Donde los hombres se convierten en dioses
Visitar México (centro y ombligo de la luna) es entrar en contacto con nuestros orígenes. Recordar de dónde venimos y profundizar conocimientos de la imponente cultura azteca, que gobernó parte de Norteamérica antes de la llegada de los españoles.
Por Iralis Fragiel
Visitar México (centro y ombligo de la luna) es entrar en contacto con nuestros orígenes. Recordar de dónde venimos y profundizar conocimientos de la imponente cultura azteca, que gobernó parte de Norteamérica antes de la llegada de los españoles.
Pero visitar el Distrito Federal (DF) es más. Recorrer sus extensas calles que no se agotan, como la avenida Insurgentes que tiene 42 Km de extensión, museos, plazas y monumentos es tener un retrato claro de su gente, una impronta de su idiosincrasia y cultura.
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El buen trato y la amabilidad de los mexicanos hacen del turismo en México algo especial. Es por ello, que tomo el significado de la palabra Teotihuacán, donde se erigen las pirámides del Sol y de la Luna, y que significa “lugar donde los hombres se convierten en dioses”, para referirme a la sensación que tiene un turista cuando conoce este lugar y se siente bien atendido. El excelente servicio es uno de los rasgos distintivos de México.
Sin embargo, puede que 5 días se vuelvan cortos para conocer el DF. Es “imperdible” el recorrido por el casco histórico o la zona del Zócalo, que comienza en la Plaza de la Constitución, una de las más grandes del mundo.
Está bordeada por la Catedral Metropolitana, inmenso edificio de piedra gris que fue construido para sustituir a la antigua iglesia episcopal, y que está al norte de la plaza.
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El circuito comprende además el recorrido por el Palacio Nacional. Se sugiere tomar una visita guiada, con funcionarios acreditados por el gobierno de México, quienes explican detalle a detalle la historia de este espacio. El edificio ocupa el lado oriental del Zócalo y su fachada se extiende en 200 metros.
Pero lo más interesante del Palacio es admirar los murales del pintor Diego Rivera, que plasman la historia de México, desde la época prehispánica hasta el siglo XX. Fueron iniciados en el año 1929 y retomados en la década del 50.
En el casco histórico se alzan las ruinas del Templo Mayor, que además cuenta con un museo propio.
Esta es una de las pocas riquezas arquitectónicas que se conservan del mundo prehispánico. Cuando los españoles llegaron a México se dieron cuenta que el proceso de colonización y específicamente de conversión a la religión católica no era fácil. Las costumbres y tradiciones indígenas estaban muy arraigadas. La solución fue imponer “mi Dios” sobre tu “Dios”. Es así que los edificios del casco histórico se levantan sobre los antiguos templos aztecas. Sólo el Templo Mayor está visible. Lo demás yace bajo la concepción arquitectónica española.
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El Templo Mayor fue el centro ceremonial más importante de la cultura mexicana. Fue reconstruido al menos 11 veces, ya que cada emperador dejaba su huella con modificaciones propias. Se reconocen en su fachada simbologías de animales que representaban deidades importantes para los indígenas como el águila y la serpiente.
Tal como resume la guía Total de México, editada por el grupo Anaya, en el templo hay continuas referencias a las necesidades económicas y agrícolas de los aztecas, conocidos por su carácter guerrero. De hecho, quienes relatan la historia mexicana reconocen que la conquista no se debe a la ignorancia de ese pueblo. Tuvo mucho que ver con el apego a las creencias. Por ello que la lucha azteca no se activó de primer momento.
Cuando Hernán Cortés llegó a las costas de Veracruz el 8 de noviembre de 1519, no pudo contener la impresión por la manera pacífica como fue recibido. Y es que el emperador Moctezuma II pensó que Cortés era el cumplimiento de una profecía. El regreso del Dios Quetzalcóatl, quien deseaba recuperar su trono usurpado.
Con el tiempo, otros grupos indígenas, cansados del sometimiento de los aztecas, se aliaron con los españoles, lo que, marcó la caída de uno de los imperios indígenas más aguerridos e importantes del mundo prehispánico.
