jueves , agosto 11 2022

Cristóbal Guerra

Destacado periodista, comentarista y locutor deportivo, columnista de Sala de Espera, aprovecha esta edición aniversario para contarnos algunos de sus placeres preferidos

3 canciones

“De vez en cuando la vida” – Joan Manuel Serrat. “Si alguna canción puedo decir que representa la identidad de mi vida, y tal vez también la de Serrat, es esta. Es una antología que abarca la existencia, que resume lo cotidiano de todos. ‘De vez en cuando la vida toma conmigo café, y está tan bonita que da gusto verla?, es una metáfora hermosa, que nos habla que por angustioso que sea el quehacer, siempre la vida nos guarda aquellos momentos de tregua, de paz, de pensar en lo que hemos sido y en lo que somos. Es un canto al optimismo, así al final rompa el hechizo con aquel ‘de vez en cuando la vida, nos gasta una broma, y nos despertamos sin saber qué pasa, chupando un palo sentados sobre una calabaza?”.

“Óleo de mujer con sombrero” – Silvio Rodríguez: “Una mujer que se ha perdido entre la turbulencia de la calle, y no hay brújula que nos diga adónde se ha ido. Es amada sin que ella lo sepa: ‘La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes?, y aleja dos verdades. Esta canción de Silvio me trae el recuerdo de los años 70, ‘cuando yo era soltero, feliz e indocumentado?, y mis constantes viajes por el mundo. Siempre que veía a una mujer linda y desconocida, la seguía por las calles con la vista hasta que ella se sumía entre el océano de gentes. Entonces recordaba a la mujer de la canción, la que parecía ‘un cuadro del viejo Chagall?. Hoy día esto me sigue pasando, porque es un amor por lo imposible, por los amores perdidos”.

“Me olvidé de vivir” – J´ al oublie de vivre – Jaques Revaux-Pierre Billon: “Aunque la versión más conocida en Venezuela es la de Julio Iglesias, que está muy bien lograda, prefiero quedarme con la original, la que canta Johnny Hallyday en francés, por el sentimiento que expresa, por lo desgarrada. Uno se ve en los espejos de la canción, porque uno se hace la pregunta: ¿hice lo que la vida me fue presentando, o siempre fui de contracorriente? Esa duda me llega a preocupar, porque muchas veces he pensado si haberme dedicado a otro oficio que no fuera el periodismo no hubiera sido mejor. “De tanto querer ser en todo el primero, me olvidé de vivir los detalles pequeños”, lo pone a uno frente al milagro de la felicidad: ¿existe ese planeta? La felicidad me parece que está en el arte de estar pleno en cada momento, en el regalo de Dios, y que casi siempre está en lo pequeño: un café en la esquina, una risa espontánea, un trago con los amigos. Creo que a veces olvidamos eso, y es ahí donde está la vida”.

3 libros

El libro de la risa y el olvido (Milan Kundera): “Llegó a mí cuando reflexionaba entre dos perspectivas: la nostalgia como motor de la existencia, y las reflexiones acerca de si vivir en otro país cambia tu manera de ver las cosas. “La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”, es una frase que a manera de epígrafe lleva Kundera en el libro, y se convierte en sentido figurado de la lucha de la gente en Checoslovaquia contra el poder de la Unión Soviética en tiempos del comunismo; es un pensamiento que se me ha quedado grabado, a fuego vivo, cuando sé de las injusticias en el cualquier campo de la vida. Este libro es eso, una verdadera lección” .

Cien años de soledad (Gabriel García Márquez): “En los días cuando yo más leía, cuando mis inquietudes de los 30 superaban grandemente a las que hoy, otoñal, tengo a los sesenta y tantos, cayó en mis manos este libro llamado la Biblia de América Latina. Y lo es. En ella me vi reflejado, y con ella reía muchísimo con una risa que no era de humor, sino de identificación porque veía a Venezuela, a toda Latinoamérica ahí metidas y muy vivas. Cuando uno de los ‘Aurelianos? regresa a casa de los Buendía después de años de ausencias y viajes, y solo pronuncia, con el desparpajo al que nos acostumbró García Márquez, aquel simple “buenas”, estaba representado toda una tradición de dejadez, de la indiferencia que nos ha caracterizado como pueblos a los que solo importa el ya. Es un libro siempre presente, que ya he leído cuatro veces, del escritor que ha cargado con mis más altos gustos literarios”.

La tregua (Mario Benedetti): “Alguna vez nos ha tocado algo así, con el brillo de cuando ya esperas pocas cosas. Enamorarse de nuevo, y especialmente de una mujer mucho menor que uno, es una experiencia única, un sortilegio indeclinable. Porque esa es la característica principal de una tregua: que sea solo una vez; si no, es rutina. A mí me tocó en su momento, hace tanto y tanto tiempo, y al libro, que ya lo había leído, lo volví a tomar entre mis manos con un cariño especial, porque era yo el personaje, y no ‘Martín Santomé?. Benedetti, con su sentido humano de las cosas, revive una tregua que nos toca. Ella llega y se va, porque suele ser una amante fugaz”.

3 películas

Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore): “Vuelve la nostalgia a escena. Llevada con la delicadeza de Tornatore, nos muestra a dos personajes divinos: el niño, que al final de todo es el propio director, y a ‘Totó?, el romántico pasador de películas en aquel pueblo remoto y querido. La estética nos arrastra a los lugares imposibles de la belleza, a los sentimientos de lo que pudo haber sido, y solo por eso la película tiene sentido. Es una historia humana que nos llena, porque más que por su temática, es porque a todos nos duele la añoranza. Esos personajes son íntimos, somos nosotros mismos en los límites del ser, en las fronteras de lo amado. Es un verdadero y único paradiso”.

El hijo de la novia (Juan José Campanella): “Ricardo Darín tiene ese toque que nos hace volver a la vida. La originalidad de este film y su sentido de humanidad lo envuelve a uno. Hay una escena estremecedora, cuando bajo la lluvia “Rafael” va a buscar a ‘Naty?, la novia, y ella le dice ‘yo valgo la pena, yo valgo la pena?; esas frases lo valen todo. Hay una deliciosa ficción en el matrimonio falso de los padres del primer actor, y una realidad indiscutible: el infarto que le da a ‘Rafael? por su exceso de trabajo. Y eso es lo que verdaderamente me reconcilia con la película, porque yo pasé por ese trago, que de amargo se transformó en la dulzura de poder mirar de nuevo el horizonte”.

Hable con ella (Pedro Almodóvar): “Siempre he creído que las nuevas oportunidades se presentan, porque la vida es un tren expreso que anda de un lugar a otro, pero que siempre regresa. “Benigno” así lo piensa, y se identifica conmigo, con mi idea de la segunda vez. Y tal vez para “Alicia”, que está parapléjica, no habrá un nuevo chance, pero él se engaña pensando que hablando con ella, sí. Y cuando conoce a un tipo en el hospital, ‘Marco?, esposo de ‘Lydia?, una torera que ha quedado inconsciente luego de una aparatosa cornada, le pide que, por favor, ‘hable con ella?. Es la película de la reivindicación, de la la solidificación de la fe, y del valor infinito de la palabra. Por eso esta película es nuestra, por haber sido la más grande y pura demostración de amor conocida”.

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