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El misterio del tiempo

Desde que el hombre existe, el tiempo ha sido un enigma para los astrónomos, matemáticos, astrofísicos, sacerdotes, reyes y todos los que han necesitado contar los días que faltan para la siguiente cosecha, calcular cuándo hay que pagar los impuestos o determinar el momento exacto de realizar un sacrificio para calmar a un dios colérico. Para el terrícola primitivo, era una sucesión confusa de días y noches que le advertía la existencia de fenómenos de carácter cíclico. ¿Cuándo comenzó el tiempo? Según los científicos, hace unos 15 mil millones de años cuando se produjo el fenómeno cósmico llamado Big Bang o gran estallido, que dio origen al universo. Pero si fue así, ¿debemos suponer que antes no existía el tiempo? o lo que es lo mismo, no existía nada. Ante la confusión, desde la antigüedad el hombre se pregunta: ¿Qué es el tiempo? ¿Existe en realidad? ¿Cuál es su forma? ¿Es constante y eterno, o cambiante y efímero? Según algunos autores, es la sucesión del pasado, del presente y del futuro. Lo curioso es que ni el pasado, ni el futuro son. Entonces sólo queda el presente, un instante que no deja de dejar de ser y que continuamente desaparece entre dos nadas, sin casi duración. Vale decir que en cuanto al presente, lo que hacíamos hace apenas un instante ya es pasado y deja de ser, para pasar a convertirse en un recuerdo. Lo inexplicable es que el tiempo nunca deja de fluir, siendo ese su gran misterio: el presente deja continuamente de ser, sin que por eso desaparezca. Es decir, deja de ser, pero sigue siendo. Un flujo eterno, que desaparece en un instante y es imposible de atrapar. Y en cuanto al futuro, no es sino una mera posibilidad que simplemente no es. Podemos ir todo lo rápido que queramos, pero nunca saldremos del presente, ni, por supuesto, del tiempo que está tan lleno de misterio que si el presente no se convirtiera en pasado, no sería tiempo, sino la eternidad. Si el presente, para ser tiempo, ha de convertirse en pasado, ¿cómo podemos decir que es, si sólo puede ser cesando de ser? Imaginemos por un momento un universo sin vida de ningún tipo ¿Qué sería entonces el tiempo? ¿Un presente sin pasado y sin futuro, en el que sólo tiene sentido el concepto de espacio? ¿Existiría el tiempo si no existiera el hombre? ¿Es el tiempo parte del mundo o por el contrario sólo existe en nuestra subjetividad? De este modo, su inevitable paso ha preocupado al hombre; bien por su trascurrir, bien por el envejecimiento que ello produce en su organismo. De allí que comienza a preocuparse por el tiempo después de hacerse adulto, puesto que sabe que cada fracción de segundo que pasa es menos tiempo de vida que le queda. Desde el punto de vista biológico, todos los ritmos naturales que afectan nuestra vida se encuentran regulados por el tiempo, por lo que su duración se mide a través de los movimientos de las agujas del reloj. Pero el valor del tiempo físico varía según miremos el pasado o el futuro. Observemos este ejemplo: para el reloj que mide el día de un niño, la duración de ese día es igual al de sus padres, pero en realidad esas 24 horas representan una pequeña fracción en la vida futura del niño y una muy grande en la de sus padres. Antiguamente, los griegos representaban al tiempo como un río, “donde todo se haya sometido a un proceso de cambio”. De allí que el filósofo Heráclito afirmara: “La existencia del hombre constituye un flujo en movimiento. No puedes bañarte dos veces en la misma agua de un río, pues la que fluye sobre ti es siempre nueva”. ¿Seguiría corriendo el tiempo si no existiera nada en el Universo? Si todo se detuviera, si no ocurriera nada, ¿continuaría el tiempo? Es posible que el tiempo no exista realmente y que sea sólo una fantasía representada en nuestra mente por un artefacto que mide nuestra evolución biológica. Sería por ello que Platón señaló: “El tiempo es una idea abstracta”. Cuando le preguntamos a alguien qué es el tiempo, en la mayoría de los casos obtenemos las más diversas respuestas pero ninguna lo define correctamente. Así, desde la extendida imagen del río como metáfora de su naturaleza, hasta la imagen móvil de la eternidad, el recorrido ha sido largo, aunque de muy errática trayectoria, por lo que preferimos quedarnos con la que pensamos lo describe mejor: “El tiempo es un enigma del que estamos hechos y una presencia desconocida donde nos imaginamos siendo”. Ante el misterio cabe preguntar: ¿Fue Dios un ser generoso con el hombre al crearlo inteligente y pensante, pero a la vez temeroso del paso del tiempo, cuando a los animales irracionales los liberó de tal preocupación?

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