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El Cuarteto


Por Alfredo Churión D.

La música popular venezolana ha tenido períodos de verdadera relevancia en cuanto a aceptación masiva, en distintas épocas. El primero de ellos sucede a mediados de la década de los cincuenta y hasta principios de la década siguiente, cuando nombres como los de Juan Vicente Torrealba, Chelique Sarabia, Hugo Blanco, Simón Díaz, Adilia Castillo, Mario Suárez, Rafael Montaño, Héctor Cabrera y algunos más se convierten en verdaderos consentidos de nuestro público, dejando creaciones que con el paso del tiempo se han convertido en referenciales.

El advenimiento de nuevas corrientes musicales dedicadas específicamente a la juventud acorraló de alguna manera a nuestra música, por lo que debieron pasar algunos años para que nuevamente gozara de plena aceptación. Es entonces, en 1974, cuando el surgimiento de un solista como Gualberto Ibarreto y de una agrupación como Un Solo Pueblo —ambos con sorprendente vigencia— haga que Venezuela vuelva su mirada con complacencia hacia nuestras manifestaciones típicas.

Es a finales de esa misma década cuando, repentina e inesperadamente, surge una nueva camada de autores e intérpretes quienes, en cierta medida, definirán lo que algunos estudiosos llaman “el canto llanero urbano”. Nombres como los de Reyna Lucero, Cristóbal Jiménez, Freddy Salcedo, Francisco Montoya, Jesús Moreno, José Alí Nieves y, muy especialmente, Reynaldo Armas, se hacen dueños de las listas de éxitos en Venezuela. Vale recordar además que, a través de todos estos años, la presencia de Simón Díaz en el inconsciente colectivo del público ha sido prácticamente constante.

Puede ubicarse en esta época el surgimiento de un grupo que trae una nueva visión de la música típica venezolana. Una visión en cierta forma más apegada a lo académico, faceta que había sido explorada años atrás por maestros como Antonio Estévez, Antonio Lauro, Vicente Emilio Sojo y —algunos años después- Aldemaro Romero, aunque sin alcanzar niveles de verdadera popularidad.

Este grupo al que hacemos referencia se llama Raíces, y en palabras del Maestro Miguel Delgado Estévez, miembro de El Cuarteto, en una entrevista concedida al diario El Periodiquito en 2005: “El grupo Raíces es anterior a nosotros. La diferencia es que mucha gente ha visto a nuestro grupo como decano de agrupaciones instrumentales. Eso de decano se refiere a la dotación instrumental, porque es la primera vez que aparece la flauta como instrumento de viento dentro de un ensamble de música venezolana. Había habido algunos intentos por allí, pero no pasaban de eso. Nosotros logramos un ensamble y una propuesta estético-musical que ya va por 26 años”.

Es así como con las sencillas intenciones de “grabar un disquito para cuando estemos viejos y así poder mostrárselo a nuestros hijos” han llegado a constituir de alguna manera y, en sus propias palabras, una especie de franquicia. “Si nosotros hubiésemos sabido todos los grupos que se iban a derivar luego de nuestra propuesta estético-musical, estuviéramos más o menos con los bolsillos resueltos”.

En septiembre de 1979 brindaron su primer concierto en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela y desde entonces no han parado, causando admiración y respeto no sólo al público venezolano, sino a admiradores en las más recónditas latitudes.

Integrantes

Desde sus inicios, El Cuarteto está formado por dos pares de hermanos. Originalmente, Miguel y Raúl Delgado Estévez y José Antonio y Pedro Naranjo conformaban el grupo, siendo el último sustituido en el contrabajo por su hermano Telésforo, hace aproximadamente 19 años.

Miguel Delgado Estévez

El guitarrista y cuatrista de la agrupación, al igual que su hermano Raúl, nace en la ciudad de Calabozo, en el estado Guárico. Es miembro fundador de la agrupación Promúsica y guitarrista y director del grupo de música instrumental Los Anauco, así como acompañante de diversos artistas como Conny Méndez —en cuatro discos impagables que están pidiendo a gritos su reedición en formato de CD-, Morella Muñoz, María Teresa Chacín, Simón Díaz, Lilia Vera, Cecilia Todd y Esperanza Márquez, entre otros.

Ha sido productor y director general del micro programa Lo Tradicional de Nuestras Generaciones, de los Festivales Regionales de Industrias Pampero y en los Festivales Nacionales de Empresas Polar, en la celebración de los 50 años de la empresa.

Creó música para teatro a través de las agrupaciones Teatro Universitario, El Chichón y para el Festival Nacional de Teatro, mientras que en el cine su música sirvió de apoyo al documental La Fauna Llanera, de la serie Cuadernos Lagoven.

Ha ejercido labores docentes en la Fundación Padre Sojo y en el Instituto Universitario de Estudios Musicales (Iudem), y se ha desempeñado como Gerente de las empresas Creamusic y la disquera Sonográfica.

