martes , noviembre 29 2022

Juan Ernesto Laya lanza producción solista La cosecha del maraquero

De él dijo Aldemaro Romero que es “el Paganini de las maracas”. Juan Ernesto Laya, miembro del Ensamble Gurrufío, es de esa raza de músicos que marcan la diferencia y muestran un rumbo. Joven maestro del arte de hacer sonar las semillas de capacho, ha participado en más de 4 mil discos y ahora, finalmente, tiene el suyo como solista

Por Oscar Medina — Fotos: Cortesía Ensamble Gurrufío

La idea fue de su abuelo: Juan de Jesús Laya Meléndez. Melómano al fin, fue quien le enseñó desde pequeño a abrir bien los oídos a la mejor música sin importar géneros ni nacionalidades. Fue él quien le dijo al nieto que un día, tarde o temprano, tenía que hacer un disco como solista con el instrumento que desde muy temprano manejó con asombroso dominio: las maracas.

De entrada, el asunto genera una curiosa expectativa: ¿Cómo es un CD de un maraquero como solista? No se trata de una sucesión de tracks en los que las semillas de capacho van y vienen en plan experimental y el artista está en actitud de “aquí estoy yo”. Nada de eso. Lo que Juan Ernesto Laya grabó, en realidad, es un muy acertado compendio de la versatilidad y la capacidad expresiva que pueden alcanzar las maracas cuando están en manos de un virtuoso con muchas ganas de hacer buena música.

Suena maraquero es un trabajo excepcional que trasciende al folklore. Y es también un disco que concentra parte del gusto personal de su protagonista, además de haber constituido una grata excusa para juntarse a tocar con algunos verdaderos maestros del patio.

“Siempre había querido hacer un disco así”, cuenta Laya. “Mi abuelo estaba obsesionado con las maracas y me regaló mi primer par. El me sentaba, por ejemplo, a escuchar a Charlie Parker y a acompañarlo con las maracas. Otra semana me ponía al Carrao de Palmarito, otro día a Sergio Mendes y siempre mucho de Los Cuñaos”.

Otro que insistió fue su compañero en el Ensamble Gurrufío, Cheo Hurtado: “Layita, tienes que hacer tu disco”, le habría dicho más de una vez. Hasta que llegó el momento: “No podía hacerlo de arpa, cuatro y maracas, así que lo que hice fue resaltar el papel de las maracas en otros géneros y en fusiones”. De modo que el disco va así: onda nueva, danza zuliana, merengues -venezolano y dominicano-, joropo oriental, vals, joropo tuyero con reggae, gaita zuliana y “fusión”.

Y esos encuentros trajeron experiencias interesantes: “En el merengue dominicano, las maracas reemplazan a la güira”, explica: “Estuve como tres meses escuchando al charrasquero de Juan Luis Guerra para aprender”. El caso del joropo-reggae resulta curioso: “Esa pieza es de Nené Quintero. Creo que nunca se había hecho algo así. No hay nada que se parezca a las maracas en el reggae. El merengue venezolano, que es del maestro Gerardo Chacón, va de 5 por 8 a 9 por 8. Y en el tema “El Sapito”, un joropo oriental, no hay instrumentación, sólo voces y maracas”.

El Layitano

Juan Ernesto Laya, mejor conocido como Layita, nació en Valencia el 9 de junio de 1972. Diez años después, ya estaba acompañando con sus maracas a importantes músicos del folklore. En 1990 forma parte del grupo La Maquinaria Llanera, una suerte de comando especial dispuesto a grabar y a grabar y a grabar con los grandes del llano: El Carrao de Palmarito, Simón Díaz, Reinaldo Armas, Luis Silva, Rummy Olivo, Cheo Hernández Prisco, José “Catire” Carpio… hasta que entró al estudio con Cheo Hurtado para la producción Cuatro arpas y un cuatro y terminó reclutado: en 1997 entró oficialmente a la familia Ensamble Gurrufío.

