lunes , noviembre 28 2022

Bajo la influencia de Syd Barrett

Por José Antonio Parra

La experiencia de Syd Barrett puede ser vista desde la obra genial de un artista irrepetible, desde lo legendario y también desde lo trágico de la demencia por consumo de narcóticos. Originario de Cambridge, este artista irrumpió en el escenario de la música psicodélica junto con los Pink Floyd en la década de los sesenta, como una singularidad que representó para el rock lo que pudo haber representado un Confucio para el pensamiento humano. Ya desde muy temprano Syd fue un adolescente que destacaba por su “ángel” en su ciudad natal, donde era conocido como “Syd, el beat”, debido a su fascinación por la contracultura beat de los años cincuenta. El joven artista estaba muy involucrado en la plástica y en la composición de poemas, era un adolescente extremadamente sensible y en cierta manera muy frágil, a quien le atraía la literatura infantil y la poesía de James Joyce.

A su entrada a la universidad trabó amistad con David Gilmour y Roger Waters con quienes pronto iniciaría la aventura de los Pink Floyd. En el año de 1965 grabaron su primer sencillo llamado Lucy leave. Pero la verdadera revolución ocurrió cuando Barrett empezó a experimentar con sustancias psicodélicas como el LSD. El músico entró en un estado de efervescencia creativa jamás visto en el ámbito del pop y compuso casi todas las canciones del primer álbum de los Floyds, Thepiper at thegates of dawn, titulado en referencia al autor de cuentos infantiles, Kenneth Grahame. Igualmente el diseño de la portada fue obra de Syd, así como las piezas psicodélicas maestras Astronomy domine e InterstellarOverdriveDominio astronómico y Sobremarcha interestelar, respectivamente-. No obstante, ya para esta época las cosas estaban fuera de control con su conducta errática debida a su intenso consumo de drogas. El punto de quiebre tuvo lugar durante la primera gira de la banda a los Estados Unidos, en la que la estrella escenificó conductas bizarras en pleno escenario. Se ha llegado a comentar que la gota que derramó el vaso fue el colapso definitivo que sufrió el artista al colocarse una poderosa mezcla de mandrax con Brylcreem en su cabello, cosa que luego sería conocida subterráneamente como “el peinado mandrax”.

Los otros integrantes de los Floyds llevaron a Syd Barrett con uno de los principales psiquiatras que ha producido Inglaterra, el “príncipe de la antipsiquiatría”, Ronald Laing; quien le diagnosticó una severa esquizofrenia. A partir de ese momento, este genio de la música pasó una temporada en una habitación de un apartamento que compartía con un amigo pintor y en donde protagonizó varias situaciones de conductas fuera de quicio. Posteriormente, se mudó a la casa de sus padres, donde dedicó su tiempo a pintar.

Eventualmente y con la recomendación y ayuda de sus amigos de Pink Floyd, así como de los miembros de la primera banda psicodélica del mundo, La Máquina Suave, se animó a grabar dos discos en los que aparece con una tonalidad completamente diferente a sus trabajos del estilo “galáctico” y de regresión a la infancia que realizó con los Floyds. Estos dos discos de Barrett —Barrett y Themadcaplaughs ?tienen un acento más bien melancólico y con un paso aletargado y desprendido. Sin embargo, estos trabajos no tuvieron la acogida comercial que tuvo Thepiper at thegates of dawn y se convirtieron —como todo Syd Barrett— en objetos de culto. Desde entonces, esta singularidad del arte estuvo en casa de sus padres, lejos del alcance de los medios y dedicado exclusivamente a la pintura y a escuchar música clásica. Rara vez mencionó el tema de Pink Floyd. Las siguientes reseñas de su figura en los medios estarían revestidas de un aire insólito. Así ocurrió cuando apareció repentinamente en una sesión de grabación del disco dedicado a él, Wish you were here, con todo su vello corporal afeitado y en estado de sobrepeso. Hay una escena de la película Thewall que recrea este hecho. Del mismo modo llegó la noticia a los medios de que Barrett estaba dedicado a la pintura, por lo que un grupo de periodistas se dirigió a su casa para entrevistarlo. Al respecto, esta leyenda respondió que para qué iba a pintar si ya su vecino lo hacía y llegó a cuestionarse que no sabía cómo alguien podía prestar atención a una persona como él.

Así transcurrieron los años para Syd Barrett hasta que murió por complicaciones de diabetes en 2006. En su caso hay que entender esa experiencia como un neomisticismo, un artista que mediante la experiencia psicodélica y el estado posterior a ella, vivenció la disolución del yo o ego en la otredad, en la realidad misma y la totalidad del cosmos. Su obra, tanto plástica como musical, despertó el interés no sólo del público masivo, sino de la crítica especializada de las bellas artes como un momento de efervescencia superlativo, irrepetible y legendario.

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