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Ana Frank: La humana caligrafía de la danza

Con motivo del 80° aniversario del nacimiento de Ana Frank, el Ballet Contemporáneo de Caracas presentará una nueva versión inspirada en su Diario. Simultáneamente, la galería Espacios Cálidos del Ateneo de Caracas complementará el espectáculo con la exposición Ana Frank, una historia vigente, auspiciada por la Embajada del Reino de los Países Bajos y el Espacio Anna Frank. María Eugenia Barrios, coreógrafa y directora del montaje, hace extensiva la invitación con un propósito vertical: «No quiero que sea un mensaje dirigido estrictamente a la comunidad judía. Quisiera acercar este mensaje urgente de tolerancia a los venezolanos, especialmente, a los jóvenes»

Por Lorena Briedis

«¡Vamos, la cabeza hacia adelante!», les insiste la maestra a sus bailarines. «Llevan el peso de la vida encima (continúa, mientras se escucha una pieza musical de apabullante nostalgia y ellos ensayan la coreografía de un prisionero con los gestos de un ahogado). Están en un campo de concentración sin salida. De aquí a la muerte seguro», les recuerda María Eugenia Barrios, colocando toda la inflexión de sus palabras sobre la vehemencia de su cuerpo oprimido en la mímesis de la sombra que los bailarines deben imitar, como si arrastraran sobre sí el efectismo sideral de aquel piano. «La expresión tiene que ser la de alguien que intenta salir de un hoyo y no puede. Este ballet expresa ese sentimiento, pero hay que expresarlo desde adentro», los convoca, indicando al tiempo esa interioridad inhóspita con un puño cerrado sobre el final del esófago, como una piedra corazonal y terrible que removieran de un sepulcro íntimo.

El 12 de junio de 1942, Ana Frank habría escrito la primera frase en el diario que recibió, ese día, como presente de cumpleaños: «Espero poder confiártelo todo como aún no lo he podido hacer con nadie, y espero que seas para mí un gran apoyo». Cumplía en aquella fecha 14 años y quería ser escritora. En la insospechada vecindad de su destino nunca imaginó que aquella primera frase -al igual que la totalidad de sus confidencias- se reescribiría años después en más de 60 idiomas distintos ni tampoco que con aquel diario «que pretendió como sustento de un libro futuro que escribiría luego de la guerra» confiaría realmente su más íntimo testimonio a la memoria de Occidente.

Tampoco imaginó que el apoyo moral y espiritual que buscó en su escritura en medio de la hostilidad del encierro lo buscarían luego otros hombres y otras mujeres que encontraron en sus esquelas a «Kitty» -su interlocutora imaginaria- no sólo un refugio extemporáneo de reconocimiento y conformidad humana, sino la amarga grafología de sus propias experiencias.

Offer Zaks, productor y bailarín del montaje, recuerda la dolorosa afirmación de su madre frente a la primera versión del Diario de Ana Frank que ejecutó el Ballet Contemporáneo de Caracas en 1998, durante una presentación en el Festival de Israel. Ilana había nacido en Polonia y a la edad de Ana Frank fue deportada a los mismos destinos: Bergen-Belsen y Auschwitz. Quizá alguna vez coincidieron en las barracas de éste o aquel campo o en algunos de los umbrosos callejones alambrados y, tal vez, entonces, se miraron instantáneamente e intercambiaron la misma interrogación; quizá, incluso, compartieron algunos de los diálogos minúsculos y definitivos de la infancia. Pero a diferencia de la joven autora, la madre de Offer logró sobrevivir y rehacer su vida en Israel. «Los nazi tenían un plan para mí (le confesó una vez a su hijo): hacerme jabón. Pero mi desafío fue formar una familia», como el de Ana fue escribir su Diario.

Sin embargo, hasta los 12 años, Ilana nunca quiso referirle a su hijo las espinosas experiencias que él conocía por testimonios como los de Ana Frank. La orientación artística de Offer y su incorporación en el mundo de la danza lo acercaron a encarnar la historia de su madre y a contársela como si él hubiese estado desde siempre presente en la memoria de aquellos años terribles.

«Cuando fuimos con el Ballet a Israel (recuerda Offer con voz cálida y conmemorativa), mi mamá estaba en el público y durante la pieza no paraba de llorar y llorar. Me dijo que había sido una catarsis para ella. También me dijo que se había reconocido en esa niña porque esa niña era ella y que se había identificado con mi personaje, el padre de Ana, Otto Frank, porque finalmente había podido entender la angustia de su padre cuando lo separaron de su esposa y de sus dos hijas?. Con este nuevo montaje, Zaks confiesa rendirle homenaje a su madre, quien falleció recientemente.

