viernes , enero 14 2022

Enfermo de humorismo

Claudio Nazoa: Humorista

Por Carlos “Caque” Armas
@caquetorta
Foto cortesía de Claudio Nazoa

Zapata es para los humoristas venezolanos lo que Buda es para los budistas. Muchos de sus colegas han dejado a un lado sus teorías sobre la definición del oficio para apegarse a la suya. Claudio, la suscribe: un humorista es un enfermo mental

“El humorista está imposibilitado para ver la realidad tal cuál es. No puede ver ninguna situación, por más seria que sea, sin distorsionarla. No porque él quiera hacerlo, sino porque es un enfermo mental, y no puede hacer otra cosa más que ver las cosas como no son. Lo certifico. Por eso a mí me parece imposible que un humorista se haga. Si tu eres normal, no puedes ser humorista. Podrías ser ingeniero o médico, cualquier cosa, pero el humorista está enfermo, por eso nunca podrá ver la realidad tal cual es”.

– ¿Cuándo te diste cuenta que estabas enfermo?

– Todo empezó con mi nacimiento. Con esta cara, este cuerpo, ¿qué más iba a hacer? Ricky Martin, Luis Miguel, nacieron para ser cantantes y galanes. Yo no. Esto es una cosa natural. Tú le puedes preguntar a cualquier humorista del mundo y siempre, siempre te dirán que desde la infancia tenían algo, una actitud ante la vida, una capacidad de ser los payasos del salón, los cuenta chistes en las fiestas. Todos podemos tener estilos distintos, pero los orígenes son siempre los mismos.

– Tu papá, Aquiles Nazoa, fue uno de los humoristas más famosos de Venezuela. Aún es de los más recordados. ¿Crees que en tu caso es un mal hereditario?

– Mi papá era más serio que un revolver en su vida cotidiana. Claro, tenía su sentido del humor, pero no era un comediante específicamente. Era una especie de mecenas pobre. Traía a la casa a cualquier artista que no tenía dinero pero sí talento. Por mi casa pasaron muchas personas famosísimas, todos pelando en esa época, pero llenos de imaginación. De una u otra forma, me fui nutriendo de esa cosa.

– ¿No hubo forma de corregirlo mientras eras un niño?

– La vida poco a poco te va llevando a ciertas cosas. Yo, estuve muchos años haciendo títeres y marionetas. En los años ochenta, un grupo de gente bajo la batuta de Ben Amí Fihman fundó un grupo que se llamó SRL: Sin Responsabilidad Limitada. Con él empezamos a darle forma al movimiento del Stand Up. Íbamos a un sitio que se llamaba Le Group y hacíamos un show. Yo llevaba mis marionetas y era complicadísimo, necesitaba un asistente. Pronto me di cuenta que el público gozaba más con lo que yo decía que con los muñecos. Poco a poco fui eliminándolos, empecé a cargar menos peroles, empecé a hacer mi rutina. Terminó gustándome la cosa. Todo fue muy natural, nunca me dije: voy a hacer un curso de esto, o voy a ser gracioso a partir de mañana.

– ¿Y cómo se vive de eso?

– Mi papá decía que el que escribe para comer, ni come ni escribe. Sacarle provecho a eso que uno hace, parece mentira, pero no lo decide uno. No podemos ponerle un precio a nuestro trabajo, eso lo decide el público, el mercado que te va a contratar. Yo nunca me plantee que iba a ganar mucho o poco, yo cuadro normal, puedo vivir de lo que hago. Lo que he sido es constante, nunca me salí de la cosa y hasta cuando ha sido mala, yo seguí.

– Pero también es cierto que hay mucho humorista que a pesar de la constancia, no termina de levantar vuelo. ¿algún consejo?

– Sí. Como humorista tú no puedes decir: vamos a encerrarnos en esto… Ese es el error. Yo creo que hay que estar abierto a las cosas que pasan. Es feo decirlo, pero si hay algo de éxito en mi trabajo, en el de Laureano, el de Emilio y los que estamos más o menos conocidos aquí en Venezuela, es que la gente nos llama y nos pide cosas especiales. Te dicen, mira, yo tengo una empresa que trabaja con cauchos, ellos llaman y te dicen: “mira, tu podrías inventarte algo con los cauchos”. Tu comienzas inmediatamente a trabajar algo que tenga que ver con cauchos que sea divertido para el público y que a la vez venda. Ese creo que es el secreto que le falta a muchos nuevos. Que se encasillan en una sola cosita que les salió bien y les da miedo probar más allá. Y es lógico, cuando haces algo que funciona, te quedas pegado allí.

– ¿Y qué pasa cuando ya las risas no aparecen más?

– Si tú eres un cómico, tienes un objetivo en la vida: hacer reír a la gente. Los pedantes que se creen humoristas dicen: “no es que yo hago meditar al público, que a la gente le quede un mensaje”. Los que se ponen en eso, la gente de seguro no se va a reír. Eso es como hacer el amor mal, un hombre o hace las cosas como es o queda en ridículo. Igual es el humorista. Tú no puedes decir: “no, se medio rieron, es que hacía calor, no había luz…” Eso no le importa al público, el público es fuerte, exigente, eso es lo difícil. Tú te paras ahí y si la gente se ríe, ellos son felices. Si no se ríen, eres un fracaso, aunque seas bueno.

¿Te acuerdas aquel dicho que dice, “es mejor caer en gracia que hacerse el gracioso”? Eso es perfecto. Hacerse el gracioso sin serlo es horrible.

– Con tantos años “enfermo de humor” debes haber tenido malos momentos.

– Claro. Hasta al mejor de los humoristas le pasa alguna vez. Puede ser que aunque eres bueno, algún día te coge el toro. Pero si todos los días fracasas, es que no sirves para esto, tienen que buscar otra profesión. En esto hay que reinventarse constantemente. Con un cantante, por ejemplo, la gente quiere escuchar su canción una y otra vez. En cambio los chistes se acaban rápido, a excepción de los que echan genios como Emilio Lovera, que los echa tan bien echados, que ya no te importa el final porque te has reído desde que comenzó.

– ¿Es peligroso entonces ser humorista en Venezuela?

– El humor siempre es un arma de doble filo. Por eso el humorista debe siempre hilar fino. El humor está siempre como en una cuerda floja. El humor y el amor, se parecen un poco al trabajo del equilibrista. Mientras más posibilidades tengas de caerte, más emocionante es para el público que te está viendo. ¿Tú vas a un circo, por qué? por ver un tipo que está montado en esa cuerda y uno en el fondo, quiere que ese hombre se mate. Por eso es que uno paga la entrada.

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