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Roger Federer

Cualquier jugador de tenis

Roger Federer

Por Pedro Camacho

El sábado 18 de octubre, pasó algo que no ocurría desde hace cinco años. No, no es ningún fenómeno astronómico, aunque sí tiene relación con una estrella caída. Con su participación en el torneo de serie Masters de Madrid la pasada semana, Roger Federer se aseguró finalizar el año como número dos del mundo. Si bien esto sería una buena noticia para cualquier jugador de tenis, Roger no es cualquier jugador de tenis.

Con este resultado, Federer pone fin a una racha de cuatro años consecutivos finalizando como número uno del mundo, dando paso a su eterno rival y la piedrita española de su zapato, Rafael Nadal.

Este último tropiezo simboliza un cierre digno de una “mala” temporada para el jugador suizo. De los cuatro torneos de Grand Slam, llegó “solamente” a tres finales, ganando una. Su “peor” resultado fue una semifinal en Australia. Para colocar el significado de este “mal año” de Federer basta con entender que, de los jugadores activos en el circuito, solamente otros tres han logrado llegar a semifinales de este torneo a lo largo de sus carreras. En otras palabras, todas las comillas de este párrafo simbolizan que cualquier jugador de tenis soñaría con tener un año como el de Roger. Pero Roger no es cualquier jugador de tenis.

Para comprender esta racha de Federer hay que entender el estado general del tenis hoy día. No, no es nada más que Rafael Nadal ha elevado su juego aún más este año. Si algo logró esta rivalidad fue elevar el juego de ambos, ofreciéndonos a nosotros los fanáticos los mejores partidos de tenis de toda la historia del deporte (para muestra la final de Wimbledon de este año). Entre ambos hicieron del tenis una carrera de sólo dos caballos.

El declive en el ranking de Federer responde a la siguiente razón: en 2008, el tenis se convirtió, otra vez, en un deporte de varios retadores. Con la aparición de Novak Djokovic y el recién coronado campeón de Madrid, Andy Murray, la competitividad ha vuelto a la cancha. Ambos, en sus jóvenes carreras, ya han logrado vencer al suizo y al español. Djokovic ya tiene un Grand Slam en su haber y Murray logró su primera final en uno de los cuatro grandes en el abierto de Estados Unidos. Cada vez que juegan dos de estos cuatro jugadores, los partidos son peleados, difíciles y entretenidos. Detrás de ellos, jugadores como Juan Martín del Potro y Gilles Simon nos permiten ver la cara nueva del tenis y otros veteranos como Nalbandian y Roddick continúan exigiendo el máximo de sus oponentes. Con este panorama es fácil entender que hoy día no es tan sencillo ganar un torneo.

Si bien es cierto que algunos hubiésemos querido ver el reinado del gran Roger extenderse hasta que cumpliese por lo menos 30 años (edad de anciano en “años tenis”), es imposible negar que es emocionante el ambiente que se vive en este deporte en el presente. Cada semana es una interrogante nueva y ya ni siquiera hay que esperar hasta la final para poder presenciar un partido de alto calibre. Quizás para muchos el tenis se había convertido en una disciplina predecible, un toma y dame entre dos colosos del deporte. Pero hoy día, podrán encontrar consuelo en que ningún jugador en el circuito está dispuesto a continuar siendo “cualquier jugador de tenis”.

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