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Daniel Sarcos y Luis Chataing Separados por la televisión, unidos por el teatro

¿Quién iba a creer que en algo coincidirían el animador zuliano y el presentador del show radial De nuevo en la mañana? A decir verdad, nadie. Pero el teatro hizo el milagro y lo logró. Así que ahora, luego de haber tenido tantas diferencias —ficticias o no-, ambos decidieron montarse sobre las tablas tras considerar que era el medio más directo para expresar lo que querían decir en este momento.

Claro, tanto como juntos, no. Cada quien hace de las suyas por su cuenta. Uno, diciendo que Mi vida no es tan sensacional, el otro gritando a viva voz que Ahora me toca a mí

Por Mirelis Morales Tovar

Daniel Sarcos “No soy actor. Lo que soy es un salío”

Es un ser inconforme. Al menos, eso parece. Y es que a Daniel Sarcos no le es suficiente ser animador de Sábado Sensacional ni el presentador del Miss Venezuela. Tampoco le basta ser esposo de Chiquinquirá Delgado ni el conductor del programa La Guerra de los Sexos. Ahora, también se lanza como escritor de monólogos y actor en su propio espectáculo teatral Mi vida no es tan Sensacional, en el que contó con la dirección de Basilio Álvarez y con la pluma de Andrés Malavé. ¿Qué más querrá este zuliano?

-¿Por qué incursionar en el teatro? ¿La televisión no le era suficiente?

-Yo creo que todos los medios tienen sus ritmos y sus códigos. La televisión no te permite decir muchas cosas por la rapidez. El teatro, en cambio, es el sitio especial para uno poder estar más distendido y hablar directamente con el público. Allí no hay ningún elemento entre tú y el público, más que el aire. Y no hay una cosa más honesta que el aire mismo. Por eso, mis ganas de hacer esto. Además, me divierto mucho haciéndolo.

-¿En su caso, qué tenía que contar? ¿Era necesario ventilar que su vida no es tan sensacional?

-Ese no es mi caso. La obra trata de desmitificar a las personas que trabajan en el mundo de la televisión. La gente, por lo general, tiene una imagen de que nosotros trabajamos, en mi caso, los sábados nada más. Esto es un trabajo que a los ojos de los demás parece bastante atractivo, bastante cómodo, poco sacrificado. Y no deja de ser interesante, pero había que contarle a la gente que no siempre tenemos el control de la situación, que también tenemos una vida como cualquier otro. Creo que a través de este cuento le estoy restando un poco esa fuerza negativa que a veces tiene el rumor, el chisme mal sano, para convertirlo en un chiste y seguir adelante.

-¿Por qué tendría que ir a ver su monólogo, considerando que tiene menos experiencia teatral que otros artistas?

-No tengo menos experiencia. En realidad, no tengo ninguna experiencia (risas).

-Intentaba ser delicada.

-Tranquila (risas). Creo que lo que ha resultado del monólogo es que más que una obra biográfica, o algo por el estilo, termina siendo el cuento de cualquier venezolano que un día tomo la decisión de hacer algo y que se ha encontrado con miles de dificultades en el camino, pero con humor y optimismo las ha ido superando. Allí está el secreto del monólogo. Nunca pretendimos que fuera biográfico o aleccionador. No, no, no. Es una cosa que no tiene grandes pretensiones, desde ese punto de vista, pero que sí tiene un mensaje de optimismo, de humor, de venezolanidad, de superación. Y como siempre lo digo, si yo con esta cara he podido llegar a ser animador de Sábado Sensacional y del Miss Venezuela, que es el magno evento venezolano de la belleza, cualquier cosa puede ser posible (risas). De eso se trata… Por eso yo invito a la gente a verlo. Está la música, está el baile y esa capacidad que no puede perder el ser humano de burlarse de sí mismo.

-No es el primero al que se le mete en la cabeza la idea de hacer un monólogo. ¿Es una moda o una manera de hacer dinero fácil, como algunos piensan?

-Ninguna de las cosas que emprendo en mi vida las hago pensando en el dinero ni en el resultado económico. Yo siempre arranco las cosas creyendo que se van a lograr, que vamos a hacer un gran espectáculo, pensando que nos vamos a divertir y que vamos a hacer un gran trabajo. Nunca desde el punto de vista monetario. Todos los que han arrancado sus proyectos pensando en un negocio, fracasan. Uno tiene que pensar más bien en la satisfacción del público. El dinero es una consecuencia de lo que vas a hacer. Aparte, creo que hay una gran necesidad de expresarse, que el teatro es un espacio mágico, donde el entendimiento y la compenetración entre el público y el actor o el artista —no como yo, que lo que soy es un salío- es muy directo. Creo que por eso muchos se han inclinado hacia ese tipo de espectáculos. También considero que hay una deuda con el gran teatro, porque por asuntos económicos -que no me toca a mí explicarlo, pues todo el mundo sabe- esas grandes superproducciones son cada vez más escasas. Entonces tratamos de hacer espectáculos un poco más económicos, desde el punto de vista de la producción, para poder manejar los costos.

-¿Volvería a experimentar con el teatro?

-Las dos experiencias teatrales que he tenido han sido muy exitosas. La primera fue con Mimí Lazo y Luis Fernández en La Cenicienta. Y ahora ésta. Ambas han sido muy excitantes y aleccionadoras. He aprendido muchísimo. No veo por qué no he de continuar en esto. Ya estamos haciendo planes con el productor, pues él cree que podría ser un espectáculo de largo aliento. Paralelamente, vamos a desarrollar otras cosas e, incluso, pensamos producir espectáculos y obras para otras personas. Después de este primer paso, van a venir otros más

-Justo después de que sale con su monólogo Mi vida no es tan Sensacional, Luis Chataing lanza su stand up comedy Ahora me toca a mí. ¿Lo sintió como una alusión?

