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Funchal, belleza privilegiada

Uno de los lugares más atractivos de Portugal

La capital de Madeira, con un encanto especial, acoge a sus visitantes con su arquitectura antigua, paisajes exuberantes y una gastronomía deliciosa como pocas en el mundo. Es un destino a tomar en cuenta para sus próximas vacaciones

Por Débora De Sá Tavares

Cada país en el mundo tiene su encanto y cada ciudad que visitamos nos deja un sabor particular en la boca, plagado de olores y experiencias que luego nos llevaremos a casa para compartirlas con los más queridos o para guardarlas por siempre en un espacio privilegiado de nuestra memoria.

Hay lugares que nos recuerdan a otros y que evocan espacios que ya hemos recorrido antes. Sin embargo, sólo unos pocos pueden considerarse como únicos, y la isla de Madeira, en Portugal, es uno de ellos. En un país como Venezuela, donde la influencia portuguesa es notable, quizá muchos ya han oído hablar de este lugar, pero Madeira -y en particular su capital Funchal- guarda una magia especial, aquella que atrapa a sus visitantes y los hace regresar una y otra vez: no por sus exclusivos museos o sus particulares sitios emblemáticos en la historia universal, sino por la calidez de su gente, la belleza de sus paisajes y la delicia de su gastronomía, elementos sencillos pero necesarios a la hora de viajar. Descubra qué es lo que esconde la capital madeirense y anímese a conocer un pedazo privilegiado de Europa.

Naturaleza y arquitectura en perfecta armonía

Cuando se habla del verano europeo, dos palabras se imponen enseguida: calor y muchedumbre. Sin embargo, Funchal puede ser uno de los pocos lugares donde esta regla tiene su excepción. Durante los meses más cálidos del año, las temperaturas se mantienen muy agradables; así mismo, es difícil conseguir grandes muchedumbres caminando por sus calles. Si por casualidad añora Venezuela, puede respirar tranquilo, pues en esta isla lo que abundan son los paisanos: la mayor parte de inmigrantes portugueses en el país, provienen de esta tierra insular.

La arquitectura de la ciudad consigue atrapar fácilmente a los visitantes, que pueden pasar un largo rato admirando una edificación gubernamental, una iglesia o una casa cualquiera, con la única finalidad de disfrutar palmo a palmo de lo que ven. Esto no deja por fuera a los amantes de la naturaleza, que pronto encontrarán su espacio en una ciudad donde lo verde se encuentra en equilibrio con el concreto.

Un lugar imperdible es el Jardín Botánico de Madeira, un espectáculo de flora y fauna creado en lo que alguna vez fue el jardín privado de la quinta Bom Sucesso. Localizado en las afueras de Funchal, bien vale la pena el viaje: sus exuberantes jardines y sus más de 2.000 especies de plantas, junto a una gran variedad de aves, hacen del recorrido un momento de tranquilidad y escape perfecto para realizar el tan necesario contacto con la naturaleza. Y si de captar buenas fotografías se trata, este es el lugar indicado, pues desde cualquiera de las terrazas del parque se pueden apreciar geniales vistas del puerto de Funchal, el cual también constituye una parada obligatoria durante el viaje. Visitar el Jardín Botánico cuesta 3 euros por adulto. Los niños hasta los 6 años no pagan y los chicos de 7 a 18 cancelan sólo un euro, lo que permite la entrada al parque y al interesantísimo Museo de Historia Natural, una experiencia imperdible.

En cuanto a construcciones antiguas se destacan la Catedral de Se, construida en 1514; la Fortaleza de Santiago, que data del siglo XVI y dentro de la que se encuentra un atractivo museo de arte contemporáneo, y el Convento de Santa Clara, otro hermoso lugar de la zona.

Como en la mayoría de las ciudades, el centro de Funchal es el que guarda mayor atractivo para los turistas. Sus edificaciones como atrapadas en el tiempo captan de inmediato la atención de los visitantes. Un lugar imperdible para muchos es el Centro de Historia de Madeira, en el que podrá descubrir todo acerca del pasado de la isla.

En el centro de la ciudad es obligatorio visitar el Parque Almirante Reis, donde una vez más lo natural y lo hecho por el hombre se vuelven a unir equilibradamente. En este lugar tendrá la oportunidad de subirse al maravilloso teleférico de Funchal y hacer un recorrido de 15 minutos para llegar al encantador poblado de Monte, donde los increíbles jardines y las bellas y simples construcciones, como la iglesia de Nossa Señora do Monte, se mezclan con el reto y la diversión principal de este poblado: realizar el descenso hasta Funchal en una cesta. Suena extraño, pero en realidad es bastante divertido. Los turistas suben a una cesta de mimbre instalada sobre un soporte de madera, que recuerda a un trineo, y en manos de un experto conductor realizan el descenso por la montaña en unos 10 minutos, añadiéndole un poco de adrenalina a este maravilloso viaje.

Un mundo de variados sabores

Se puede decir mucho de Portugal, pero si hay algo que la ha hecho famosa es su gastronomía. No hay un solo rincón en esta nación donde la comida no sea un placer dedicado a los más privilegiados y, por supuesto, Madeira no es la excepción.

Como buena isla, los productos del mar juegan un papel importante, en particular los platos a base de pez espada, bacalao y mariscos como los langostinos. Si se considera un adicto a la carne, hay dos platos que no puede dejar de probar: la carne en vinha de alhos, una suculenta porción de cerdo adobada con diversas especias, donde el vino y el ajo se hacen sentir en cada bocado, y el que para muchos es el clásico de la zona, la espetada, un pincho de carne, pollo o ambos acompañado del inigualable bolo do caco, un pan realizado a base de trigo y batata que, untado con mantequilla o queso, resulta toda una delicia. Este plato es particularmente conocido en Venezuela, siendo uno de los más famosos de la zona entre los venezolanos.

El vino característico de Portugal es el de tipo “verde”, más suave que el blanco: es una especialidad que sólo encontrarás en ese país y que bien vale la pena probar.

Además, resulta muy importante que sepa que las raciones de los platillos son bastante grandes, por lo que siempre es recomendable asegurarse de pedir porciones para una sola persona. De lo contrario, pasará varios días comiendo lo mismo. A diferencia de otros países como Francia, o de ciudades como Barcelona, salir a comer en Madeira es bastante asequible. Muchos buenos restaurantes cuentan con precios módicos, ni hablar de aquellos pequeños lugares al estilo “tasca”, donde puede probar ricas entradas y disfrutar de todas las maravillas locales.

Si desea conocer Europa sin formar parte de una multitud de turistas desorientados, entonces no pierda la oportunidad de ser testigo de los bellos paisajes y las hermosas calles de Madeira y su bella capital, Funchal, una experiencia que de seguro le dejará un muy buen gusto en la boca.

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