lunes , mayo 3 2021
Inicio / Reportaje / Cesar Miguel Rondón

Cesar Miguel Rondón

er_cecar_miguel_rondon “Soy muy torpe con la memoria, sobre todo cada vez que me piden que recuerde alguna anécdota en particular de mi vida, y más si se trata de mi vida en la radio, donde cada día está cargado de incidentes. Agréguele usted a este inconveniente el hecho de que estoy cumpliendo 34 años como profesional, apasionado y víctima de ese prodigio hertziano.

¿Cómo escojo, entonces, sólo dos detalles o anécdotas de una lista casi inagotable?

“Podría ir al primer día en que me abrieron un micrófono como locutor (para esa fecha ya tenía más de un año trabajando como productor; de manera que no era un simple ‘novato’). Estaba tan nervioso que leí el texto sin pausa y casi me ahogo con mi propia saliva, porque, sencillamente, me daba miedo tragar. Fue el viejo Martín Gutiérrez -uno de mis primeros maestros en este oficio- quien hacía de operador y quien tomó la decisión de pararlo todo (¡a pesar del bache en el aire!), cerrar el micrófono y ordenarme a través del cristal: ‘traga, carajito, y tómate tu tiempo, que llegamos lejos…’

 

Más nunca me ahogué, y la voz siempre salió fresca, seca, y en un mismo tono: parejita.

“O quizás me voy a la anécdota más reciente, de apenas días atrás, cuando, seducido como un novato por la voluptuosidad, la dulzura y el talento desbordado de Gabriela Montero, el dedo, en plena entrevista, se me atascó en el Ipod y en lugar de aparecer el piano de ella apareció el de Palmieri o el de Thelonius Monk o el de Ricky Ray… ¡Dios, qué papelón!

“Claro, también podría protegerme refugiándome en las anécdotas más solemnes (o convencionales): aquel 4 de febrero, por ejemplo, cuando después de estar transmitiendo desde las primeras horas de la madrugada, alguien me advierte, ya cerca de las diez, que nos están retransmitiendo en toda la América Latina y buena parte de Europa, que mi voz (¡glup!) le está llevando los acontecimientos al mundo; o aquella mañana gloriosa cuando los muchachos del Proyecto Cumbre plantaron la bandera en el Everest y nadie se quiso bajar del carro sólo para sentirse testigos presenciales, en lo muy alto, de tan magnífica hazaña.

“Y también están las otras anécdotas, las que no se revisten de ninguna solemnidad y quizás ni siquiera hagan mérito para ser consideradas como tales: la señora que llama para agradecer la entrevista con el médico tal que le dió la pista para aliviar los males de su hija; o el trabajador nocturno que regresa a su casa tras un pesado trasnocho y se conmueve por la música que, en el estudio, interpreta el conjunto más cuál; o la solitaria que simplemente agradece que la despertemos con una luna general o forzadamente optimista.

“¿Anécdotas? Seguramente muchas, pero tengo la mala costumbre de no llevarles la suma. Mejor sintonícenme mañana a las 6; quién quita y a lo mejor allí aparece la verdadera, la realmente memorable.”

Revisa Tambíen

Hacedores de país, mundo e imagen del artesano ancestral

  La Fundación ArtesanoGroup reeditó el libro Hacedores de país, mundo e imagen del artesano …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.