María Eugenia Barrios tuvo una historia familiar igualmente cercana al judaísmo, ornada por la bisabuela holandesa, el padre canario y su primera infancia en Coro. Al igual que su esposo Offer, amalgama el sincretismo cultural que, en sus palabras, peligra frente a focos renovados de intolerancia. «Hace 10 años -comenta-, hicimos aquella versión del Diario, pero el momento histórico exige un mensaje más profundo y más real. Hay una determinación terrorista en el mundo. Estamos en una época bestial, en la que, además, se ha negado el Holocausto. El papel del arte y de la danza debe ser llevar esa emoción, ese sentimiento al espíritu de la gente», concluye.

A través de la adaptación que presentará próximamente el Ballet Contemporáneo de Caracas a partir del 16 de octubre, en la Sala Anna Julia Rojas del Ateneo, la caligrafía de Ana Frank se curva vívidamente en los cuerpos de los bailarines como en un diario vibrátil reescrito con la voluptuosa fugacidad y el silencio vaporoso de la danza. «Si necesitas hacer algún sonido, hazlo, después lo callamos», le advierte María Eugenia durante un ensayo a Mariana Garcé, una de las dos bailarinas que interpretará el personaje de Ana Frank. De este modo, la escritura espontánea de la adolescencia se vuelve a transcribir en el movimiento cimbreante y polisílabo del torso, las caderas, los brazos, los muslos y las piernas, transformando la palabra en trazos pulposamente expresionistas que sobreponen el ímpetu de la emoción y el gesto a la reflexión de la vocal.

El Diario del Ballet Contemporáneo de Caracas es, pues, un monólogo corporal en el que la palabra escrita es el verbo profundizado en la carne; en el que los renglones son la coreografía sentimentalizada; la confesión, música interior, y la página, imagen. «El mensaje del Diario es un mensaje dirigido al ser humano y se expresa mejor a través del gesto del baile, del lenguaje teatral, porque es un idioma universal y eterno, incluso anterior a la palabra», sostiene su creadora.

Sin embargo, con la voluntad de profundizar en la interiorización de los ocho personajes que figuran en el Diario -los Frank y sus dos hijas, Ana y Margot; los Van Daan y su hijo, y finalmente, el señor Dussel-, el elenco debió remitirse como primer eslabón creativo al texto. «Cuando leí el Diario -comenta Alexandra De León, también protagonista- me sentí identificada con la rebeldía de la infancia del personaje. En mi casa yo era la rebelde que quería hacer ballet. Uno busca llevar el personaje a su vida. Generalmente, las cosas que duelen uno intenta dejarlas en el pasado, pero para comprender ciertos personajes hay que revivirlas. De hecho, las dos Ana del ballet somos distintas y a María Eugenia le gusta que así sea, porque las dos la sentimos individualmente», confesó Alexandra.

«Además de leer el Diario -complementó Mariana-, hemos visto películas como La lista de Schindler y Los falsificadores. También hemos buscado fotografías de Auschwitz y otros campos de concentración. El proceso ha sido muy humano. Luego, nos hemos enfrentado a la técnica que consiste en memorizar la coreografía y ahora tenemos el reto de la expresión, el de sentir el movimiento y vivir el sentimiento como danza».

«Uno… dos… tres… (va ejecutando María Eugenia Barrios y cada número es la campanada de un paso trémulo)… cuatro… cinco… seis… (con los pies se acerca en vilo la marcha de ojos atónitos de sus bailarines, quienes caminan con las manos aferradas a barrotes invisibles)». Cada número de aquel campanario es un gesto de angustia, de indefensión y de combate frente a la muerte. La coreografía continúa con una danza suplicante. Los bailarines lanzan gritos corporales desde sus celdas y luego caen rendidos como títeres de un fieltro escultural. La escena culmina frente a un ballet estremecido con gestos de auxilio.

«La escena en el campo de concentración, cuando ella y Margot, su hermana, mueren de tifus, evidentemente no aparece en el Diario, pero suponemos que es parte de lo que Ana vivió y de lo que debió de imaginar que les sucedió a los demás. Pero lo más importante de Ana es que, a diferencia de otros testimonios del Holocausto, nos deja un mensaje doloroso y al mismo tiempo esperanzador. Hay que preguntarse qué fue lo que perduró en ella. Fue el mensaje de paz y de tolerancia: eso fue lo que perduró».

Así, el final lo elevará luego la victoria de una danza superior: la del amor del padre -el único sobreviviente- frente al manuscrito inmortal de su hija. «Lo que queda al final es su escritorio y su Diario (sintetiza María Eugenia Barrios), porque del horror queda, finalmente, la creación artística».

Ficha Técnica

Coreografía y montaje: María Eugenia Barrios.

Diseño de escenografía: Edwin Erminy.

Producción general: Offer Zaks.

Lugar: Sala Anna Julia Rojas, Ateneo de Caracas.

Fechas: del 16 de Octubre al 02 de Noviembre, 2008.

Funciones: Jueves y viernes; 8 pm. Sábados y domingos; 5 pm.

Entradas: taquillas del Ateneo y librerías Tecniciencias CCCT y San Ignacio.

Reservación para colegios y venta corporativa: (212) 793.67.91.

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