Del Zócalo a la Alameda central se llega también al Palacio de Bellas Artes, un edificio de mármol de Carrara diseñado por el arquitecto italiano Adamo Boari. En la parte interior del Palacio destaca el museo, en el que se pueden contemplar obras de importantes pintores mexicanos como Diego Rivera, David Alfaro Sequeiros y José Clemente Orozco.
Por el Paseo de la Reforma se llega al Bosque de Chapultepec (semejante al parque del Este), donde se puede pasar un día al aire libre o visitar el zoológico. También es recomendable el Castillo de Chapultepec, ubicado en la cima del cerro del Chapulín.
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El museo de Antropología es otra de las riquezas culturales de México. La disposición y la calidad de la información (audiovisual, escrita o representada) es un rasgo a resaltar. Se inicia el recorrido en la Sala de introducción a la antropología; sigue la Sala de Mesoamérica; la Sala de los orígenes; la Sala del Preclásico, en la que se pueden ver las estatuillas del Tlatilco; la Sala de Teotihuacán, en la que destacan la estatua de Chalchiuhtlicue y la de Xipe Totec. Por último, está la Sala Mexica, donde destaca la Piedra del Sol o mal llamada calendario azteca en la que también se realizaban sacrificios; y la Sala del Golfo de México; la Maya; la Sala del Norte y la de Occidente.
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Guadalupe y las pirámides
Parada obligada es la basílica de Guadalupe. Este complejo religioso está formado por el primer templo construido en honor a la virgen. El “antiguo santuario”. que actualmente está en reconstrucción, y cuyo hundimiento es visible, fue terminado en el año 1709. Al lado está la Colegiata de Guadalupe.
La nueva basílica, donde está la imagen de la virgen, se inauguró el 12 de octubre de 1976. Tiene 12 capillas en las que se oficia misa simultáneamente. En el centro de ella se puede ver la imagen de la “virgen morena” que se apareció en el manto del indio Juan Diego. Han pasado 500 años y no existe decoloración alguna de la tela.
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Luego de visitar este templo se puede continuar el paseo hasta Teotihuacán, donde están las pirámides del Sol y la Luna. Antes de llegar a esta estructura, hay una pequeña venta de artesanías de habitantes de la zona en plata y piedras típicas, como la obsidiana. Allí también relatan el origen del Tequila, que se extrae de una planta llamada “agave”. El trago con sal y limón, es una dura, pero deliciosa prueba.
El Sol y la Luna son basamentos truncados con forma piramidal. La primera es más alta, tiene una base de 222 X 225 metros y de lado mide 350 metros. Es una de las obras de arquitectura más importante de Mesoamérica y, según las investigaciones, era un lugar de culto. La segunda es más pequeña, tiene una base de 140 X 150 metros y una altura de 45 metros. En el medio de ambas está la denominada “calzada de los muertos”, donde estaban enterrados reyes y sacerdotes.
Paseos aledaños
Antes de llegar a Xochimilco (lugar de los campos de flores) se puede bordear la Ciudad Universitaria (al sur de San Ángel). Es un campus estudiantil donde están las facultades de la Universidad Autónoma de México. Resalta el edificio de la Biblioteca Central, adornado con mosaicos del artista J. O ‘ Gorman. Ya en Xochimilco, la Venecia mexicana, se puede tomar un paseo en trajinera (barcas) que tienen la particularidad de ser muy coloridas y tener nombres de mujer. Mariachis interpretan “barca a barca” la petición musical del turista. Es interesante recorrer los viveros que están a los costados del lago.
Este lugar (que está como a 40 minutos del DF) es un tesoro que se conserva del mundo prehispánico. De acuerdo con la leyenda, México-Tenochtitlán se levantaría sobre un lago. Según el dios Huitzilopoctli, la ciudad se construiría donde se viera un águila sobre un nopal devorando a una serpiente. Y así fue.