-No, en ningún momento. Cómo podría yo sentirme aludido por algo que él haga si nunca me ha tenido en cuenta (risas). Es pura y mera casualidad. Seguro, es pura y mera casualidad. Y le deseo muchísima suerte en el proyecto que está emprendiendo.

-¿Iría a verlo?

-No sé, porque estoy metido en la gira. Si tuviese un chancecito, no tendría ningún problema de irlo a ver.

-¿Cree que esa rencilla mediática quedó en el pasado o esto vuelve a avivarla?

-Esa pregunta deberías hacérsela a él, porque esa rencilla como tú te refieres nunca fue bilateral, siempre fue de un solo lado. Yo nunca quise participar y fíjate que actualmente, después de tanto tiempo que ha pasado, evito decir algo hiriente que la gente pueda entender de otra manera. Nunca le encontré explicación a eso y si es así, siempre va a ser de la misma manera: no va a haber una respuesta de mi parte.

Luis Chataing “No vengo a competir con los actores”

Habla hasta por los codos. En la radio, en la televisión y en cuanta campaña publicitaria aparezca. Sin embargo, Luis Chataing parece que todavía tiene más cosas por decir. De allí que se aventuró a lanzar —bajo la dirección de Héctor Palma- su stand up comedy Ahora me toca a mí, en el que contará a la audiencia -que quiera seguir escuchándolo- los cuentos de sus viajes, sus episodios como sonámbulo y una que otra cosa acerca de sus ex esposas.

-Es la primera vez que incursiona en el teatro. ¿No le era suficiente la radio y la televisión?

-Era una evolución natural a todos los programas que hemos presentado. En ellos siempre contaba con un monólogo. En el caso de la radio, era un diálogo, porque lo hacía con Erika de La Vega. Pero era una experiencia de tres horas, en la que hacía algunos monólogos. Hasta ahora, no lo había hecho formalmente por temor a olvidarme de la letra. Imagínate, son más de 23 páginas que tienes que memorizar, pero con el éxito que tuvo el libro, me puse a pensar. Y finalmente decidí escribirlo en diciembre.

-No se caracteriza precisamente por hablar poco. ¿Qué más le hacía falta contar para ahora lanzarse con un monólogo?

-(risas) Bueno, ahora aprovecho para hablar acerca de esa experiencia de la primera vez, la gente depresiva, la pérdida de maletas, el sonámbulo, la política que tanto me gusta… Son 10 temas distintos que voy a estar planteando en un espectáculo de hora y veinte.

-¿Cómo ha sido la experiencia en estas primeras presentaciones?

-Maravillosa. Todas las funciones han estado agotadas. Es una experiencia novedosa. Aquí tengo la oportunidad de ver el rostro de las personas que van a la presentación. En cambio, en la radio estoy encerrado en una cabina. Y en la televisión, siempre estás en un estudio pequeño. Aquí es diferente.

-¿Piensa repetir?

-Absolutamente. Espero estar presentando el monólogo durante este año en distintas parte del país. Quiero tomarme un tiempo en diciembre para escribir otro.

-Ha habido muchos artistas antes de usted que han decidido experimentar con el monólogo. ¿Es una moda o una manera de ganar dinero fácil, como algunos piensan?

-Yo no creo que sea una manera de ganar dinero fácil, menos ahora que la gente lo considera tanto antes de gastar en algún espectáculo. Tampoco es una moda. Creo que más bien hay una necesidad de entretenerse. Ahora, lo que sucede es que este formato del stand up comedy abre la posibilidad a otras personas que no son conocidas, pero que tienen el talento y la agudeza de poner un espectáculo. Para ello se requiere lo que yo llamo el time de la comedia, algo que hay que depurar. Va más allá de contar chistes. Requiere de dirección, de técnica, entre otras cosas.

-¿Por qué tendría que ir a ver su espectáculo, considerando que es su primera experiencia en el teatro?

-Tengo claro que yo no soy actor. En este caso, yo me estoy interpretando a mí mismo. Además, me estoy comunicando con el público, como comunicador social que soy. Aquí no interpreto a nadie ni tampoco interpreto el discurso de Angostura (risas). Sólo hablo de las cosas. Claro, hay dramatización de ciertas circunstancias de mi vida. Pero no interpreto a nadie, como lo hace Mimí Lazo en El Aplauso va por Dentro. No compito con los actores. Yo trabajo con el humor desde hace mucho tiempo. Comediante es lo que soy.

-¿Por qué llamar a su espectáculo Ahora me toca a mí? ¿Acaso alguien se le adelantó?

-Vino mucha gente antes que yo… Orlando Urdaneta, Oscar Yánez, Mimí Lazo… Yo supe esperar el momento para pedir mi derecho de palabra.

-¿Y no tiene alguna alusión con Daniel Sarcos, quien sacó su espectáculo antes que usted?

-No hay ninguna conexión. Es una coincidencia maravillosa.

-¿Iría a verlo?

-Por supuesto, lo haría con mucho gusto, si tuviera tiempo.

-¿Ya puso fin a la rencilla que tenía con él?

-Hace como siete años, cuando hicimos un programa en Venevisión durante la época del paro y conversamos de la reconciliación.

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