sábado , julio 31 2021
Inicio / Viajes / Equipaje / Guadalupe, una ruta a la artesanía

Guadalupe, una ruta a la artesanía

Esta población del estado Lara le da vida a la diversidad en maderas. Aquí, los artesanos unen su esfuerzo con la creatividad y se alían con la naturaleza para ofrecer creaciones auténticas y autóctonas

Texto y fotos: Adriana Ciccaglione/ @adricicca

Tiene nombre de virgen y guarda ese hálito de espiritualidad, pues sólo con llegar se respira un aire tranquilo, fresco y sereno. Guadalupe es el nombre de esta población, que reúne a cientos de artesanos. Todos y cada uno de ellos representa el trabajo, la cultura y la costumbre de una región.

Llegar fue sencillo, aunque la ubicación parece desdibujarse en el mapa. Sólo se necesitan paciencia y un poco de asesoría de algunos lugareños, quienes gustosos servirán de guía.

Quíbor es el punto de referencia. Al llegar a la plaza Bolívar de esta ciudad, retorne a la vía principal que conduce a Guadalupe. La señalización le ayudará a llegar a esta hermosa población del estado Lara.

Al arribar, los matices marrones de los diferentes tipos de maderas trabajadas saltan a la vista para dar la bienvenida.

Cují, Mora, Roble, Catán, Miguelito, Vera, Ébano, Zapatero… los nombres y tipos de maderas son tan alegres como sus colores. “Cada uno de ellos se utiliza según lo que vayamos a elaborar. Lechosas, mangos y manzanas toman vida con los tonos más parecidos que nos regala la naturaleza a través de la madera”, comenta la artesana María José Aranguren, quien tiene 25 años en este hermoso oficio.

Los creadores larenses, desde sus casas o talleres, ofrecen su propuesta más genuina, la cual luce el sello de su constancia y trabajo.

Lo único que el visitante necesitará es tiempo y disposición para acercarse a este pueblo y detallar cada una de las piezas, que bien sean decorativas o utilitarias, podrán adquirir en Guadalupe.

Detrás de Luis…

Tiene 11 años y una bicicleta, condiciones suficientes para ayudar a sus familiares y amigos a través de la promoción de la artesanía que se realiza en su región.

Si al llegar a Guadalupe un pequeño golpea la ventana de su carro y le propone acercarlo a un taller mágico, no tenga miedo. Sígalo y descubra que sus palabras son ciertas.

Luis Silva, un niño con nombre de artista, nos acercó a diferentes talleres donde se elaboran las más variadas artesanías de la región. El taller de los Saavedra-Aranguren fue la primera parada que se realizó. Allí, los turistas se detienen y entre inglés, italiano y francés, los artesanos tratan de defenderse. Los visitantes, a través de señas, van describiendo lo que desean llevarse como un recuerdo a su país de origen.

“Hace 20 años empecé en esto. Entre mi esposo y yo hacemos bandejas cuadradas y redondas. Después, comenzamos con las frutas. Es todo un proceso elaborarlas, pues se corta la madera con un machete y eso amerita fuerza. Poco a poco se le va dando forma. Hay personas que creen que son huecas, pero no, son macizas. Por eso tienen tanto trabajo”, comenta Gladys Saavedra junto a su esposo, Francisco Aranguren. Los dos tallan la madera al igual que los sueños que se hacen realidad en sus manos.

“Con gubia le hacemos las líneas y las rayas. Ya en ese momento, estamos culminando una pieza. Después lijamos, con distintos tipos de lija. Y culminamos pasándole algún tipo de cera, que le de brillo y proteja la obra”, detalla la pareja.

Comentan que piezas como el cacao, la guanabana y la auyama se llevan dos días de elaboración, debido a su complejidad. Defienden su trabajo, que es todo a mano.

Por herencia y tradición

César Yépez es hijo de Guadalupe. Nació entre los árboles frondosos, con los cuales aprendió a convivir y sacar lo mejor de ellos.

“Tengo 17 años trabajando con madera. Mi especialidad son las bandejas, pero también hago flores, pues a la gente le llama mucho la atención este tipo de artesanías. Muchas veces compro la madera en El Tocuyo o Carora, lo importante es tener una variedad de colores que cree hermosura en las piezas”, comenta César Yépez, orgulloso de su labor. Actualmente, enseña a sus hijas el oficio de la artesanía como un legado que ellas continuarán.

Al igual que César, muchos son los niños y adolescentes que sienten ese amor por la artesanía, que son herencia de una tradición. En Guadalupe, además de ser un oficio honesto, ser artesano es también la manera de ganarse la vida dignamente.

Ellos despiertan y, con su amanecer, se encuentran con esas maderas útiles, que le dan vida a las más ingeniosas figuras que nacen de la creatividad propia de los larenses.

Al preguntarle al pequeño Luis Silva qué lo motiva a llevar a los visitantes a los talleres artesanales, responde sin titubeos y con naturalidad: “Promover el turismo en mi región. Que las personas que vengan, sepan y conozcan lo que aquí hacemos. Por eso me doy unas vueltas por la entrada del pueblo y, con mi bicicleta, los voy guiando a los talleres y hogares donde se hace la artesanía”, manifiesta el pequeño, quien desde ya es un verdadero promotor cultural.

A mano y con máquina

Los procedimientos han cambiado. Algunos artesanos siguen haciendo sus piezas a mano. Otros han evolucionado y se ayudan con máquinas, para darle otro acabado a las obras. Mientras que hay algunos que expresan que lo único que necesitan es madera, un cortante, lija y la buena voluntad de trabajar, hay otros que van más allá.

Valentín Aranguren es un artesano de los de antes que incorporó la mecánica a su trabajo. “Sobre todo con las cajitas y los floreros, me ayuda mucho la parte mecánica. Eso no le resta valor a la labor artesanal. Con las máquinas, podemos mezclar varios tipos de madera”, comenta Valentín Aranguren.

Por ejemplo, si es una bandeja que tiene madera Miguelito -clara- y Curarí -oscura-, se hace una panela con pegamento. Allí se van colocando los dos tipos de madera. Hay que tener una máquina para perfeccionar el corte y que sean exactas las medidas. Luego pasan al torno y los artesanos le van dando la forma que desean.

Para Aranguren, las cosas han cambiado definitivamente. Esas cajas y cofres de dos y tres colores necesitan de la ayuda de las máquinas.

“Corto la madera con la motosierra, después saco las tablas en el disco y éstas son vueltas a tallar en la ingletadora. Con la lija eléctrica las pulo y después le doy una pulitura a mano, para que quede más brillosa. Ese es el paso final”, comenta Aranguren mientras elabora sus nuevas piezas.

reviva la experiencia del impreso online

Revisa Tambíen

Hacedores de país, mundo e imagen del artesano ancestral

  La Fundación ArtesanoGroup reeditó el libro Hacedores de país, mundo e imagen del artesano …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.