La Guía Total señala que, no había muchos terrenos cultivables los aztecas construyeron un sistema “por el que se ganaron las aguas dulces en la laguna de Xochimilco, próxima al lago salado de Texcoco” y se conformaron islas artificiales. Esos “pedazos de tierra”, que todavía hoy se puede observar se llaman “chinampas” y “fueron utilizados como huertos y jardines”.
Otro paseo un poco más largo es la visita a Puebla (a 2 horas y media de Distrito Federal), ciudad que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Mezcla lo colonial con lo indígena y posee más de 300 iglesias. Por la autopista que conduce a este lugar se puede observar también al volcán Popocatépetl y a la montaña Iztaccíhuatl.
En Cholula, a 12 kilómetros de Puebla, descansa la Pirámide de Tenampa y el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios. El templo de Santa María de Tonantzintla es un colorido ejemplo de la arquitectura poblana e indígena.
Taxco también es un hermoso lugar turístico caracterizado por la venta de plata. De hecho, se le conoce como “la ciudad de la plata”.
En Coyoacán, un barrio meridional de Ciudad de México, es parada obligada el museo Frida Kahlo, donde la pintora vivió con su marido Diego Rivera. Termino la reseña con una frase de la artista mexicana que valora la vida, y por qué no, los viajes: “recuerda que cada tic- tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés que sólo es el problema saberla vivir. Que cada uno lo resuelva como pueda”.
- Tomando en cuenta que el volumen vehicular causa congestionamiento en la Ciudad de México (aunque nunca como Caracas), se puede llegar al casco histórico en metro hasta la estación Zócalo.
- Si va a tomar un taxi se sugiere que tenga el número de identificación o la placa visible. Muchos recomiendan los de color naranja. Los choferes deben estar identificados.
- La Zona Rosa es un buen lugar para hospedarse, ya que está cerca de un gran boulevard con tiendas y restaurantes, y queda próxima a la estación del metro Insurgentes.
- Hay lugares nocturnos en este lugar, donde se pueden ver bailes típicos de Oxaca o escuchar música norteña. La plaza Garibaldi es otro de los lugares escogidos para oír mariachis en vivo. Aunque es más cómodo y seguro sentarse en algunos de los locales que está en los alrededores de este espacio.
- Si se van a realizar excursiones a zonas aledañas al D.F., se recomienda tomar en cuenta las distancias. El territorio mexicano es extenso. Por ejemplo del D.F a Puebla son al menos dos horas. Consultar los precios de las excursiones en los hoteles. Muchas veces las que se ofrecen en el aeropuerto son un poco más costosas.
- A veces pareciera un mito que el Distrito Federal mexicano sea tan peligroso ¿Usted podría caminar tranquilamente por el Boulevard de Sabana Grande a las 11 de la noche? Esto aún es posible en México, específicamente en la Zona Rosa. Por supuesto, como cualquier gran ciudad del mundo, hay que estar pendiente de los carteristas y de las denominadas zonas “rojas”.
- Las peceras o camionetitas representan una buena opción para ahorrar costos y hacer recorridos cortos en el DF.
- Es importante tomar en cuenta que los museos están cerrados los lunes.
- En cuanto a la comida, si bien tiene gusto natural del chili, se puede pedir con el picante aparte. Los “chapulines” o grillitos fritos aderezados con un polvillo naranja son una “chuchería” típica en Cholula ¡No dejen de probarlos!
- Otras recomendaciones gastronómicas son el esquite o ezquite (sopa de maíz); pollo al pipián o mole poblano (típico de Puebla); Pozole (granos de maíz con carne de puerco, es una especie de sopa); además de los tacos y burritos, rellenos de pollo o carne.
- Si se viaja a México en Otoño, es recomendable ir bien abrigado. Las temperaturas, al menos en noviembre, oscilan entre los 4 y 11 grados en la mañana y en la noche. Durante el día es más cálida.
Fuente:
Guía Total de México, editada por el gripo Anaya, 2005.
Información aportada por el guía turístico Julio Villaseñor
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