martes , abril 13 2021
Inicio / Reportaje / Letras y Tiempos / Detalles de una novela

Detalles de una novela

“Estoy muy consciente de que nunca he escrito nada sino ficciones. No quiero decir, sin embargo, que la verdad está, por lo tanto, ausente. A mí me parece que existe la posibilidad para que la ficción funcione en verdad. Uno ficciona la historia sobre la base de una realidad política que la hace verdadera, uno ‘ficciona? una política inexistente todavía sobre la base de una verdad histórica”. Michel Foucault Texto y Fotos: María Ángeles Octavio — mariaoctavio@yahoo.es

Creo en el enfoque postmodernista de Foucault, con respecto a la historia y a la ficción. Nunca he leído un libro de historia con una pipa en la boca o sentada en un sofá inglés tipo chester. Para mí la historia no merece más seriedad que la ficción, por cuanto las considero hermanas. Desde el instante en el que alguien, sea el protagonista de los hechos, o un testigo o el relator, narra, le pone algo o mucha subjetividad a lo que cuenta, esto inmediatamente deja de ser la verdad de lo que pasó y entra en el maravilloso mundo de la ficción. Para mí la historia es la hermana dura, aquella que se cree que tiene razón y no da su brazo a torcer, la ficción es la hermana divertida y con quien conversar se hace un deleite.

Sumario es la última novela de Federico Vegas Pérez, editada por Alfaguara. Vegas es un escritor de amplia trayectoria en Venezuela y con un reconocimiento importante dentro del mundo de la literatura venezolana.

A mi juicio Sumario va más allá de la desconstrucción y reconstrucción de un documento que recoge los hechos que ocurrieron antes, durante y después del magnicidio del presidente Carlos Delgado Chalbaud. Sumario crea la vida de un hombre común, Francisco Rueda, que sin este asesinato no hubiera existido. Un hombre igual a muchos que han participado en la historia o que han quedado de lado a la hora de echar el cuento. Un hombre que además representa a tantos venezolanos que dejan sus vidas a medio camino. La vida de Francisco Rueda está hecha de las sobras, del genio y los errores de una pluma, y de los retasos de las vidas de los personajes que sí existieron. Lo más trascendente que le ocurrió a Rueda en su vida, es haber participado como escribiente en estos acontecimientos y haber tenido una hija que lo impulsará a armar este rompecabezas.

Siento que esta novela es un rompecabezas de millones de piezas. Además estoy convencida de que el autor, Federico Vegas, dejó caer el rompecabezas al piso, una vez que estuvo completo, y así lo presenta, incompleto para los lectores. Nos permite a cada quien colocar algunas piezas donde sospechemos que van o tal vez para que el enigma de un sumario que nunca resolvió el caso, siga vivo dentro del mito de ¿Quién mató a Delgado Chalbaud?

No pensé que disfrutaría leyendo una novela larga que prometía narrar, a través de expedientes legales, una historia. leí Sumario con gusto, con el placer de dejarme engañar y atrapar por las pasiones, los cuentos y las formas de hablar de los personajes, con la convicción de que leía una novela que contaba mentiras con colores de verdad o verdades desteñidas por el tiempo de las mentiras.

Federico Vegas ha demostrado conocer el arte de tejer una novela con hechos y nombres reales e imaginarios. El Falke fue prueba de esto. Vegas es un escritor disciplinado, escribe por las mañanas y camina la ciudad por las tardes. Lo ha dicho muchas veces. Todos los escritores quisiéramos tener una disciplina tan férrea como la de Vegas.

¿Cómo compaginas la vida diaria con tus inquietudes literarias. Se atraviesan en tu rutina o las mantienes separadas por una delgada línea?

– Mi vida ha dejado de ser diaria, ahora la mido por novelas. Creo que me quedan unas cinco novelas de vida. Este año he vivido un octavo de novela, así que promete ser un buen año.

Y otro dato: el escritor no es nada sin una rutina que se le meta en los huesos, que se transforme en un vicio, en una perversión. Nada de líneas delgadas, hay que construir muros tan altos como en El Castillete de Reverón”.

– ¿Cómo balanceas la ficción y los hechos reales, o lo que consigues y das por reales, con las historias inventadas que cuentas?

– “Más que balancearme me monto en un columpio, donde tengo la ilusión de que una fuerza me impulsa hacia adelante, cuando soy yo quien pone el peso de mi cuerpo y algo de fuerza en piernas y manos. Lo importante es trabajar con la gravedad, con las fuerzas de la tierra. Supongo que el lenguaje son ese par de cadenas que hacen todo posible, con sus eslabones y concatenación.

– ¿Cuando te enfrentaste a un corpus de hechos reales recogidos en un sumario, sentiste que te restringías y debías permanecer apegado a los hechos tal cual ocurrieron y por eso recurriste a un personaje ficcional que pudiera contar la historia con una voz más libre?

– Fue justo lo contrario. Los hechos reales son la ficción, esas mentiras pretenciosas que tanto se jactan de ser verdaderas. Frente a tanta jactancia hay que defenderse con el juego de lo verosímil.

