feminas_001 Contrario a lo que pueda pensarse, las películas dirigidas por mujeres abundan en nuestra filmografía, y sus temáticas son tan diversas y complejas como ellas mismas. Este año más de siete cintas, desde comedias románticas hasta películas de suspenso, desfilarán con los “ovarios bien puestos” por nuestras salas de cine
Por Carlos “Caque” Armas

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Basta con remitirse a nombres como Margot Benacerraf y Fina Torres, ambas destacadas con galardones en el festival de Cannes; o recordar que Macu, la Mujer del Policía de Solveig Hoogesteijn sigue siendo una de las películas más vistas de nuestra filmografía, para darse cuenta de que, en lo que a cine venezolano se refiere, las mujeres están lejos de ser consideradas como el sexo débil.

Hablar de sexismo a estas alturas del partido a la mayoría de ellas les parece ridículo y trasnochado. Sin embargo, no dejan de reconocer lo curioso que resulta que Venezuela posea una de las más grandes muestras de mujeres directoras en el mundo.

“Las mujeres directoras de cine en Venezuela no son un movimiento ni un grupo que se reúne a ver qué películas hacen ni nada por el estilo. Hablar de su cine como si fuera un género es absurdo. Aquí lo que hay es muchísima actividad por parte de ellas y eso hace de Venezuela un país excepcional”, comenta Fina Torres, quien para finales de este año prepara el estreno de su cuarta película Un té en La Habana, comedia romántica protagonizada por Prakriti Maduro, Juan Carlos García, Deive Garcés y Juliet Delgado.

“Un país como el nuestro puede parecer machista visto de lejos, pero nada más distinto de la verdad. Aquí hay un machismo de primer grado de primaria si lo comparas con otros países, que uno podría pensar que son más abiertos. Por ejemplo, en Cuba prácticamente no hay mujeres directoras; en Estados Unidos, que es un país con una industria gigantesca, la muestra es mínima, menos del 7% del total de directores son mujeres. Creo que si se hace un estudio formal en Venezuela, las cifras mostrarían un equilibrio casi de 50% y 50% de proporción entre hombres y mujeres detrás de la cámara. Eso es sorprendente”, indica Torres.

La directora Geyka Urdaneta, quien también ultima detalles de su ópera prima Cuidado con lo que Deseas, recuerda que cuando asistió al Festival de Cortometrajes de Clermont Ferrand (Francia), los periodistas y organizadores se impresionaban porque habían dos venezolanas presentes en la muestra. “Nos preguntaban: ¿Cómo es eso de que hay mujeres directoras en Latinoamérica? Y claro, ellos tenían el mito del machismo latinoamericano entre ceja y ceja. Se llevaron tremenda sorpresa al saber que Venezuela es uno de los países que tiene más mujeres directoras en el continente”, declara Urdaneta.

“Sería muy interesante estudiar el por qué de este fenómeno, siempre me lo he preguntado, pero no tengo ni idea. Quizás sea porque nos gusta estudiar más. Recuerdo que cuando estaba en la universidad, en mi salón había más mujeres que hombres. Quién sabe, quizás es porque en ese sentido somos un país más avanzado que muchos otros”, comenta Torres, entre risas.

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Los Temas

Alejandra Szeplacki es la directora del que probablemente sea el primer girl flick venezolano; es decir, una película hecha por mujeres para mujeres. El slogan de su ópera prima, Día Naranja, reza que “es una película tan imprescindible para las mujeres como el maquillaje”, y luego de ver un breve avance de tres minutos, da la impresión de que es una de esas películas en la que difícilmente se vea a un hombre solo comprando la entrada. “La que toma la decisión de qué película ver a la hora de ir al cine es la mujer y no el hombre. Así que espero que la mía no sea ajena a esta regla”, opina la cineasta.

En Día Naranja, tres mujeres de distintas ciudades de Latinoamérica (Buenos Aires, México y Caracas), viven un día en el que se enfrentan simultáneamente a un embarazo inesperado. El tema y su tratamiento son tan feministas como su directora, quien además de crear esta primera obra de ficción cuenta con 35 documentales, muchos de ellos centrados en temáticas femeninas. “La mujer es un tema que me gusta y me interesa mucho. Siento que en Venezuela sólo Solveig Hoogesteijn ha explorado el tema con una claridad y destreza admirables. Todas sus películas con nombre de mujer, Macu, Santera, Maroa, tienen una capacidad inmensa para vincular el barrio, la violencia y toda esa situación extraordinaria de los venezolanos desde los ojos de la mujer”, confiesa Szeplacki.

