lunes , junio 20 2022

Diez personajes indispensables en el tráfico caraqueño

Por Pedro Camacho

10 El viejo prematuro Acaba de aprender a manejar, por lo tanto, está completamente inmune a la viveza latente en todo conductor caraqueño que tiene por lo menos seis meses en las calles. Este individuo es el único consciente de los límites de velocidad de los canales de la autopista, aún recuerda qué significan todas las señales de tránsito (así estén grafiteadas por encima) y tiene la ingenuidad pueril suficiente como para detenerse en un semáforo por la Libertador a las dos de la mañana. Con el tiempo al volante irá agarrando confianza hasta que termine corrompiéndose completamente, si es que la misma jungla de asfalto no se lo come vivo en sus primeros meses.

Nota adicional: Se puede reconocer a distancia porque, a diferencia de todos los demás conductores, tiene las dos manos al volante.

9 La aguja en el pajar Tiene la asombrosa habilidad de saber todas las direcciones de la ciudad mientras va en el asiento del copiloto y borrar por completo su disco duro al tener un volante en frente. Suele pasar al volante dos horas al día más que cualquier otro conductor, ya que no sólo no sabe llegar a ningún lado, sino que, cuando sabe llegar, generalmente es por la vía más larga de todas, alegando que “ésta es la que me sé yo”. Tampoco posee noción alguna de cuáles son las horas pico del día, por lo que las trancas feroces (esas de las ocho de la mañana o seis de la tarde) son como su hábitat natural.

8 El asquerosito Algo para recordar: al menos de que seas un vehículo guardaespaldas de algún ministro, los vidrios ahumados al 100% no son recomendables. Por lo tanto, no debemos actuar dentro de nuestros vehículos como si nadie puede vernos, porque sí pueden y generalmente lo hacen (sobre todo durante las aburridas colas). Esto incluye tocar nuestras narices, cortar nuestras uñas y revisar nuestros dientes en el espejito del retrovisor. Parece mentira, pero existe gente que aparentemente no tienen baños en sus casas y esperan llegar al carro en las mañanas para llevar a cabo todas sus rutinas de acicalamiento. Si llegasen a sacar un modelo de vehículo con lavamanos incluido, este personaje seria dichoso.

7 El del lejano oeste ¿Alguna vez te ha pasado que ves a alguien cometer una infracción y te preguntas cómo le dieron licencia a alguien así? En el mismo tiempo que le toma al personaje 9 de la lista hacer una diligencia, este personaje ya ha hecho seis, provocando par de choques e incontables insultos en su camino. Se siente en paz absoluta manejando a 140 por el hombrillo, y cuando se encuentra algún auto accidentado en este canal se le puede oír murmurar: “De pana que hay gente loca en este país”, seguido por un insulto a gritos por su ventana. Vive por la emoción del momento, disfruta cada instante como si fuese el último (sin importarle mucho los últimos instantes de todos los demás a su alrededor). Considéralo un villano forajido de las películas de vaqueros.

6 La distraída Existe una cantidad limitada de actividades que se pueden hacer simultáneamente al manejar un carro. Maquillarse no es una. Buscar una agenda en el fondo de una cartera que se encuentra en el asiento de atrás tampoco. Este personaje puede distinguirse desde el carro de atrás porque su cabeza nunca se encuentra en una posición vertical sino más bien diagonal, buscando cosas en el asiento de al lado o buscando sencillo en la guantera para darle al malabarista del semáforo. Esto es en el caso de que se vea su cabeza, porque existen ocasiones en las que no se ve y da impresión de que el carro va manejado por fuerzas sobrenaturales o por algún duende que no llega al volante. El llamado es a alejarse de este personaje en las calles.

5 El explorador Todos los caminos que el personaje 9 conoce por error, este personaje los ha descubierto gracias a su amor por los caminos verdes. Es incapaz de llegar de un punto A a un punto B en línea recta. Su mayor orgullo es conocer 11 vías distintas para llegar de su casa al trabajo. Si bien nunca queda atrapado en una cola, probablemente pasa la misma cantidad de tiempo en el carro que si lo estuviera. Su naturaleza de explorador llega a tales extremos que, un domingo a principios de enero, momento del año con menor cantidad de carros en las calles caraqueñas, sólo se permite rodar en la autopista luego de que su esposa le arma un lío por ser tan terco. Está en contra de sus principios. Para reconocer a este personaje en un grupo basta con iniciar una conversación acerca de vallas dispuestas en la Francisco Fajardo. El que permanece callado y sólo se ríe, como quien no entiende el chiste, es el explorador.

4 El grosero De cada diez palabras que salen de su boca, cinco son groserías. Las demás son preposiciones y artículos. Probablemente salga en las mañanas con ganas de pasar un día bonito haciendo bien al prójimo, pero al cruzar la primera esquina y casi atropellar a un peatón que no cruzaba la calle por el rayado, su ira se desata en una verborrea ofensiva. Entre sus principales características se encuentra que siempre tiene una mano en la palanca o el switch automático del vidrio, algo que le permite estar alerta constantemente ante cualquier necesidad de tener que bajarlo y gritar improperios a los demás conductores. Uno de los momentos más “coloridos” de un día de tráfico caraqueño es cuando este individuo se encuentra con otro de su misma especie, generando, de esta forma, una especie de concurso de groserías que tiende a generar una larga cola de mirones y curiosos.

3 La cantante Distante lejana del personaje 8 de la lista, no tiene conciencia de que los demás conductores pueden verla cantar a todo pulmón el último éxito de Shakira. Lo más seguro es que este personaje considere que, como no pueden escucharla con los vidrios arriba, entonces no es propensa a hacer el ridículo. Pero se equivoca. El ridículo es aún mayor. Es como ver una de las audiciones malas de American Idol con el televisor en mute. En algunas ocasiones, la cantante incluye bailes o instrumentación musical mediante golpes constantes al volante, cual si fuese un tambor. A veces he pensado que todo este show es la única manera que encuentra este personaje para no quedarse dormido al volante y chocar contra un árbol o un poste. Nota adicional: Generalmente, mientras menos saben cantar, más histriónico es su performance.

2 El del carro destartalado La estela de humo negro que va dejando por su camino, el vidrio trasero quebrado por la mitad, la puerta del conductor que sólo abre con un “truquito” que incluye un destornillador y por lo menos seis golpes con el puño cerrado… ¿Quieren saber cómo reducir el calentamiento global? La solución se encuentra circulando por las calles caraqueñas, contaminando los pulmones de toda la ciudadanía. Para entender el fenómeno de estos vehículos de forma más clara, basta con montarse en uno de ellos y observar detenidamente al conductor. Suele ser gordo, mal afeitado y con tos de fumador (es como la personificación de su propio vehículo). Tiende a conservar su carrito porque tiene algún tipo de valor sentimental y jura semanalmente “arreglarle los detallitos un día de estos”.

1 El conductor de la ambulancia No existe un sonido más alarmante para un conductor caraqueño en una cola que el sonido de la sirena de una ambulancia acercándose. Sonando cada vez más fuerte. Anunciando que tenemos que hacer hasta lo imposible por quitarnos del camino, si no queremos quedar con daño permanente en nuestro oído interno. La sirena de una ambulancia nos sumerge en el mismo estado de urgencia que ella lleva, nos hace más conscientes de la fragilidad humana, nos hace entender que hay gente con verdaderos problemas y, sobre todas las cosas, nos hace retorcernos de envidia al hacernos entender que llegará a su destino rápidamente, mientras a nosotros sólo nos queda buscar personajes en los carros del tráfico caraqueño

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