Podríamos decir también que la ficción es la realidad que no conocemos y una buena excusa para no enfrentar la realidad, ambas cosas. En fin, un enredo que sólo tiene sentido si el escritor y el lector se divierten.

Recuerdo que Antonio Gala decía: Me gusta que me distraigan, pero también que me traigan de vuelta. Lo cual me regresa al columpio.

– Un detective, un periodista, un inventor, un escritor. ¿Tiene un escritor que encarnar todos estos personajes cuando escribe una novela basada en un hecho histórico?

-Para evitar que la historia se convierta en histeria hace falta mucha ayuda, convocar muchos roles que sirvan de filtro, de cauce, de estímulo, de conexión.

– ¿Qué satisfacción te ha dado la publicación de Sumario?

– Quitarme de encima el manuscrito y limpiar el escritorio. Poder guardar la foto de Delgado y no ver más su cara de nostalgia. Regresar los libros de historia a la biblioteca. Empezar de cero una nueva aventura.

El resto son fatuidades iguales a la publicación de cualquier libro. La más grata es lograr que un viejo amigo de colegio no me pregunte a qué me dedico.

– ¿Fue complicado investigar acerca de un hecho que está tan cercano a nuestros días?

– Y tan distante.

Nuestros días están últimamente tan repletos, que todo ayer es lejano. La sola pregunta es ya sospechosa: ¿Cómo puede complicar las cosas la cercanía? Nuestra historia está formada por preguntas que nunca se hicieron cuando había quien las contestara.

Si se trata de conseguir una fórmula para los escritores, diría que es fácil escribir sobre los abuelos, doloroso sobre los padres y empalagoso sobre uno mismo.

En estas páginas pululan muchos nombres y vidas que dejan huella en mi memoria, cito algunos. Emiliana Rueda y su premio Polar que me recordó que mi hermano, Miguel Octavio, también ganó ese reconocimiento, Albornoz Díaz y su estravagante personalidad estomacal, Le Corbusier y los planos de la universidad para construir un mausoleo en el cementerio del Sur para Delgado Chalbaud, María Isabel Urbina y el espejo que se quiebra en el callejón hacia Chapellín para que ella enfrente esa imagen dividida hasta encontrar una nueva identidad. Sobrevivir reflejada en un espejo fracturado es una carga enorme para un solo personaje, Emilio Rueda y las historias de Francisco y sus visitas a la cárcel, los plátanos espachurrados y los rostros divisados a través del vidrio sucio y unos barrotes para comunicarse con los presos. El fiscal Sosa y su perfil de derrotado y su forma de hablar en tercera persona al referirse a hechos que él manejó directamente. Fracisco Quijano y su dominio de cualquier tema que pudiera transformarse en palabras, incluso los acuáticos y terrestres, desde tratados vulcánicos hasta la zoología del Arca de Noé. Feliciano Rueda con su caja llena de facturas de tintorería como documentos de la historia de una ciudad.

Los bisnietos sabrán cuánto costaba lavar y planchar los cuellos y puños de una camisa, cuántos números tenían los teléfonos de Caracas en 1942, que existía una tintorería en Quinta Crespo y una tipografía en San Agustín. Todos son personajes de ficción creados por Vegas, todos hasta los que tienen nombre y partida de nacimiento y de defunción como Vallenilla Lanz, El Fraile Urbaneja, Rada Silva, Bacalao Lara, Lucía Delgado, Castellanos, Llovera Paéz y tantos otros.

Es además una novela con referencias literarias desacralizadas por la pluma de Vegas. Por ejemplo, cuando Rueda le pregunta a Albornoz qué novela habría que leer para entender a Pérez Jiménez, él dice que basta con Platero y yo, al referirle a Rueda que el libro no se trataba de amor, éste le reponde que justamente era demasiado amor para un burro. O las referencias a Calderon de la Barca , Fuenteovejuna, Macbeth, Hamlet, Anatole France y tantas otras.

La verdad es que hay que leer Sumario con todos los sentidos, porque es una novela que así lo pide. Hay que ver más allá de las palabras que nos cuentan los hechos para sacarle el jugo a esta novela. Cierro citando Sumario de nuevo. “Evoco la escena que cuenta la nieta de la mejor amiga de Lucía Delgado, en la que ella y su hermana se quedan solas en el apartamento de Lucía en París y entran a una biblioteca que luce reservada y oscura, sacan un tomo y cae un pañuelo con sangre, ellas siguen hurgando y encuentran un revolver. En esa escena se dejan colar estas palabras que para mi son la clave de mi lectura de Sumario y el cierre de estas reflexiones.

Los libros esconden algo que debemos descubrir.

Revive la experiencia del Impreso On-line

Revisa Tambíen

Hacedores de país, mundo e imagen del artesano ancestral

  La Fundación ArtesanoGroup reeditó el libro Hacedores de país, mundo e imagen del artesano …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.