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La música de los antiguos

Por Lucas Monsalve – Historiador

Según un mito clásico, el cortejo que acompañaba a Apolo estaba encabezado por nueve musas, cada una representaba una de las artes; entre ellas, Euterpe era la custodia de la música. Apolo era el dios griego del día, de la belleza, de ciencias  y de las artes. Su representación principal tenía como atributo característico la lira (mediano instrumento de cuerda), aunque en muchos casos se le representaba también con una flauta.

Estos sencillos datos, más la frase célebre del epígrafe, dan cuenta de la importancia que los antiguos y, muy en especial, los griegos concedieron a la música. No deja de ser significativo que el dios que representa al día -en un mundo donde se le temió tanto a las tinieblas— a la belleza y a la ciencia, sea también el dios de la música -entendida como arte-, y que de todos sus atributos posibles, se haya seleccionado un instrumento musical para definir su representación iconográfica.

Efectivamente, la ciencia, la belleza, el arte y el culto se fusionaron en los antiguos en la concepción de la música bajo una noción escencial: la armonía, entendida como la conformación de una escala perfecta de origen divino. En ello jugó un papel fundamental uno de los primeros filósofos griegos, Pitágoras, quien entendió en las matemáticas el orden de las cosas. A Pitágoras, además de conocérsele como el descubridor de gran parte de los teoremas matemáticos, se le atribuye la racionalización y teorización de la música, a través de la invención de las escalas o intervalos regulares musicales.

Sin embargo, los griegos no sólo relacionaron con la música al dios Apolo; gran número de dioses está vinculado a diferentes instrumentos musicales. La lira que acompaña a Apolo se dice que fue creada por el dios Hermes; la flauta por la diosa de la sabiduría Atenea y Dionisos, como dios de la alegría y la fiesta, siempre estuvo acompañado de cualquiera de ellos.

Antes de Grecia, ya diferentes dioses guardaban relación con la música. A la diosa egipcia Isis se le relacionó siempre en su culto a los instrumentos de percusión, como el Sistro, una especie de sonajero con tiras del que colgaban diferentes objetos de metal. En el Estandarte de Ur, una caja de madera ricamente adornada con  escenas de la vida de los Sumerios que data del siglo XXVI a. C, se puede observar en la llamada “Cara de la paz” a un músico que toca para un banquete con un tipo de cordófono (instrumento caracterizado por la utilización de cuerdas que al vibrar producen el sonido) similar a las cítaras griegas.

La música de los antiguos tuvo dos grandes usos, que aunque aparentemente disímiles, complementarios: el culto y la fiesta. A ello habrá que añadirle, con el pasar de los siglos, el uso que Roma le dio dentro del arte de la guerra. En el culto, la música fue interpretada como medio de contemplación y camino hacia la purificación espiritual, que acercaba al hombre con los dioses. Es, quizás, este su sentido más primitivo, de origen casi con seguridad prehistórico. Luego, la fiesta le dio su forma más mundana, aunque casi nunca separado de su carácter divino, no olvidemos que los antiguos agradecían y festejaban en mayor medida la relación del hombre con la naturaleza y el cosmo (la llegada del nuevo sol, las abundantes cosechas, los cambios de estaciones, entre otros).

Tras las huellas de la música

A pesar de la cantidad de evidencias que se tienen de la importancia de la música en la antigüedad, el número de hallazgos arqueológicos de instrumentos musicales antiguos es muy reducido. La razón es simple: la mayoría de los materiales con los cuales se construyeron estos instrumentos fueron nobles y fácilmente perecederos, como la madera, la caña o las pieles de animales. Aunque existen evidencias conservadas de algunos fragmentos de instrumentos musicales, hechos con materiales más resistentes como el marfil, los caparazones de tortugas, algunos metales, cuernos entre otros que hoy permiten reconstruir un gran número de instrumentos antiguos.

Por lo tanto, el grueso de las evidencias se encuentra en el arte y la literatura. El estudio e interpretación de las estatuas, frescos y multitud de textos literarios constituyen la principal vía de acceso al entendimiento musical de la antigüedad, que permite reproducir físicamente una gran parte de los instrumentos musicales usados hace más de 3.000 años. Aun así, hay un enorme problema: existen muy pocas partituras descifradas que permitan copiar el sonido exacto que estos instrumentos emitieron, además de no saber a ciencia cierta cuál fue su escala de afinación, ni la conjugación de ritmos. Con lo cual, si bien podemos intentar imitar la música de los antiguos, nunca tendremos la certeza de que efectivamente sonó de esa forma y, en muchos de los casos, ni siquiera sabremos si a ello pudiéramos verdaderamente llamarle “música”.

Los sonidos antiguos han llegado a nosotros por medio de la transmisión oral, pero esta herencia se transformó y ricamente nutrió de nuevas fuentes durante la Edad Media, en donde la música encontró finalmente ese carácter sublime.

Hoy, el mundo moderno y tecnológico logró crear una significativa brecha entre nuestro entendimiento de la música y el de los antiguos, pues esta música antigua y medieval tuvo un componente ineludible: su espíritu absolutamente vivencial. Antiguamente sólo fue posible escuchar música cuando se tenía de frente al instrumento, quizás por ello tuvo siempre esa acertada catalogación de arte.

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