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Carolina Jaimes Branger, autora de Los 7 Encuentros;Todos debemos tener un niño por dentro

Tiene más de 12 mil copias vendidas y se encamina hacia una séptima edición. ¿Qué es lo que ha llamado tanto la atención de este relato donde comulgan la fantasía y la realidad, la inocencia de la niñez y la dureza de los juicios e indiferencia de los adultos? Si algo está claro, es que este no es un libro exclusivo para niños. Se trata de una historia universal hecha para la reflexión de todos

Por Yubelitze Angarita Borges

Carolina Jaimes Branger es una escritora que siempre tiene algo que decir. Graduada como ingeniero en sistemas, la literatura corre por sus venas. Así, se ha destacado como columnista de opinión, es colaboradora en 12 diarios regionales venezolanos, autora de varias publicaciones y miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. En definitiva, es una persona que continuamente lleva un mensaje. Su primer cuento, Los 7 Encuentros, se agotó para el momento de su lanzamiento (noviembre de 2008). Según su creadora, se trata de una historia de amor y esperanza para todas las edades.

Se considera afortunada, pues la vida le ha dado grandes regalos. Entre ellos, sus hijas Irene, Sofía y Carolina. La última es llamada con cariño “Tuti” y se trata de un ser que, a pesar de poseer una condición especial (padece de trastornos motrices y dificultad de aprendizaje a causa de una enfermedad que tuvo al año de nacer), ha ayudado a su madre y a quienes la rodean a crecer como seres humanos. Tan es así, que fue la inspiración para crear el personaje de Tina, el ángel del cuento Los 7 Encuentros.

La historia surgió un domingo, luego de un paseo familiar que hiciera la autora en el año 2000, al oeste del estado Carabobo. Así lo describe: “Me acompañaban el padre de Tuti, dos amigas y mi hija, quien para ese entonces tenía 14 años. El día estuvo pleno de momentos que yo defino como mágicos, porque la gente fue cálida y recibieron muy bien a Tuti, como si fuera normal estar con una niña especial. Yo quedé muy conmovida y cuando llegué a la casa les escribí un email a mis otras niñitas que estaban en un campamento vacacional, contándoles los detalles del día. Para mi sorpresa, Irene (que en ese momento tenía 13 años) me respondió: ‘mami, ¡qué historia tan linda! ¿Por qué no escribes un cuento?

“Yo nunca me había planteado escribir un cuento para niños. Hice un borrador de 10 páginas que dejaba y retomaba porque no terminaba de convencerme. Entonces fue cuando me dije: voy a escribir ‘el cuento?. Como mamá de una niña especial, tengo un mensaje y sé cómo transmitirlo”.

-¿Cómo es la punta afilada de un escritor de opinión puesta en un cuento?

-Creo que es igual, porque todo escritor tiene algo que decir y el deseo de transmitirlo. Tenía unas ganas muy grandes de sensibilizar a los lectores y decirles: esas personas con condiciones especiales están allí y pueden ser tan amigos como cualquier otra persona; necesitan comprensión y no lástima, compañía y no indiferencia. Comprendí que tenía un mensaje muy poderoso para lograr que los lectores, al terminar el cuento, se quedaran con esas tres percepciones: la de la amistad, la compañía y la comprensión.

El encuentro con la tolerancia

“-¿Por qué me atacaron si yo no les hice nada? -le preguntó Andrés. -Por ignorantes —respondió Artin. -¿Ignorantes?… ¡malos es lo que son! —dijo Andrés. -Sí, la ignorancia en ocasiones puede traducirse en maldad. Como no te conocen y no luces como ellos, te rechazan. Rechazan lo que es distinto. Lo peor es que no se dan cuenta de que si no se pintaran de naranja, lucirían exactamente iguales a ti. O que si tú te pintaras de naranja, lucirías exactamente igual a ellos. Pero llevan tantos años pintándose, que perdieron la memoria y la conciencia de lo que en el fondo verdaderamente son”.

Lo anterior sucede en Aruc, donde se da el séptimo encuentro de Andrés, el protagonista del cuento. Este niño, vivaz e inquieto como cualquier otro, al ver pasar una estrella fugaz pide un deseo: “no estar más nunca aburrido”. ¡Y se le cumple! Al rato es trasladado a un mundo donde tendrá 7 encuentros en lugares diferentes y conocerá a seres mágicos que le darán diversos aprendizajes, los cuales anotará en una pequeña libreta que le entrega un personaje llamado Noroc. Este le advierte que en los próximos viajes todo será enseñanzas y deberá ver lo que es obvio. Junto a Andrés estará Tina (la niña ángel, inspirada en Tuti), a quien el chico rechazará por sus dificultades para hablar y la lentitud al caminar, pero luego no querrá abandonarla.

-Los mensajes que transmites reflejan necesidades universales que se han perpetuado siglo tras siglo. ¿A eso debes el éxito de la historia?

