sábado , agosto 6 2022

De que vuelan, vuelan.

Muchos dirán que las brujas no existen. Claro está que nadie ha visto una bruja volando en una escoba, pero llaman brujas a las que leen las cartas o hacen sortilegios para retener al ser amado. No hablaré de ellas porque sencillamente no es mi propósito. Tampoco me referiré al mundo de la magia, impregnado de ilusiones tan perfectas que parecen reales y plantean un reto al escrutinio más sagaz. A menos que sea un niño, nadie creería que es posible cortar en dos partes a una persona, sin dolor ni sangre, y que además mueva los pies y sonría. Es un espectáculo divertido que requiere de muchísima habilidad, ensayos y equipos muy costosos diseñados para impresionar. Pero cuando, sin estar bebido o bajo el efecto drogas, ni enfrente de un mago, ves que un vaso estalla sin causa aparente y los vidrios quedan saltando un rato en el piso, la cosa cambia.

Las experiencias paranormales son fenómenos inexplicables desde el punto de vista científico. He escuchado relatos de personas muy serias, que señalan sucesos cuya explicación permanece en el misterio como única respuesta. Unos atribuyen a fantasmas ciertos hechos que desafían la fuerza de gravedad o a la acción del viento, como presenciar la caída de un espejo grande y pesado después de un ruido de golpe en la pared. Otros creen que hay ángeles con la misión de ayudar a quienes se hallan en apuros. Son experiencias muy agradables donde, “de la nada” aparecen personas con la solución para apagar el incendio del motor de su vehículo o le cambian el caucho en un paraje solitario de una carretera oscura al anochecer. En estos casos, esas personas se ven absolutamente normales hasta que, en un segundo de distracción, desaparecen de la vista. ¿Y qué decir de aquellos episodios donde una persona agonizante “ve” el número de su tumba poco antes de morir sin haberlo sabido antes? ¿Qué pensamos también de quienes dicen haber visto platillos voladores?

Entre los devotos de las Almas del Purgatorio, recuerdo uno que confiaba en ellos para que le cuidaran el carro estacionado en la calle y a otra que vivía sola, pero las Almas la protegían de cualquier invasor. Lo extraño en estos casos es que estos “ayudantes” se hacían visibles a los demás y no a los devotos. Hay personas que están convencidas de estar protegidas por un familiar difunto, quien según ellos, le han salvado la vida. Entre las más afortunadas están quienes no dudan ni por un instante que han recibido milagros de Dios.

A mi abuela le encantaba contar historias misteriosas. Mi cuento favorito es uno de principios del siglo XX cuando se cocinaba con carbón. Un día, se presentó una señora pidiendo trabajo como cocinera y fue contratada. Nunca quiso aceptar pago alguno hasta que, al cumplirse un año, se despidió. La dueña de la casa no quería que se fuera y le preguntó por qué se iba con tanta prisa y de imprevisto. La cocinera le contestó que acababa de pagar su castigo por haberse robado los carbones de la casa de otra señora, y en ese momento… desapareció. Hay hechos que son inexplicables para el testigo presencial. ¿Es usted uno de ellos?

Si es así, coincidirá conmigo en que “de que vuelan, vuelan”.

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