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El prototipo de una mujer atractiva ha sufrido constantes cambios en la historia de la humanidad. Si en otras épocas el ideal físico estuvo representado por jóvenes robustas de caderas anchas, hoy apreciamos que la tendencia se inclina a cuerpos cada vez más estilizados y delgados. Sin embargo, algo no cambia y es la constante búsqueda que la mayoría emprende por asemejarse lo más posible al modelo imperante.
Atributos como una piel tersa, abundante cabellera y ojos grandes han sido considerados como rasgos que denotan atractivo físico desde hace cientos de años, tal vez por el hecho de que inconscientemente se correlacionan con la salud y la fertilidad. | Karina Brocks

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El concepto de lo que es en sí el ideal de belleza se remonta a los tiempos de los antiguos egipcios, griegos y a teorías renacentistas relacionadas con la simetría y la proporción. Muestra de ello son innumerables doctrinas y postulados de reconocidas figuras como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael, entre otros, quienes derivaron fórmulas o cánones que sustentan matemáticamente estas apreciaciones. Surgieron entonces principios de como la boca debe tener una vez y media el ancho de la nariz; los ojos deben estar paralelos a la distancia del ancho de uno solo, etc.
Sin embargo, en el transcurso de la historia hemos podido apreciar que muchos de estos arquetipos han cambiado progresivamente, por lo que el conjunto de atributos que determinaban que una mujer fuera hermosa físicamente durante el Renacimiento, no necesariamente fueron los mismos que durante el siglo XIX o en la actualidad. Todo esto sustenta el concepto de la subjetividad de la belleza, y de la misma “idea” de que algo lo sea, de acuerdo a los parámetros sociales que prevalezcan en el momento en que nos toque vivir.

cyr_cánones_01Principales tendencias
Algunas de las teorías más tempranas se encuentran en trabajos de filósofos griegos, quienes determinaron una fuerte conexión entre las matemáticas y la belleza, principalmente en lo que respecta a la importancia de la simetría. Los griegos le prestaban muchísima atención al cuidado del cuerpo, por lo que se ejercitaban, se bañaban con agua fría y se sometían a masajes con el fin de aproximase a la perfección estética, evitar rastros de grasa, mantener su figura y tener la piel tersa. El estereotipo de una mujer griega atractiva correspondía a aquella de senos no muy voluptuosos, con un cuello fino y esbelto, así como hombros proporcionados. El maquillaje de las atenienses se basaba en el color negro y azul para realzar el tamaño de los ojos; coloreaban sus mejillas con carmín, y el color de la piel de la cara debía ser pálido. Este concepto logró gran popularidad y fue adoptado por otras culturas.
En la época del Imperio Romano la estética se convirtió en una auténtica obsesión. Tanto los hombres como las mujeres atesoraban fórmulas de cosméticos, se maquillaban, peinaban y depilaban. Los baños, masajes, vestidos, peinados y el cuidado del cuerpo no eran exclusivos del sexo femenino, todos los romanos querían embellecerse y cuidarse. A diferencia de Grecia, no existía un único ideal de belleza, sino que recibían constantes influencias de los pueblos dominados por el imperio.
Como consecuencia del auge del cristianismo durante la Edad Media, la belleza estaba estrechamente vinculada con la intervención divina. La mujer de esta época soportó las consecuencias de una etapa caracterizada por la austeridad, las frecuentes guerras y grandes epidemias, por lo que predominó un concepto mucho más natural. A este período le sigue El Renacimiento, época en que los valores estéticos toman un nuevo impulso. El ideal de mujer consistía en tener un cuerpo de formas muy curvadas, la frente alta y despejada, cejas escasas y piel blanquecina. El cabello rubio era sinónimo de buen gusto, por lo que muchas mujeres preparaban tintes caseros con el fin de aproximarse a esta tonalidad.

cyr_cánones_02El ideal de belleza durante el último siglo
Factores como el desarrollo de la ciencia, el auge de la publicidad y la masificación de los medios de comunicación social han jugado un rol muy importante en los sucesivos cambios del patrón estético de la mujer durante los últimos cien años. Es así como apreciamos que las modas o tendencias que hace siglos se mantenían por varias décadas intactas, actualmente se imponen por pocos años.
Prueba de ello es la referencia de algunas actrices de Hollywood como Marilyn Monroe o Sofía Loren, quienes durante los años 50 fueron íconos admirados y modelos a seguir por sus atributos físicos, distinguidos principalmente por poseer curvas pronunciadas. Sin embargo, en apenas veinte años, con el inicio de la década de los setenta, éste canon de belleza se orientó hacia un ideal del cuerpo de mujer con formas menos redondeadas y mucho más estilizado.
La concepción de una figura delgada evolucionó progresivamente, llegando al punto de popularizar durante los años 90, la masificación de un concepto casi extremo. Ya a comienzos del siglo XXI el boom de las cirugías estéticas es indudable y con ellas muchas mujeres ven la oportunidad de retocar las partes de su cuerpo con un criterio que generalmente está enmarcado en un concepto de belleza publicitado en la imagen de célebres modelos, figuras de la actuación y cantantes.

cyr_cánones_09Masificación de parámetros
La difusión que se hace del arquetipo de mujeres muy delgadas -con medidas casi perfectas- a través de los medios de comunicación, se ha sometido a estudios por parte de especialistas de distintas ramas, en general la psicología, quienes advierten que la presión social por alcanzar este estándar ha tendido a masificarse, llegando a generar problemas de autoestima, e incluso de salud, cuando quienes se proponen “encajar” en este patrón lo encuentran prácticamente imposible. Por lo que no es una casualidad que hace pocos meses se decidiera aumentar el promedio del peso de las modelos de algunas de las pasarelas más famosas del mundo, como una iniciativa para contrarrestar este efecto.
En la actualidad, existe un gran número de organizaciones que promueven la amplitud que abarca el concepto de la ‘belleza física’ y la importancia de que esta se exprese valorando las múltiples formas y colores del ser humano, liberándose de estereotipos que no sean alcanzables o que puedan arriesgar la salud. De igual manera, existe una tendencia a realzar el desarrollo de la ‘belleza interna’, la cual también genera atractivo y puede cautivar a través de las palabras, la actitud, el sentido del humor, la paciencia, la bondad y la imaginación.

Fuentes
www.mujernueva.org
www.wikipedia.com
www.terra.com
www.ausironature.com
www.gestiopolis.com



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