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Juan Larena: 20 años de pasión al borde del ring

El boxeo cuenta con sus personajes desde el cuadrilátero, los camerinos, las mesas de los empresarios o el palco de narradores en el ring side. Ahí donde se vive la historia de un deporte que ha pasado por múltiples crisis, pero que se relanza constantemente

Por Hans Graf – Enviado a Las Vegas, Cortesía de Turner

En una disciplina, que durante un siglo ha vivido los vaivenes propios de cualquier actividad polémica, la constancia marca una diferencia en un deporte duro cuya dimensión a veces no es comprendida. Es una actividad que ha experimentado sus altos y bajos: ha sabido sortear el mundo de las mafias, de las prohibiciones, de la ausencia de televisión o de las peleas arregladas, en procura de una consolidación como espectáculo del cual personajes como Juan Abraham Larena pueden dar fe.

Narrador del programa Combate Space, de la cadena Space, el argentino Larena, residenciado en Estados Unidos desde hace 40 años, ha sido testigo durante dos décadas al frente del programa, del esfuerzo que han hecho los factores ligados al boxeo por devolverle a este deporte el brillo que alguna vez tuvo.

“Se practicaba en los clubes de alta sociedad. Es una cosa un poco contradictoria”. apunta Larena, cuando se refiere a los inicios de este deporte como un espectáculo organizado. Era un deporte que practicaba la gente con menos recursos y que respaldaban las personas adineradas de la sociedad. “Basta con ver una foto de la época, para identificar a los espectadores todos vestidos de gala”, dice.

La imagen representa una de esas dualidades que sostienen la fascinación por la disciplina. “Es la atracción de las clases altas por deportes que atraen a las clases menos pudientes, como modo de vida”, apunta quien junto con Marcelo González, colega y comentarista, conduce desde 1991 el programa boxístico.

– ¿Ha habido altos y bajos en el mundo del boxeo? Un boxeador se puede perder, caer, sucumbir. La gente va y viene.

– Sí, no cabe duda. Siempre ha habido gente famosa que hace sus campañas dentro del boxeo: grandes empresarios, peleadores. Pero el deporte tiene sus altos y sus bajos. Momentos como el de Cinderella Man, cuando veías un estadio lleno de 30 ó 40 mil personas, que paralizaban una ciudad entera para ver a James Braddock eran memorables.

Existen siempre buenos promotores y managers que tratan bien a los boxeadores. Dentro de un deporte exigente, y en un ambiente tan competitivo, resulta imprescindible, según las observaciones del narrador, que el púgil entienda que este deporte es un trabajo. Floyd Mayweather, vencedor de Victor Ortiz, señalaba tras derrotarlo en Las Vegas, en septiembre de este año, que su vida estaba hecha de boxeo, que eso era lo que siempre había hecho su familia. Esa nueva dimensión, quizá, pasa incomprendida para quienes lo ven de lejos.

– El boxeo es una profesión, pero ¿Tienen eso claro los boxeadores?

– El boxeador debe tener constancia. Van pasando los años y le cuesta rendir. Debe entender eso. Si es profesional, debe ir al gimnasio todos los días, alimentarse bien, olvidarse de consumir alcohol. Es su trabajo. Algunos no lo hacen.

– Uno de los colapsos fue a mediados de siglo. Mucho manejo turbio, muchos problemas con el arreglo de peleas.

– Sí, llegó un momento en que el boxeo pasó a ser dominado por la mafia. Años 50. Era un época en la que los campeones peleaban 7 a 8 veces por año. Ahora, si pelean tres veces es mucho. Hay buenas y malas partes. Por suerte, la época de los mafiosos pasó.

– ¿Podría decirse que eso ahuyentó a la televisión? Casi lo acaba…

– Los manejos raros hacen que la televisión abierta se retire. Sí, definitivamente. Pero el boxeo sobrevivió más allá de todo eso y, sin embargo, qué otro deporte podría haber superado tantas calamidades. Intrínsecamente, es algo aparte. No se puede comparar con otros deportes.

– Se le asocia con violencia, desenlaces fatales, pero ¿es violento en realidad?

– Eso de que es violento, no es así. Hay muchos deportes que sí lo son, que causan traumas. El que dice eso no ha visto un juego de hockey, de fútbol americano, incluso de fútbol tradicional. La gente se fija más en el boxeo porque es un enfrentamiento uno a uno, y por el ambiente que hay a su alrededor. Un accidente en este combate llama más la atención. Es más personal. Sin embargo, puede mejorar su calidad. Hay que reconocer que el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y otras organizaciones han hecho cambios. La reducción de rounds, pruebas médicas post traumáticas, y si un boxeador está en evidente desventaja se suspende la pelea. Se ha hecho mucho. No es que un púgil no pueda hacer 10 ó 15 asaltos, pero cuando estás cansado los golpes se sienten más. Hay asistencia médica inmediata. Las cosas también han mejorado en cuanto al número de peleas, los pagos, las condiciones laborales. Cambió muchísimo con la ley Muhammad Ali: ha ayudado a mostrar más números y hacer el negocio más transparente.

Y es que el apartado legal, bautizado tras el legendario boxeador, estableció la obligatoriedad de proveer información sobre las ganancias, costos y pagos dentro de cualquier evento boxístico, así como restringir a los promotores en cuanto a contratos que pudiesen comprometer el futuro del boxeador. A partir del año 2000, cuando fue decretada está ley, impulsada por el senador John McCain, el rostro del boxeo profesional experimentó mejorías. Antes, era un deporte que no tenía ni reglas, ni comisionados, ni instancias claramente definidas para proteger a los profesionales.

“Han entendido que debían fortalecer el espectáculo,” refiere Larena, quien además del boxeo ha estado ligado con el mundo del tenis, en Wimbledon y Roland Garros, con el golf e, incluso, con la música. Para el argentino es un imperativo cuidar el show dentro y fuera del ring. Algo similar a lo que sucede con los juegos de fútbol o cualquier gala hollywoodense. Sin embargo, comulga con la idea de que se vea al boxeo como un enfrentamiento sin matices entre dos deportistas.

– Pero ¿es espectáculo?, ¿es show mediático?

– Claro, el empresario moderno ha entendido esto también. Incluso, con la incursión de la televisión por cable ha conseguido crecer. Es una generación que ama este deporte. La gran sorpresa, cuando empezamos en el canal con Combate Space, fue descubrir que la televisión por suscripción abrió una nueva fuente de televidentes.

Tras evidenciar la parafernalia que envuelve el boxeo, todo parece esfumarse en el mismo momento que ambos peleadores chocan guantes para iniciar el combate. Ahí, son uno contra uno y los matices, las fiestas, las declaraciones encendidas previas, a la pelea, desaparecen entre las cuatro sogas. Sólo tiene peso el enfrentamiento de dos hombres que tienen sus puños y su astucia para salir victorioso del cuadrilátero. Abajo, luego de que suena la campana, nada más cuenta.

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