martes , enero 18 2022
Ilustración Ugo Ramallo

El pixel con sangre entra

Ilustración Ugo RamalloPor Ulises Milla

El libro de formato electrónico abrirá las puertas a cientos de miles de escritores que hoy ven sus aspiraciones obstaculizadas por los canales tradicionales de edición y distribución. En 2034 se habrán disipado todas las especulaciones sobre la necesidad de mantener o no vivo al libro impreso. Viviremos con naturalidad entre obras literarias que circularán alternadamente en formato impreso y electrónico.

Durante los próximos 25 años veremos un crecimiento exponencial en la publicación de obras literarias, sea cual sea su género. Del print on demand probablemente pasemos al publishing by yourself. Cualquier individuo con básicos conocimientos de los programas de edición estará en capacidad de colocar en la red su obra literaria,

lista para ser adquirida por millones de lectores potenciales en los megaportales dedicados a la venta de contenidos.

Con el advenimiento del publishing by your self, la red se verá inundada por enormes cantidades de libros chatarra que hoy, a duras penas, son recibidos por muchas editoriales sin derecho a devolución y respuesta. Sin embargo, los nuevos canales de producción y distribución estarán al alcance de todos, abriendo una posibilidad cierta para nuevos y potentes talentos de la literatura que de otra manera no verían sus obras publicadas jamás: La conjura de los necios de John Kennedy Tool, ese clásico freak de los ochenta, probablemente hubiera visto la luz mucho antes de que el rechazo sistemático por parte de las editoriales, hiciera que el autor optara por la autoeliminación.

Habida cuenta de la rapidez con que se están desarrollando los dispositivos de lectura, es de suponer que dentro 25 años tendremos lectores muy sofisticados y absolutamente funcionales para la visión humana. Probablemente tengan una pantalla doble unida por una bisagra, que simulará la doble página y se cerrará al medio igual que el formato tradicional de papel. El desarrollo de la tecnología conocida como tinta electrónica (e-ink) nos permitirá leer sobre pantallas de alta resolución y la diferencia entre la letra impresa y la digital será imperceptible para el ojo. El kindle y otros lectores que hoy se comercializan serán sólo arcaicos prototipos que recordaremos con la ternura que inspira la sensibilidad retro.

Podemos asegurar entonces que la mayoría de los libros vendidos durante las fiestas navideñas de 2034 serán e-books. Los libros escolares, técnicos y de ensayo serán los primeros en ser fagocitados por el nuevo orden editorial. Los lectores electrónicos ofrecerán herramientas muy sofisticadas para realizar anotaciones, marcas, búsquedas específicas dentro de la obra, consultas con obras relacionadas e interconexión en tiempo real con sitios de la red que nos permitirán enriquecer la lectura en curso. El libro abandonará la quietud del papel para convertirse en un nodo más de la gran red mundial de información y conocimiento.

Pero no toda la literatura será binaria en 2034. Es posible que el género de la ficción resista por más tiempo la embestida digital, convertido en objeto de culto por un mercado cautivo dispuesto a pagar dos o tres veces el precio de su versión digital. Para ese entonces, muchos de nosotros, víctimas del hábito —y la nostalgia— seguiremos leyendo libros analógicos. A diferencia de lo que ocurre con la música, cuyo disfrute estético es puramente abstracto, pudiendo prescindir del formato que la contiene y el aparato que la reproduce, la esencia del libro —el texto— es inseparable del dispositivo que lo alberga.

Por último y en contraste con algunas teorías apocalípticas que circulan en torno a la posibilidad de que tanto libreros y editores quedarían fuera de la cadena trófica del libro, consideramos razonable para 2034 visualizar un escenario donde las editoriales y librerías seguirán existiendo como unidades de negocio que organizarán, comercializarán y promocionarán las obras y sus autores. El mundo de la producción literaria demandará nuevas ideas y visiones que articularán un nuevo orden editorial, independientemente de los soportes que se utilicen para almacenar contenidos y de sus canales de distribución y venta.

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