miércoles , enero 19 2022

Impresiones sobre Oscar Claude Monet

Un artista amante de la luz, la naturaleza y el arte, cuya vida fluyó a orillas del Sena y el mar

Por María Ángeles Octavio

Primera impresión

Sobre la mesa de noche de mi abuela siempre había una botella de brandy, una copita de cristal ambarino, un termómetro, una caja negra que contenía un tensiómetro que siempre descansaba sobre una libreta de teléfonos. No fue sino hasta un día en que Api necesitó llamar a un electricista que levantó la caja negra y pude ver la libreta y, por qué no, la luz. Por primera vez, mis ojos fueron seducidos por una imagen iluminada que permanecería por siempre en mi memoria. Un paisaje acuático pintado por un tal Monet. Claude Monet, como me dijo ella cuando le pregunté. Tuvo que abrir la libreta para ver si adentro decía de quién era la pintura. Su memoria se extinguía y yo no leía todavía.

Por años, cuando iba a visitar a Api, levantaba la caja negra para ver la libreta. Mi mayor alegría fue cuando una tía le regaló otra libreta. Me pedía que le escribiera los nombres y teléfonos en el nuevo libro. Fue mágico descubrir que adentro habían más cuadros, tan bellos como el de la cubierta, del mismo pintor francés: Oscar Claude Monet.

Impresión luminosa

En el colegio me enseñaron que Monet era un pintor impresionista francés que llevó a su máxima expresión el estudio de los estados transitorios de la luz natural. Nació en París el 14 de noviembre de 1840. Pasó la mayor parte de su niñez en Le Havre, Normandía, donde estudió dibujo en su adolescencia y pintó marinas al aire libre. Hacia 1859 pasó largas temporadas en París, pues decidió ser artista. En la década de 1860 se le asoció con el pintor pre-impresionista Édouard Manet y con otros pintores franceses que más tarde formarían la escuela impresionista junto con Camille Pissarro, Pierre Auguste Renoir y Alfred Sisley.

No es gratuito que Monet titulara en 1874 su obra Impresión: Sol naciente al arrebatador cuadro que daría nombre al impresionismo. Muchos lo hubiéramos titulado Sensación, Salida del sol, porque lo que parece que nos quiere transmitir Monet es una sensación visual. Pero no, lo que Monet quiere decirnos es que detrás de la intensa luz del sol naciente hay un arrebato emotivo que conmueve. Ésta es la diferencia entre su cuadro y una postal de la salida del sol. Detrás de lo que vemos se esconde la verdad y Monet, a través de su pintura, quiso dejar desnuda la verdad de lo que la naturaleza nos permite ver: aquellos sentimientos que se esconden en un paisaje inerte y aparentemente sin vida. Pero los paisajes tienen memoria. Así lo afirma Federico Vegas Chumaceiro -artista plástico venezolano- con su obra Memorias de Paisajes, cuando escuchamos el ruido distante del viento que sacude unas palmeras que, estáticas, posan para un cuadro de Vegas.

Monet le apuesta a las emociones que despiertan sus cuadros en quienes los ven. Dicen que se levantaba temprano antes del amanecer. Se paraba frente a la ventana de su habitación y observaba la colina para descubrir una bruma azulada que anunciaba un día luminoso.

El agua, siempre cercana en la vida del pintor, lo influenció de manera determinante. Nació en París con el Sena entre las venas, vivió en Le Havre junto al mar del norte, luego en Giverny de nuevo el Sena y su estanque y el jardín. El estilo de Monet, como el de otros impresionistas, se caracterizaba por la luz, la paleta colorista y la aplicación ocasional de pintura sin mezclar directamente sobre un lienzo preparado con una capa de blanco puro. Esta superficie aumentaba la luminosidad de cada color e incrementaba la apariencia rota y sin armonía del cuadro.

Claude Monet utilizó su brillante paleta para captar los efectos ópticos creados por la luz natural sobre un paisaje o una panorámica urbana, prestando poca atención a los detalles casuales y utilizando pinceladas muy visibles y poco definidas para captar la escena con rapidez.

Impresiones nómadas

De todos los impresionistas, Monet fue el que con más énfasis practicó el pleinerismo, la práctica de la pintura a plein-air (al aire libre). Aunque existen gran cantidad de pintores paisajistas previos a Monet, se nota en ellos que la factura de sus obras ha sido realizada principalmente dentro del taller, tras un previo esbozo a la intemperie.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX, las pinturas eran realizadas artesanalmente y envasadas en frascos, vejigas y otros elementos. La invención de los pomos permitió a los pintores llevar sus óleos o temperas al aire libre, bajo el sol, sin que estos elementos se secaran u oxidaran rápidamente.

Impresiones de puño y letra

Una casa de subastas remató más de mil cartas dirigidas a Claude Monet. Este título apareció en un periódico francés. La venta se realizó en París e incluyó misivas escritas por amigos y admiradores del artista.

A través de la correspondencia, los historiadores arman el rompecabezas de la vida de aquellas personas que son conocidas por su obra. Siempre me ha despertado el morbo leer cartas ajenas. Me hace imaginar muchas cosas que yacen debajo de las alfombras de las casas en las que vivieron estos personajes. Son las confesiones y verdades que se develan entre líneas las que dan vida a las historias. En estos pequeños extractos de algunas cartas atamos cabos y concluimos, por ejemplo, sobre los sentimientos personales de Monet hacia su esposa, Camille, sus amigos y también la precaria situación económica en la que vivía.

No sé si Monet conocía el valor de su correspondencia, pero la preservó cuidadosamente hasta su muerte en 1926, a la edad de 86 años. Éstas se convirtieron en un tesoro familiar. Pasaron de generación en generación. El bisnieto del artista, Michel Cornebois, las entregó a la casa de subastas Artcurial.