“En el plano temático -opina Torres-, no podemos separar el cine hecho por mujeres del cine hecho por hombres. Es cierto que cada cual tiene su universo particular, y que tal vez las mujeres tendemos a mostrar puntos de vista más cotidianos e intimistas; aunque es raro ver en nuestra cinematografía una película de tiros y explosiones hecha por una mujer, no quiere decir que sea imposible.”

“No puede decirse que las mujeres venezolanas siguen una línea temática distinta a la de los hombres -aclara Urdaneta-. Tal vez hacemos un cine menos violento, pero sigue estando presente una preocupación social y los temas políticos, tocados con cierta sensualidad. Encasillarnos en una línea temática sería sexista”

Torres remata la discusión de los temas asegurando que al final es “pura paja”, pues ambos sexos pueden trabajar temas y géneros con la misma intensidad.”

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En el set

Estar al frente de un equipo de más de 40 personas, entre técnicos y personal artístico, no es tarea fácil. Se requiere liderazgo, carácter, y, sobre todo, claridad y entusiasmo en el trabajo que se realiza. Estas cualidades no son ajenas a las mujeres directoras en nuestro país.

Szeplacki: “Siempre he sentido que a las mujeres nos es más difícil trabajar en esto. Mundialmente el cine es un oficio de hombres, puedes ir a las estadísticas: ninguna mujer ha ganado nunca un Oscar como mejor director, y muy pocas han sido nominadas. Puede que veas muchas mujeres trabajando en el área de producción, pero es muy difícil para nosotras llegar a otros puestos. Es por eso que estando yo en la silla del director, procuré juntarme con un equipo de muchas mujeres. Además, la historia que quería contar se prestaba para que ellas se involucraran e interpretaran mejor las sensaciones que quería transmitir en un universo tan especial como el femenino.”

Urdaneta: “Cuando trabajaba en televisión como asistente de producción, yo era joven y estaba medio buena; en esa época sí sentí que te miraban y juzgaban tu trabajo por ser mujer. Pero ya no estoy buena, así que no tengo ese problema. Quizás la única diferencia que siento al encarar un trabajo como directora, por el hecho de ser mujer, es que al comienzo existe por parte del equipo técnico una cuestión de delicadeza y cuidado en el trato, que en la medida en la que uno va trabajando y demostrando dominio en lo que hace, se va disipando y convirtiendo en respeto y confianza. En ese sentido, debo decir que los técnicos venezolanos son maravillosos, además de ser muy inteligentes y creativos.”

Szeplacki: “Los técnicos de nuestro país, imagino que por el precedente de tantas féminas directoras, están muy acostumbrados a trabajar con mujeres. Yo he crecido con mis técnicos, y aunque por tecnicismos me digan “señor” en el set -como se le suele decir a los directores-, no es para nada un tema difícil de llevar. En otros países la cosa sí es muy distinta. En Argentina, por ejemplo, cuando me presenté por primera vez ante el equipo, ellos pensaban que yo era la tercera en mando, no fue hasta que entró el director de fotografía que se sintió el silencio de la llegada de la autoridad.”

Urdaneta: “Nunca faltan los chistes en el set. Yo hice ballet cuando era niña y me acostumbré a agacharme levantando el trasero. Obviamente me joden un montón con frases como ‘así perdió el ojo el pirata’ y cosas así, pero nunca de forma ofensiva, es sólo una manera divertida de los técnicos de echarme broma.”

Torres: “En el set si eres mujer u hombre no importa, lo que importa es el resultado. Un director no es un capataz que debe arrear al equipo a gritos para filmar su película, sino que debe encargarse de dirigir las energías de todos para llevar a buen término el proyecto. Así que las mujeres deben sacudirse el ‘no me dejaron porque era mujer’ y asumir su película con fuerza y convicción.”  

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Lo que viene:

  • Además de Un Té en la Habana, Cuidado con lo que Deseas y Día Naranja, otras cuatro producciones dirigidas por venezolanas preparan su estreno para la segunda mitad del año. He aquí un pequeño abreboca:
  • El Círculo. En Julio, la ópera Prima de Carmen L’Roche llegará a la gran pantalla con una historia de violencia y venganza.
  • Una, dos y tres mujeres. Tríptico con la feminidad como elemento común. La producción de la Villa del Cine está a cargo de tres directoras nóveles: Andrea Ríos, Andrea Herrera y Anabel Rodríguez. Des-Autorizado. Comedia de tintes pirandellianos en la que un guionista pierde el control de los personajes que ha creado. Dirige Elia K. Schneider.


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