cym_contacto_004 El masaje que una madre puede proporcionarle a su hijo durante los primeros meses de vida es una de las mejores maneras de afianzar su vínculo afectivo. Se miran, se ríen, se entienden. Una mamá y su bebé pueden aprender a conocerse más desde sus primeros meses juntos por medio de la vista y el tacto, a partir de un masaje diario con el cual ambos aprendan a relajarse y a disfrutar del otro. Existe una ancestral técnica de la India que se conoce como el masaje Shantala, y consiste en una serie de movimientos rítmicos y suaves que la madre le ofrece a su hijo como un regalo sensorial, que contribuye a su desarrollo cognitivo y emocional.
Por Magaly Rodríguez

Este masaje es lento y metódico y dura de 15 a 30 minutos; la mamá puede cantar o conversar suavemente con el bebé si lo desea. Puede comenzar por las piernitas del niño, acariciándolas y rodeándolas con ambas manos desde el muslo hacia abajo, haciendo flexiones y rotaciones suaves de estas extremidades, hasta los pies, masajeando incluso los deditos: no hay que forzarlos a estirarse si están encogidos, basta con acariciarlos.

La misma operación se repite con los brazos, y luego se acompaña de movimientos circulares y suaves sobre la barriguita y el pecho del bebé; también puede estimularlo con tamborileos de los dedos o roces alargados. La espalda también se masajea, teniendo cuidado de no ejercer una presión directa justo sobre la columna vertebral para no incomodar al bebé. Finalmente, la cabeza y la carita también reciben su ración de caricias.

Un buen momento para efectuar este pequeño ritual es después del baño del bebé. No sólo él debe estar relajado: la mamá también debe liberarse de su propio estrés antes de comenzar el masaje para poder transmitirle esa armonía a su hijo. Por otro lado, si el niño está enfermo o en plena digestión –o si está inquieto, irritable o lloroso– es preferible posponer el masaje hasta que esté en mejor disposición de recibirlo.

Detalles esenciales

El cuarto en el que vaya a efectuarse el masaje debe tener un ambiente tibio y sin ventanas abiertas, para que el bebé no pase frío. Es ideal hacerlo sobre una cama donde mamá y bebé puedan estar cómodos: la forma más sencilla es que la madre se siente en posición india y acueste al niño frente a ella.

La mamá debe lavarse muy bien las manos antes de comenzar el masaje, y asegurarse de que estarán tibias al momento de entrar en contacto con la piel del bebé. Sus uñas no deben ser muy largas para no rasguñarlo, y debe despojarse de relojes, anillos y otras prendas que puedan incomodar al pequeño durante la fricción.

No es necesario que el bebé esté completamente desnudo; puede conservar el pañal. Para que las manos se deslicen con suavidad, la madre puede frotarse en ellas un poco de aceite



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