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«La música sale de mi corazón, sale de Cabo Verde»

La diva de los pies descalzos, como también se le conoce, se declara absoluta admiradora de Julio Iglesias. Espera que la “morna”, la música de su país, logre conectar con el público venezolano durante su presentación en el teatro Teresa Carreño, el próximo 29 de mayo

Por Luis Martínez — Cortesía de Only Ticket Eventos

Ahora que el mundo se fija en la maravillosa voz de Susan Boyle, la señora que saltó a la fama de manera inmediata gracias al programa Britain´s Got Talent y You Tube, uno se da cuenta de que hay otras cantantes que toman un camino más largo y más difícil: cantar en tabernas; cantar descalza porque no hay dinero con qué comprarlos; cantar en la periferia; cantar con los olvidados; cantar porque es la única manera de seguir viviendo.

A través de este camino largo y tortuoso se puede llegar a la permanencia, a una carrera musical que no depende de la volatilidad de las grandes audiencias. Y se logra pasar de un bar de un sitio olvidado en África al Teatro Olimpia de París, por ejemplo.

Cesária Évora representa ese caso. Su voz suave y melancólica se ha convertido en una marca poderosa cuando se habla de la “morna”, la música típica de su país, Cabo Verde, un archipiélago que está frente a las costas de Senegal.

A través de la línea telefónica la escuchamos, con esa voz que es inconfundible y que señala que las mejores cosas en la vida se definen por medio de la sencillez y de las respuestas sin rodeos.

-¿Cómo ha cambiado su música a lo largo de su carrera?

-Mi música no ha cambiado, siempre he hecho lo mismo: música que sale de mi corazón, de Cabo Verde.

“Déjame morir hasta que sueñe/A la sombra del herido/De una suave niña/De cuerpo perfumado”.

-¿Cuáles son sus expectativas para la presentación en Caracas?

-Cantaremos un repertorio que se paseará por todo mi trabajo: cantaré mornas, corredeiras, lo típico de la música de mi país. Es la primera vez que me presento; seguro será un público diferente y espero de corazón que le guste mi música.

“Si la paloma es feliz en su nido/ Yo también soy feliz / En la sombra de mi querida mamá /De Miss Perfumado”.

-¿Qué músico le inspira cantar, hacer música?

-Escucho mucha música; depende del tiempo y del día, mi gusto es variado. Particularmente me gusta Julio Iglesias.

La “morna” es el estilo que define musicalmente a Évora. Es un género musical próximo al fado portugués, el tango argentino o la modinha brasileña. Y siempre el escenario de sus conciertos se asemeja a una taberna y canta descalza, como una manera de recordar sus orígenes y de solidarizarse con los más desfavorecidos de Cabo Verde, lugar donde nació en 1941.

-Dijo en una entrevista que canta cuando tiene nostalgia. ¿Cómo es eso de vivir con una eterna nostalgia?

-Bueno, no siempre, nuestra música también habla de alegría, de amor, hay un poco de todo.

Entre los éxitos de su carrera destacan el Grammy de 2004 al mejor álbum de World Music contemporánea; en 2007 fue candidata a los Premios Príncipe de Asturias de la Concordia y de las Artes, y en febrero pasado recibió, de manos del presidente Nicolás Sarkozy, las insignias como Caballero de la Legión de Honor de Francia, el más alto reconocimiento civil y militar de ese país.

-¿Qué canción de su repertorio la identifica más?

-Las que le gustan más a la gente: “Miss Perfumado” y “Mar Azul”.

Se sabe que su padre falleció poco después de que cumpliera los siete años de edad, y ella y sus seis hermanos fueron criados en circunstancias difíciles por su madre, que era cocinera. De joven, fue dejada bajo los cuidados de un orfanato local, donde aprendió a cantar en el coro. Desde los 16 años se la pasaba cantando en los bares de su ciudad natal, Mindelo, en la isla de São Vicente, por unos pocos escudos o bebidas. Hizo suyo los evocadores sonidos del morna local -llamado así según el verbo inglés mourn (lamentar)-, cuyas raíces se remontan a los tiempos en que Cabo Verde era una importante estación en el comercio de esclavos.

-¿Algunos de sus hijos han seguido la carrera musical?

-Yo no tuve educación musical, creo que nací con talento. Ninguno de mis hijos se dedica a la música.

Cantó en bares, radios y barcos, pero en 1975, luego de que Cabo Verde dejara ser colonia, se ausenta de los escenarios. En la década de los años noventa la cantante fue “descubierta” desde París, donde graba su primer álbum La Diva de los pies desnudos. No será hasta Mar Azul (1991) y Miss Perfumado (1992) (la producción que incluye los ya conocidos temas “Sodade”, “Angola”, “Lua Nha Testemunha” y “Miss Perfumado”) cuando llega la confirmación de su éxito.

-¿Qué le recomienda a las nuevas generaciones de músicos?

-Tengo mala memoria con la música que suena en la actualidad, la música que sigo es más tranquila en comparación con los ritmos actuales. Por eso no sabría qué decirle a los músicos que están empezando.

De repente, aparecieron los conciertos en el Olimpia de París, las comparaciones con Billie Holliday, las giras mundiales, el abandono del alcohol, las cinco nominaciones a los Grammy, cinco millones de discos vendidos en el mundo y la ascensión a la cima. Un camino largo y difícil, pero que ha valido la pena. Cesária Évora, la morna y Cabo Verde aparecen en el mapa musical mundial, posiblemente para no desaparecer.

-Salió un disco con sus canciones remezcladas, ¿qué le parece?

-Es una música para los jóvenes, para las discotecas, no es mi estilo. Fue una colaboración que ayudó a acercar la música de Cabo Verde a las nuevas generaciones.

Su último disco se llama Rogamar (2006), y luego de varios intentos fallidos para venir a Venezuela, su voz podrá ser escuchada en vivo, en un concierto que promete ser inolvidable.

Al fin en Venezuela

“La diva de los pies descalzos”, como también se le conoce, llega finalmente al país, luego de cinco intentos fallidos, para ofrecer una presentación el viernes 29 de mayo en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño. Estará rodeada por grandes músicos de Cabo Verde, quienes siempre la acompañan: Fernando “Nando” José (piano), Joao José de Pina (guitarra), Paulino Soares Vieira (cavaquinho), José Manuel Paris (bajo), Ademiro José Miranda y Julio Antero (percusión), Domingo Antonio Gomes (saxofón) y el maestro cubano Julián Corrales Subida (violín), otrora violinista del desaparecido y querido Ibrahim Ferrer, del Buena Vista Social Club.

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