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Cumaná

Cumaná es una potencia

Cumaná

Por Cristóbal Guerra

Que Cumaná sea la ciudad primogénita del continente americano y la patria pequeña del mariscal Antonio José de Sucre son dos hechos demasiado notorios y conocidos. También la indiscutible importancia de ser el lugar de este mundo donde los poetas Andrés Eloy Blanco y José Antonio Ramos Sucre vieron las primeras luces de sus existencias. Este contexto le ha dado a la capital del estado Sucre un halo de respetabilidad que tampoco se pone en entredicho.

Sin embargo, no es ninguno de estos hechos lo que da sentido a esta nota, pues su verdadera intención es abordar un tema que últimamente se ha puesto de moda en el universo deportivo venezolano. Desde tiempo inmemorial -y estamos hablando de 1968-, la medalla de oro de Francisco “Morochito” Rodríguez en los Juegos Olímpicos de México y la conquista de títulos mundiales por los puños feroces y determinados de Alfredo Marcano y Antonio Gómez en 1971, han perdurado como las referencias más importantes de las hazañas deportivas dibujadas por atletas salidos desde las canteras cumanesas. Allá el boxeo ha sido una fuente inagotable de héroes, casi la única de los tiempos modernos, se podría decir.

Pero en el párrafo anterior hablábamos de una tertulia en boga, de una frecuente conversación que guarda relación con Cumaná, y es a eso a lo que nos queremos referir. Ese intercambio de palabras cita nombres como los de Ramón Hernández, Armando Galarraga y Rafael Betancourt en las grandes ligas, y el de Daniel “Cafú” Arismendi, Pedro Boada y Leo Morales en la selección vinotinto. Además, menciona a César Farías, el director técnico del equipo nacional de fútbol, y a Néstor Salazar, quien fuera hasta hace algunos meses el entrenador principal del combinado criollo de baloncesto. Todos nacidos en Cumaná.

Para completar, el novato Jesús Guzmán, de los Leones del Caracas, empató en un juego disputado durante la primera semana del campeonato de beisbol profesional, un antiguo récord al impulsar ocho carreras. En las entrevistas posteriores al partido, el jugador, entre la emoción y el desconcierto propiciado por la presencia de decenas de periodistas, micrófonos radiales y cámaras de televisión, hizo una orgullosa revelación: “Soy cumanés”.

Llama la atención esta convergencia de hombres nacidos a la vera del río Manzanares, principalmente porque ninguno de ellos tiene que subirse al ring para que su nombre aparezca, con letras luminosas, en las páginas de los diarios, ni sus imágenes en programas de televisión. El movimiento de cumaneses destacados no tiene una lógica explicación, sobre todo porque en medio de sus aprietos económicos no son muchos los campos aptos en el estado sucrense: uno aquí y otro más allá, mucho más allá, es todo lo divisable, todo lo aprovechable.

¿De dónde salen entonces los futbolistas cumaneses, conocidos por su técnica exquisita y sus movimientos de felinos salvajes, si no hay en toda la ciudad una cancha decente en la que puedan cultivar sus talentos? ¿Y de dónde los peloteros, y en qué instituto han estudiados los técnicos sus teorías?

Es un misterio por desentrañar, qué duda cabe; descubrir por qué Ramón Hernández se ha convertido en uno de los grandes receptores de la Liga Americana con los Orioles de Baltimore; la razón por la cual Armando Galarraga ganó en la temporada que terminó hace pocas semanas un montón de partidos para los Tigres de Detroit y conseguir pistas acerca de por qué Rafael Betancourt es el relevista intermedio de confianza de los Indios de Cleveland. Hurgar en las entrañas del sortilegio para conocer por qué Daniel “Cafù” Arismendi, Pedro Boada y Leo Morales se han convertido en hombres importantes del seleccionado de fútbol. Ir al fondo del pozo de los conocimientos para develar por qué César Farías se ha proyectado desde su casa en la avenida Perimetral, frente al mar Caribe, hasta el puesto de comando del equipo patrio, y el conjuro que le permite a Jesús Guzmán dar palos en la pelota profesional sin que en su lar natal apenas sepan quién es el insurgente león.

Los tiempos cambian y la gente con ellos. Cumaná, respetada por sus aportes a la historia y las letras, reconocida como maná de los campeones más lustrosos del boxeo nacional, es ahora la luz que ilumina los guantes y bates del beisbol, y da vigencia a las sudadas camisetas del balompié. Sigue siendo Primogénita y, por lo visto, también potencia del deporte venezolano.

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