Pocos, muy pocos, saben que los inicios musicales de Miguel Delgado Estévez fueron a través de un grupo de rock denominado Los Clippers, con no pocos méritos a la hora de hablar de la historia del género en Venezuela, pues fueron creadores de la música de la infame Twist y Crimen, una olvidada película destinada a aprovechar el éxito del, por entonces en boga, twist.

El propio Miguel, en la entrevista aludida, lo recuerda así: “Eso fue de muchacho en el liceo. Algo que ocurrió en esos años párvulos. ¿Y quién no estuvo influenciado por esos ritmos en aquella época? Hoy en día no me queda nada de aquella influencia. Pienso que en aquella época se hizo más por seguir una moda que por una propuesta estético-musical. Hoy hay propuestas de este estilo que son increíbles. No soy consumidor de estos estilos, pero los escucho por uno de mis hijos que, aparte de su carrera universitaria, estudia música y le encantan estas nuevas propuestas. Para hacer esas cosas no puedes ser un tirapiedras como éramos los rockeros de entonces. Son cosas de altísima factura”, sentencia.

José Antonio Naranjo

Con un impresionante currículum que incluye estudios en la escuela Superior de Música, en el Conservatorio Lino Gallardo y estudios durante cuatro años en París en la especialidad de flauta, el caraqueño José Antonio “Toñito” Naranjo comparte su actividad en El Cuarteto con otras labores, como el ejercer la Presidencia de la Orquesta Filarmónica Nacional y de la Compañía Nacional de Música; la docencia de su instrumento en diversos conservatorios venezolanos y la creación de distintas agrupaciones como el Quinteto de Vientos de Venezuela, el Trío de Cámara Bellas Artes y el Quinteto de Vientos Latinoamericano.

Podría calificarse como un niño prodigio, ya que a los 14 años toca su primer concierto con la Orquesta de la escuela Superior de Música, bajo la dirección del Profesor Evencio Castellanos. Sin embargo -y es otro dato poco conocido-, dos años antes había plasmado su primera intervención discográfica en un disco que, a la postre, sería uno de los claves en la historia del rock hecho en Venezuela: Noches de Blanco Satín del grupo Los Memphis. “Bueno, de verdad fue una experiencia notable para mí. Mi vida ha transcurrido entre la música venezolana y la música académica. En ese momento tuve ese contacto a través de Jesús Ignacio Pérez Perazzo, director de la Orquesta Venezuela Pop, en donde yo tocaba. Me escucharon los hermanos Spiteri y yo sólo tenía 12 años. Me pidieron que tocara ese solito y resulta que ese pedacito de música fue un exitazo en la época. Yo no conocía ni las guitarras eléctricas, y esa era música que en aquellos momentos estaba invadiendo nuestros espacios.

“Entonces comenzamos a tocar en vivo. Y el Teatro París y el Municipal, en donde nos presentamos, quedaron hechos añicos. Fue un desastre que después se repitió en el Aula Magna y yo de allí salí asustadísimo, tan asustado que dije ´debut y despedida´ y hasta el sol de hoy no toqué más esa música.”

Raúl Delgado Estévez

También poseedor de un impresionante currículum musical que incluye estudios por cinco años en diferentes instituciones francesas. Director de diversas agrupaciones corales -entre ellas el excelso Orfeón Universitario- premiadas en concursos realizados en Suiza, España y Grecia.

-Aparte de tocar el cuatro, tiene mucha experiencia en la parte vocal. ¿Ha sido director de varios orfeones?

-Sí, esa en realidad es la especialización que me tocó en suerte asumir desde los primeros años de mi vida. Para muestra un botón: estuve al frente del Orfeón de la UCV por más de 23 años. Eso te habla un poquito de la pasión, el deseo y las ganas de hacerlo.

Telésforo Naranjo

Caraqueño, estudiante de la Escuela Superior de Música bajo la tutela de nombres tan importantes como los de Inocente Carreño, Vicente Emilio Sojo, Eduardo Plaza y Primo Casale. El contrabajo, su instrumento en el grupo, es su pasión. Así lo manifiesta:

-¿Por qué escoge un instrumento tan duro como el contrabajo?

-Papá era contrabajista y Pedro, mi hermano, también lo es. El contrabajo siempre ha sido parte de nosotros. Toñito escogió la flauta porque él nació flautista, si no, hubiera estudiado contrabajo también. Yo amo el violoncelo, pero lo primero que vi en mi casa fue un contrabajo.”

-¿Algún contrabajista que le haya influido? ¿Oye jazz?

-Sí lo oigo, pero no soy muy seguidor. Hay unos contrabajistas que son para morirse, con una técnica extraordinaria, pero yo me he dedicado a estas dos áreas, la sinfónica y la venezolana. Así como los jazzistas son entregados al jazz, yo lo soy a nuestra música. Aunque, cuando estaba muchacho, alguna vez hice mis pasantías por el jazz.

Tres producciones protagónicas, tres recopilaciones, tres coproducciones con María Teresa Chacín y una con la pianista Clara Rodríguez son aval más que suficiente para demostrar la valía de esta agrupación venezolana.

Para ver la nota original en la revista haga click.

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