanco y negro donde se podía ver a la mascota. Mediante tres botones, se podía cubrir infinidad de necesidades para esta mascotita, que iban desde su alimentación hasta el cuidado de su salud y recreación. Este juguete electrónico inspiró a una cantidad considerable de competencia y productos similares.

Pequeñas madres

Casi todas las mujeres tuvimos en nuestros brazos, durante la niñez, a un precioso bebé de plástico. El más popular fue el Bebé Querido, que puso de cabeza la década de los sesenta junto a las irresistibles Barbies.

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