lunes , agosto 8 2022

Interpretar el vacío Cincuenta años del Museo Guggenheim de Nueva York

La institución cumplió 50 años y lo celebró convocando a más de 200 artistas a jugar con el espacio de la rotonda central del edificio, diseñado por Frank Llyod Wright

Por María Ángeles Octavio

El caracol blanco que se levanta en quinta avenida en Manhattan es, en sí mismo, una obra de arte escultórica de gran imponencia. Su apariencia exterior, a veces vista como una flor que se escapó de Central Park, abraza una rotonda interna alrededor de la cual se despliegan las salas y espacios museísticos. Su impronta de concreto armoniza con el silencio de la naturaleza que lo rodea y aplaca el ruido de la ciudad en la que vive.

Desde que abrió sus puertas el museo Guggenheim, en 1959, ha servido de inspiración para la invención del mundo del arte. Y es que este vientre arquitectónico siempre se ha visto salpicado por los referentes externos de las obras que muestra. En su interior, se ha producido un diálogo enriquecedor que muchas veces ha dejado mudo el espacio. Esta edificación fue condenada en su nacimiento por comentarios displicentes que lo descalificaban como un buen espacio para el arte. Para algunos, su rampa de remolinos y alcobas superficiales demostraba cuánto odiaba Frank Lloyd Wright (su creador) el arte moderno. Alegaban que su carácter escultórico per se competía con las obras que mostraría. Sin embargo, el escultórico edificio ha permitido, con humildad y modestia, que muchos artistas les den valor a sus obras estando dentro del recinto. Por otra parte, el flujo de ballet de los visitantes al subir y bajar de la rampa, sin la consciencia de a dónde van y de dónde vienen, produce un ritmo mágico que emana de las entrañas del museo.

El Guggenheim de Nueva York concluyó la celebración de su 50 aniversario invitando a 200 artistas del mundo a imaginar cómo llenar el espacio de su famosa arquitectura en espiral. A esta rotonda se la conoce como “vacío”. No obstante, entrar al museo y ver este volumen desnudo ofrece una perspectiva plástica de inconmensurable valor. Nos remite a otras propuestas que hablan un idioma hermano.

En 2009, el museo Centro George Pompidou de París montó una extraordinaria exposición dedicada a la nada. Ésta comprendía casi 12 salas vacías una detrás de la otra. El Vacío puso en escena proyectos históricos de espacios dejados a propósito en blanco.

Si vamos hacia atrás, hay que destacar la escandalosa exhibición desnuda de Yves Klein en la Galería Iris Clert en París, en 1958. Artistas como Robert Barry, Stanley Brouwn, María Eichhorn, Robert Irwinand y María Nordman han purgado sus shows de elementos y objetos, apoyándose en la arquitectura de la galería para enmarcar el contenido de sus obras. Éstas han abarcado desde la estética del sueño hasta la crítica constitucional.

Este silencio visual nos permite reflexionar acerca del espacio tal cual vino al mundo, desprovisto de significados, sin darnos pistas. Nos exige pensar. Nos hace valorar el vacío.

Sin embargo, esta experiencia contrapuesta a las 200 planteamientos recibidas nos habla en muchas lenguas que buscan comunicar, cada una, un mensaje diferente. Así se muestra el potencial de este hueco.

Los sorprendentes resultados, bajo la forma de proyectos, se reunieron en la muestra Contemplando el vacío: intervenciones en el Museo Guggenheim, 2010. Entre los artistas plásticos que desplegaron su imaginación figuran Anish Kapoor y Alice Aycock, diseñadores como Fernando y Humberto Campana y los arquitectos del grupo BjarkeIngels.

Las propuestas varían desde cuadros a esbozos imaginados o proyectos arquitectónicos precisos.

Saunders Architecture, de Noruega, propuso una impresión digital que muestra al propio Frank Llyod Wright descansando en medio de un bosque en plena rotonda. Otros sugirieron llenar el espacio con música. El cubano Carlos Garaicoa planteó colgar los instrumentos de una orquesta filarmónica y poner el sonido de los músicos cuando están afinando.

En un trabajo denominado Preludio, Kris Martin, nacido en Bélgica, propone el juego infantil del “teléfono descompuesto”. La gente se pondría en fila alrededor de la espiral y susurraría a su vecino una frase que originalmente sería de una autobiografía de Frank Lloyd Wright. Al final, la frase llegaría transformada hasta la última persona en el piso superior. Algunas de las ideas sorprendieron aún más. Pipilotti Rist, de Suiza, ofrece instalar “un enorme clítoris reproducido en la escala de 450:1”. Según las instrucciones de Rist, el clítoris estaría erguido desde su vestíbulo vulvar y sostenido por los labios menores, en el patio central de la rotonda. La escultura mediría 27 metros y se movería suavemente.

Igual de sorprendente, pero por otras razones, sería Macchiato, planteamiento sugerido por la Oficina de Arquitectura Subversiva de Alemania, Austria y Gran Bretaña. “El vacío sería llenado por completo con café y el aroma de los granos estimularía los sentidos de los visitantes”.

La propuesta Sintiendo La Ausencia Del Vacío, del arquitecto colombiano Giancarlo Mazzanti, fue desarrollada junto a Julián Restrepo y Pablo Forero. Ésta sugiere una nueva experiencia sensorial a través de una membrana tecnológica que ocupa el vacío central. Dicha membrana es capaz de cambiar y convertirse en un iceberg que produce frío y reflejos; un jardín vegetal que atrae fauna, mariposas y genera olores; una nube que refresca el interior y produce sonidos; un gran acuario de peces que produce reflejos; una membrana de radiación ultravioleta sembrada de lámparas de infrarrojos y de aire caliente que transforma el interior en una playa y otros efectos ambientales. Se establece una variedad de sensaciones que alientan a la gente a comportarse mental y físicamente de modos que antes habrían creído imposibles a través de todos los sentidos, y no sólo de la vista. La propuesta rebate la idea de la contemplación como la manera más apropiada de experimentar la arquitectura y cuestiona la idea de edificio como objeto de arte para ser observado por un usuario experto y pasivo.

La rotonda del museo Guggenheim de Nueva York se burla del miedo al vacío. Potencia su significado. Los artistas de esta exposición lo llenan con presencias inolvidables.

Como nos muestra el Quijote a través de sus páginas, el vacío es el silencio, la ausencia, la soledad, en definitiva: la nada. Hasta la muerte puede ser vista como vacío. El artista lucha contra la ausencia mediante el nacimiento, contra el vacío mediante la creación, en ocasiones contra sí mismo en nombre de sí mismo, en ocasiones contra el mundo. La creación es lucha, es el camino lento y silencioso, es pelea de uno solo contra algo que él sólo sabe que existe. Lo que espacialmente definiríamos como vacío es lo que temporalmente llamamos silencio.

La muestra permanecerá abierta hasta el 28 de abril.

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