Es un ejecutante incansable: ha grabado además con Bela Fleck, Hamilton de Holanda y hasta con Gilberto Santa Rosa y Aterciopelados. También ha acompañado a sus paisanos de Guaco, Huáscar Barradas, Aquiles Báez, Aquiles Machado, El Pollo Brito, Los Cuñaos… La lista es tan larga, que en 2008 la Asociación Venezolana de Intérpretes y Productores de Fonogramas le otorgó un reconocimiento por su récord: ha participado en más de 4 mil discos.

Y ahora tiene el suyo. En él colabora buena parte de ese montón de amigos que ha hecho a lo largo de su intensa carrera. Y semejante convocatoria es un lujo: Barradas, Brito, Quintero, César Orozco, Gerardo Chacón, Alfredo Naranjo, Julio Flores, Los Cuñaos, Alexis Cárdenas, Víctor Mestas, Gustavo Carucí, Goyo Reyna, Diego “el Negro” Álvarez y sus compañeros del Ensamble Gurrufío, por citar sólo a algunos.

De esa manera, entre amigos, se fue gestando esta producción: “No hubo nunca una selección de temas formal. Todo fluyo solo”. La mecánica fue simple: preguntar entre los colegas, correr la voz de que estaba preparando un disco y recibir y entrar al estudio a la primera oportunidad. “El primer tema que grabé fue una gaita. Es el género que más me gusta tocar. Le dije a Omar Herrera que quería hacer una gaita y pensé que me daría una instrumental. Fuimos a grabar a Maracaibo y ahí me sorprendió con ese tema con letras en el que participan Gustavo Aguado, el Pollo, Luis Fernando Borjas y Ricardo “el Pelón” Aguirre”. Y no es cualquier canción: se trata de una hecha para homenajear sus buenas artes, el tema que le da nombre al disco.

El segundo se concretó de manera similar: Laya que le pide algo a Gerardo Chacón y éste que se aparece con “Layazz”, una pieza evidentemente muy “jazzeada” compuesta y arreglada por el propio Chacón. “El maestro Chacón después me dijo: te voy a hacer una danza zuliana”, y a partir de entonces Chacón se convirtió en una suerte de padrino de este primer compacto de Layita en plan solista.

Incluir “El sapito lipón” de la manera en que lo hizo fue idea tomada como inspiración de otro amigo: “Huáscar interpretó en un concierto un tema con flauta y voces nada más. De ahí me vino la idea. Él me recomendó que hablara con Armando Lovera y nos planteamos hacer un joropo oriental. Así que consultamos a Javier Marín, un experto en eso y escogimos esa canción”.

El disco también materializó una vieja aspiración: grabar con Los Cuñaos. “Siempre fui admirador de ellos, así que un día le dije al maestro Aldemaro Romero que quería hacer algo con Los Cuñaos”. Y ahí está esa onda nueva, aunque Romero ya no esté por acá.

La pregunta fundamental de este trabajo es la misma: “Maestro, estoy grabando un disco… ¿qué tiene por ahí?”. Más o menos así se gestaron estos 11 tracks en los que Laya adaptó su instrumento a los distintos géneros en su justa medida, sin reclamar un protagonismo injustificado. “Las cosas hay que hacerlas con conciencia. Si los temas tienen un solo de flauta, eso se respeta. O de piano, o de trompeta. De lo contrario, ¿para qué vas a invitar a estos grandes músicos? ¿Para que no se escuchen sus instrumentos? No señor”.

Pero la cosa no termina: hay material para un segundo disco que podría dejarse escuchar el año próximo: “Quiero meterle un Big Band… ya hablé con el maestro Andrés Briceño y lo vamos a hacer. Tengo la intención de invitar a otros maraqueros y también de meterme en una obra para maracas y orquesta que pudiera escribir Paul Desenne”. Eso, claro, a su tiempo: “Del apuro queda el cansancio”. Este año tendrá que dedicarlo a la gira nacional en la que montará en directo la fiesta de Suena maraquero y, por supuesto, la intensa agenda de Ensamble Gurrufío: “Mi escuela, como quien dice, el padre de la criatura… De Gurrufío me voy cuando me jubilen”.

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