-Quise tocar valores importantes que debemos retomar. Aunque siempre he sido muy optimista y alegre, me preocupa la pérdida de la sensibilidad. Si bien creo que el mundo y la ciencia avanzan, también hay una pérdida de sensibilidad generalizada y, si eso ocurre, se extinguirá nuestro diferencial como especie humana.

Hay que cuidar la comunicación cara a cara y ser tolerantes los unos con los otros, a pesar de las diferencias que tengamos. Cuando las cosas materiales —que son importantes- pasan a ocupar tu esencia, empiezas a dejar de ver lo que es verdaderamente valioso y se te olvida quién eres.

-¿Algo así como esa frase que le dice el zorro al Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”?

-¡Claro! Hay un personaje, el pintor que conoce Andrés en Noab, y es él quien le enseña a ver con el alma y con el corazón. El pintor era ciego, pero percibía todo mejor que las personas que podían ver.

-¿Los 7 Encuentros tiene influencia de El Principito?

-Todo está dicho y también depende de la forma como lo digas. Yo no escribí el cuento inspirada en El Principito, sino en un paseo que empezó a tener un paralelismo sin querer. Sin embargo, reconozco que me encanta el relato de Antoine de Saint-Exupéry. Creo que es uno de los libros más profundos y bellos que haya leído y, definitivamente, uno está influenciado por las cosas que ha visto y sentido.

Libro chiquito para gente grande

Los 7 Encuentros tiene 60 páginas que se leen con pausa y reflexión. Quizás porque también es docente, la escritora supo construir un relato divertido, lleno de arte y de muchas imágenes y colores que se sienten con música y poesía de fondo. Estas también se aprecian en las delicadas ilustraciones del diseñador Domingo Oropeza Bello.

“Fíjate que es un cuento que han leído muchos niños en escuelas y eso me llena de alegría, porque significa que el mensaje se está replicando. Por otra parte, me complace decir que varias empresas lo han usado como material de apoyo para la inclusión en la fuerza de trabajo de personas con discapacidad, pues se trata de un texto que fomenta la tolerancia y el respeto a las diferencias.

“También sé que muchos papás lo han leído con sus hijos, como una oportunidad maravillosa para disfrutar juntos y luego comentarlo. Seguro se sorprenderán de los análisis que resultan de la lectura. Por eso mi dedicatoria es para el niño que vive en alguien a quien estimo muchísimo, Luis Alberto Machado (poeta y político venezolano). Y yo creo que es así, que todos debemos tener un niño por dentro”, destaca la autora.

El cuento se encuentra en las librerías Tecniciencia del país. Es la primera entrega de una serie de literatura infantil llamada Textos para vivir y convivir, editada por la Fundación Conciencia Activa (www.concienciaactiva.org). Ha sido presentado en el interior del país y en Florida, Estados Unidos, lugares en los que Tuti siempre ha estado presente para autografiar los ejemplares con una gran sonrisa, como “Tina”.

Para contactarla: carolinajaimesbranger@gmail.com.

A imagen y semejanza

Estos son algunos de los personajes y lugares que forman parte del relato, a quienes Carolina coloca con otros nombres:

Lugares de los 7 encuentros: están basados en los lugares que conocieron durante el paseo familiar por el oeste del estado Carabobo: Aguirre, que en el cuento es Aguir; Montalbán, que es Talbán; Daranmi es Miranda al revés; Noab es Canoab; Bejuma es Juma y Canoabito es Noabit. El séptimo es Villa de Cura, el único lugar del recorrido que forma parte del estado Aragua y que en el cuento es Aruc (Cura al revés).

Andrés: personaje inspirado en Davide Bombonato, el mejor amigo de Tuti durante su infancia y la adolescencia. “Siempre fue el mejor estudiante y la estrella del equipo de fútbol. Tuvo la sensibilidad para fijarse en que ella podía ser una aliada incondicional, se apoyaban mutuamente. Algunas veces ha asistido a las presentaciones del libro y también ha firmado como ‘Andrés”, comenta la autora.

Irene: el mismo nombre de una de las hijas de Carolina. Este personaje es presentado en Noabit, en el séptimo encuentro.

Sofía: hermana menor de Andrés, es la hija menor de la escritora.

Elena: señora artesana que aparece en el segundo encuentro, en Talbán, y hace cajitas decoradas con estrellas. En la vida real la conocieron en Montalbán, Carabobo.

El pintor: inspirado en Rafael Romero, Premio Nacional de Artes Plásticas. “Él no está ciego, pero igual pinta de corazón. El año pasado (2009) fui a llevarle el cuento y se lo dediqué: ‘Para mi pintor de sueños”, menciona Carolina.

Y la pluma no descansa

Estas son otras publicaciones de la escritora:

El anclaje del subdesarrollo, publicado por la Fundación Andrés Mata, Caracas, 2002.

Primera finalista en el concurso de la Fundación Bigott Así se cuenta la cultura popular venezolana, con la historia Yiyo de los milagros.

Yo nací en esta ribera, una selección de sus artículos de opinión entre 1998 y 2009 con prólogo de Ramón Velásquez. El libro será presentado en diciembre de 2010.

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