La colección incluye cartas inéditas, lo mismo que algunas fotografías y algunas notas escuetas del mismo Monet. El escritor Pierre Assouline, quien escribió acerca de los impresionistas en una biografía del corredor de arte de Monet, Paul Durand-Ruel, llamó a la colección “un retrato en mosaico de un gran artista”.

“Durante décadas hemos leído, analizado y diseccionado las cartas de Monet a corredores de arte, artistas y escritores”, apuntó Assouline en una introducción a la colección. “Por fin, tenemos la respuesta”.

Las cartas de Durand-Ruel, por ejemplo, muestran su apoyo constante al artista pese a sus dificultades financieras. En una carta de 1885, Durand-Ruel escribió con humor sobre sus planes para ir a Nueva York con el fin de promocionar la obra de Monet en Estados Unidos.

“Tenemos que revolucionar este país de millonarios y tratar de convertirnos en millonarios”, escribió. “No llegamos a ese punto aún, pero todos necesitan comenzar en alguna parte”.

Muchas de las cartas de los colegas pintores de Monet muestran la fascinación y admiración por su obra. Monet fue el centro del círculo impresionista.

“La amistad de un gran hombre es un regalo de los dioses”, escribió Cezánne a Monet en 1894. En 1897, el escultor Rodin le confesó su admiración: “…me ayudó a entender la luz, las nubes, el mar y las catedrales”.

Monet se casó en 1870 con Camille, una dulce mujer que inspiró muchas de sus obras. Cinco años más tarde, descubrieron que ella tenía cáncer. El nacimiento de su segundo hijo, Michel, en 1878, dejó a Camille en un estado de salud muy precario que la condujo a la muerte al año siguiente. Tenía 32 años. A su muerte, Monet buscó con desespero quien pudiera prestarle unos pocos francos para desempeñar un medallón del Monte de Piedad y colgarlo al cuello de Camille, su mujer, muerta.

“Es el único recuerdo que mi mujer pudo conservar —escribió- y querría colgárselo al cuello antes de que se vaya para siempre”.

En una carta de Monet a Bazille, se lee: “Hemos vivido ocho días gracias al pan que Renoir ha compartido conmigo, mi mujer y mi hijo. Pero a partir de hoy no hay pan, no hay vino, no hay fuego en la cocina. ¡Es terrible!”. Y Renoir confirma, en carta también escrita a Bazille: “No puedo pintar porque no tengo colores. Estoy casi siempre en casa de Monet que, entre paréntesis, está envejeciendo. No comemos todos los días”.

La pobreza había sido una constante en su vida hasta que aceptó la ayuda de un hombre de negocios llamado Ernest Hoschede. Él le permitió pintar y vivir en su lujosa propiedad. En ese tiempo, Monet se acercó mucho a esta familia. La vida dio un giro y su benefactor perdió su fortuna, y la desventurada familia de Ernest, Alice y sus seis hijos, se mudó con el luchador de Monet, Camille y sus dos hijos. Luego de la muerte de Camille, Hochede abandonó a su familia. Entonces Monet y Alice se encontraron como cabezas de una familia con ocho hijos y se retiraron de la vida social por lo extraño de su situación. Cuando Ernest murió silenciosamente, se casaron.

Impresión de vida

Monet no sólo fue un pintor legendario, sino un jardinero y hombre de familia que se tomó mucho tiempo para diseñar los espacios domésticos de su casa en Giverny, tan luminosamente bellos como sus cuadros.

La vida con Alice, su segunda esposa, se hizo apacible, pues ella soportó el mal humor de Monet, recibió a sus familiares, amigos y marchands de arte, además de criar a los ocho hijos.

En esta casa, los menús de las comidas se decidían una semana antes y se consultaban con Monet. Alice debía tener en cuenta los gustos particulares de los comensales y de su esposo. La lista de los ingredientes se hacía con anticipación y estos se buscaban los sábados en Vernon y en los lugares adecuados, sin importar la distancia. Para los berros era Les Cressionier de Saint Marcel, los espárragos en Limetz, el pan fresco y el periódico a diario y sin retraso.

Los almuerzos se hacían temprano para que el artista aprovechara la luz de la tarde en su esplendor. Se hacían muchos picnics, pues el amor del artista por la naturaleza se exacerbaba con su pasión por la comida.

Existe un libro maravilloso que se llama La cuisine selon Monet, de la editorial Chêne, que recoge recetas e impresiones sobre los gustos culinarios del artista.

Impresión borrosa

Monet continuó pintando, a pesar de que la vista le fallaba, casi hasta el momento de su muerte, ocurrida el 5 de diciembre de 1926 en Giverny.

Abandonó la figura humana y recreó la naturaleza con una visión distorsionada por la enfermedad, dando como resultado obras de gran formato con un estilo más suelto y un aspecto abstracto de extraordinaria intensidad pictórica.

Según el Centro Médico de la Universidad de Stanford, una experiencia realizada por Michael Marmor, profesor de oftalmología de esta universidad, muestra que las pinturas de Claude Monet (1840-1926) y de Edgar Degas (1834-1917) no querían cambiar de estilo al final de su vida para aproximarse a la abstracción, sino que sufrían enfermedades de la vista ligadas a la edad. Degas sufría degeneración macular y Monet cataratas.

Impresión final

Ahora me levanto viendo la naturaleza que inspiró a Monet. Tengo las fotos que tomé en su casa de salvadoras de pantalla. No necesito acercarme a ninguna ventana, abrirla y adivinar si la bruma se disipará para dejar que el paisaje se ilumine. Recibo la luminosidad imperecedera de estos jardines todos los días. Y en mi escritorio conservo como un tesoro la libreta de Api.

Revive la experiencia del impreso online!

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