martes , agosto 9 2022

La Hora Cero Plomo del bueno

Un sicario llamado La Parca se ve obligado a secuestrar una clínica privada para salvar al amor de su vida. Así arranca la ópera prima del venezolano Diego Velasco, una historia de violencia, venganza, amor y acción a la gringa con toque criollo o viceversa. El 10/10/10, La Parca viene

Por Carlos “Caque” Armas/ @Caquetorta

En Venezuela, lo extraordinario se hace cotidiano, ¿no? Claro que sí. Y uno se acostumbra a todo, por ejemplo, a las deficiencias del sector salud. A cada rato leemos o escuchamos sobre lo desasistidos que están nuestros hospitales y ambulatorios, luego vienen los comunicados fabulados que desmienten todo y nos colocan entre los primeros países del mundo en esa materia y así sucesivamente, hasta que uno termina armándose como una coraza donde no entra ni una ni otra versión y se conforma sólo con la referencia. Sabemos que la vaina está mal, pero por allá lejos y hasta que, ni Dios quiera, nos toque.

En 2005, el director Diego Velasco se lanzó un tour por varios ambulatorios públicos de Venezuela. No lo hacía por ocio ni por necesidad. Investigaba. Y es que aunque vive en Los Ángeles y le va de lo mejor por allá como cineasta, insiste en hurgar en la venezolanidad que aún conserva y que ya trató de reflejar en su cortometraje Cédula Ciudadano (2000).

“Buscaba ideas para hacer un largometraje. Tenía tiempo escribiendo, investigando acerca de medicaturas rurales de Caracas. Lo que vi en una noche en un ambulatorio de Las Minas de Baruta, me bastó. Nadie sabe lo que pasa allí. En esa medicatura nació la idea acerca de todo lo que puede hacer alguien impulsado por cosas muy buenas, usando un método muy malo”, comenta el director.

“La situación de la salud en Venezuela era increíble”, cuenta Carolina Paiz, co-guionista y productora del filme. “La gente llegaba balaceada y además estaba el tema de la inseguridad que sentían los doctores. Diego se trajo esa idea a Los Ángeles, la trabajó por seis meses o un año, hasta que llegó a un punto en el que me pidió que me incorporara”.

Carolina ha trabajado en las grandes ligas del guión. Ha escrito para series mundialmente famosas como Grey?s Anatomy (por la que fue nominada al Writers Guild Award), Lipstick Jungle y, más recientemente, The Descendants, con Jim Belushi. A pesar de la experiencia, se necesitaron más de dos años y 13 versiones para completar el guión de La Hora Cero.

“Fue un verdadero trabajo en equipo y resulta difícil separar los aportes de cada quien. Yo trabajé mucho el humor y otros detalles. Te podría decir que una de las cosas donde más me afinqué fue en la estructura y los arcos dramáticos. En TV los trabajamos mucho y aquí siento que ese fue mi mayor aporte. Por muy pequeño que fuera el personaje, todos tienen su arco”, concluye Paiz.

Del ombligo para afuera

Que el cine venezolano es ombliguista, es un argumento frecuente entre sus detractores y, a mi juicio, en desuso. Eso de que aquí sólo se hacen películas para consumo del público venezolano, exclusivamente pensadas para quienes comparten nuestra idiosincracia, considero que está cambiando y es algo que el director de La Hora Cero tuvo muy claro desde el comienzo.

“Mis influencias fueron las de cualquier fan del cine de mi generación: Volver al Futuro, Terminator, Star Wars -la vi más de 38 veces-; amo The Matrix e Inception y ese es el tipo de cine que me gustaría hacer. El que me entretiene, me emociona y es universal, sin abandonar la idiosincrasia venezolana con la que crecí. Yo nunca pretendí ser Spielberg o Almodóvar, ellos ya tienen su carrera. ¿Qué tengo yo que no tienen ellos? Mi cultura, mi venezolanidad, historias universales con sabor local. Spielberg, James Cameron, Scorsesse, todos tienen mucha fórmula americana de guión con sus tres arcos, puntos de giro, entre otros elementos. Habiendo crecido con todo eso que me gustaba, mezclé esos truquillos de su cine de acción con mi Operación Chocolate. Quería adaptar lo mejor de ambos mundos, tal como siempre quise: estudiar fuera, aprender trucos de Hollywood y aplicarlo a mis historias venezolanas”, cuenta Velasco.

