viernes , abril 9 2021
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¡Auxilio!, amigo lector

A ver si Ud. me puede explicar qué es lo que está pasando, pues no obstante mi vejez y mis estudios, como decía mi padre, no alcanzo a entender de manera concluyente cómo es que hemos llegado a vivir como estamos viviendo.

Fíjese Ud., en un artículo anterior le conté que como la casa me había quedado grande porque tres de los cuatro hijos ya cogieron camino, mi Bruja (léase esposa) y yo resolvimos reducirnos a un apartamento, convencidos de que con eso íbamos a simplificarnos la vida porque el mantenimiento sería más sencillo, no habría jardines ni patios que limpiar y vigilar, a mi Bruja le resultaría más sencillo conseguir Asistente (léase Colaboradora Doméstica) y etcétera, etcétera.

Resulta que apenas efectuamos ese movimiento, parece ser que se desató la furia de los demonios, duendes traviesos y demás espíritus perversos que, sin ninguna consideración de colega para con mi Bruja y con todo el ensañamiento que cabe contra un simple mortal como yo, ha hecho que desaparezca el agua, la energía eléctrica y hasta la agradable brisa fresca que, desde que el mundo es mundo, había disfrutado el Valle de Caracas y, particularmente, las colinas y cerros que lo circundan. Ahora se dio paso a un bochornoso e insoportable calor que te hace sentir como en un ahogo permanente, y lo peor es que todo eso acontece ¡¡¡a la misma vez!!!!

Quizás para el que esté habituado a la vida en Condominio la cosa pueda ser más manejable, pero para mí, que tenía cuando menos 25 años viviendo en casa y a ras del suelo, el asunto se hace casi dramático.

Me explico:

En la casa, rara vez sufrimos de falta de agua. En primer lugar, porque Hidrocapital prestaba un servicio bastante eficiente y confiable, suministrando una calidad de agua que en algún momento llegó a estar dentro de los más altos estándares mundiales; en segundo, porque al momento de construir la casa se tomó la previsión de hacer un tanque suficientemente grande como para soportar durante varios días, con un uso racional, una eventual falla de suministro “del preciado líquido”, como dicen las reporteras de televisión.

Cuando en la casa “se iba la luz”, expresión coloquial con la cual denominamos habitualmente una falla de suministro de energía eléctrica (por cierto, cuando alguien dice que se va la luz, se habrá preguntado alguna vez ¿a dónde es que se va?), el problema se reducía básicamente a que teníamos que empujar manualmente la puerta del garaje, resolvías la iluminación con dos o tres lámparas de campamento, la nevera te daba cierto margen de tiempo para conservar los alimentos si tenías el cuidado de no abrirla a cada momento y te bañabas con agua fría, a menos que, siguiendo el consejo del líder, pusieras a calentar una olla de agua para luego bañarte con totuma, cosa que podías hacer gracias a que la cocina era a gas y no eléctrica.

Además, habiendo tenido hace años noticia de un Informe Técnico donde se anunciaba que podía ocurrir lo que está ocurriendo con la falta de energía eléctrica, me había comprado y hecho instalar una planta electrógena, alimentada con diesel, que me permitía superar cualquier falla de suministro.

Claro, hoy pienso que el problema sería conseguir diesel, porque también se ha hecho escaso.

En el apartamento la cosa es más complicada, porque si “se va la luz”, para entrar al estacionamiento no sólo tienes que empujar un enorme portón que pesa más que un remordimiento, sino que te enfrentas luego a un sótano oscuro como el futuro económico, pidiéndole a Dios que no te estén esperando para atracarte. Después, tienes que echarle piernas a un montón de pisos por escaleras, cargando las bolsitas del mercado con lo que se conseguía ese día, que casualmente incluye un tobito de jugo y otro de leche, para hacerlo más pesado. Cuando llegas arriba estás, como dicen en Cumaná, más sudado que tapa de olla. Como es de noche, no puedes ver cuál es la llave de cada una de las siete puertas que tienes que franquear para llegar a la sala de tu apartamento, y menos aún la ranura de cada cerradura, así que vas tanteando hasta que la pegas.

Una vez dentro, el saludo es “Hola mi amor. El tanque del edificio no tiene agua, y si llega no la pueden poner porque obviamente el hidroneumático no funciona, como tampoco la bombita del tanque ese que metiste en el closet del cuarto de servicio. Y habrá que comerse un sanduchito frío porque la cocina es eléctrica y tenemos dos meses esperando que Pdvsa GAS venga a instalar el servicio, para poder cambiarnos a una cocina a gas que nos permita reducir el consumo de electricidad, como lo pide el simpático Voltio a través de la televisión.”

Entonces, amigo lector, ¿Me podrá explicar Ud. qué es lo que está pasando?

Hasta la próxima.

Revive la experiencia del impreso online!

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