Diego reconoce que, aunque le gustaría hacer todo tipo de géneros, lo suyo son las emociones fuertes. “Mi terapia es el cine. No tomo, ni me drogo, mi droga es el cine. Tengo muchas historias que contar. Respeto el drama intimista, pero no sé si tengo la habilidad, no me nacen las historias. A mí lo que me encanta son los thrillers, la acción, el terror. Quiero hacer la primera película de horror venezolana. De hecho, actualmente estoy escribiendo junto a Nacho Palacios la primera versión del guión de El Silbón. Si todo sale bien, esperamos arrancarlo en 2011.”

El gran problema para las emociones fuertes en el cine venezolano, especialmente si se trata de un filme de acción, es el “cochino dinero”. Si antes no se habían hecho películas de acción en Venezuela, no ha sido por falta de ganas, sino porque es difícil y costoso, y como dice Diego: “Para hacerlo a medias, mejor no hacerlo”.

Afortunadamente, el guión de La Hora Cero contó con el respaldo económico del CNAC (donde obtuvo el mayor puntaje de su convocatoria). Los buenos comentarios obtenidos consiguieron atrapar el interés de inversionistas extranjeros, quienes permitieron que Diego tuviera los “dolaritos” y la maquinaria necesaria para hacer la película que él imaginaba. Si uno lee las hojas de vida de varios de los implicados en la producción, aparecen títulos mundialmente famosos como Y Tu Mamá También, Lost, El Secreto de Sus Ojos, Princesas y Rec, lo que denota que esta es una producción pensada desde el comienzo para ir más allá de nuestras fronteras. Si el gran reto era dar vida a las secuencias de acción, la solución era buscar a los mejores expertos que pudieran pagar.

“Teníamos un productor asociado en Argentina y de allá nos trajimos a gente de la misma empresa de efectos especiales que hizo 9 Reinas, Torrente y otras”, cuenta Diego. “Ellos viajaron a Venezuela y nos hicieron las tomas de riesgo. No quería que nadie saliera lastimado en las tomas peligrosas, quería buscar gente profesional para aprender de ellos y de aquí en adelante poder hacerlo nosotros. Eran unos duros, campeones de motocross en Argentina, pilotos de helicóptero. Sabían cómo frenar, colearse, cuántos metros se necesitaban para una caída o un frenazo. De verdad es impresionante el dominio de la técnica de acrobacias que poseían”.

Las caras de La Parca

Según Velasco, le fue bien en Cédula Ciudadano (2000) mezclando actores profesionales con noveles. “Unos tienen instinto, los otros experiencia. Así que, para mí, combinarlos balancea todo. El profesional me baja al empírico y el empírico le sube al profesional. Con base en eso, el más difícil de encontrar fue el rol protagónico, La Parca. Estuvimos cuatro meses buscando en varios países al actor perfecto, porque estábamos claros de que la película era ese personaje. La productora consiguió en Youtube el video Bala Perdida, del rapero Zapata 666, y de inmediato la directora de casting salió a buscarlo en la calle, porque él no tiene ni Facebook, ni nada. Finalmente lo encontraron y el mismo día recibió la llamada nuestra. Apenas lo vimos, dijimos: ‘Este es”.

A Zapata 666 se sumaron Laureano Olivares, Erich Wildpret, Amanda Key, Marisa Román, Albi de Abreu, Alejandro Furth, Steve Wilcox, Rolando Padilla, Beatriz Vázquez, Ana María Simon y otros. Juntos, se prepararon a lo largo de tres meses de ensayos, gimnasio de actores y claro, una convivencia que garantizara la química del equipo tanto dentro como fuera del set.

“En la película, cada personaje toma decisiones que afectan la vida y la trama de los demás y creo que todos aprenden que no puedes juzgar a nadie hasta estar en la situación del otro. Traté de cuidarme de no dar sermones, pero quiero que la gente se vaya con la idea de que nada es blanco y negro, que hay una gran escala de grises. En Venezuela decimos mucho que estamos polarizados, ricos y pobres, chavistas y opositores, malandros y victimarios, pero la realidad es más compleja. Nadie es completamente bueno o malo, todos tenemos defectos y conflictos, es la realidad de todos aunque no todos la quieran ver”, comenta Diego.

“Mi trabajo es tratar de serle fiel a los personajes y, dependiendo de cómo lo vea el espectador, que él saque sus propias conclusiones. Por supuesto, también quisiera que se conectaran con la historia y sientan las emociones, vivan, vean, rían, se estresen y que salgan con una perspectiva fresca de una historia que esconde cosas detrás de su portada. Me gustaría que las personas vieran algo que los entretenga y los deje pensando, que vean su realidad y le encuentren el humor, la esperanza y un motivo para el cambio, el perdón y seguir anhelando algo mejor. Yo estoy orgulloso de la película. Antes de escuchar y repetir, vayan a verla. Van a perderse la montaña rusa, no vale la pena que les cuenten nada”.

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