El Escorial. Paseo por las cercanías de Madrid
Equipaje Octubre 11th, 2007
Es verano. El sol calienta en El Escorial. La temperatura es alta pero el clima no es tan seco como el de Madrid. Los jóvenes visten las calles. Sus ropas de color iluminan los senderos del municipio coronado en la montaña. Los cursos de verano que ofrece la Universidad Complutense de Madrid le dan vida al lugar, que además está a reventar por la cantidad de turistas provenientes de distintas partes del mundo.
Por Iralis Fragiel
Muchos madrileños tienen además casas para vacacionar en esta localidad, que está a 40 minutos de la capital española, en tren.
Uno de los atractivos del lugar es el Monasterio El Escorial –conocido también como el Monasterio de San Lorenzo El Real– que fue construido por Felipe II para conmemorar la victoria de San Quintín sobre los franceses el 10 de agosto de 1557.
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El monumento, proyectado por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, se erige para darle gracias a San Lorenzo por ese triunfo. Registros bibliográficos aseguran que este santo fue quemado vivo en una parrilla, cerca del campo de Verano en Roma. La enciclopedia virtual Wikipedia destaca que el monasterio tiene precisamente forma de parrilla “por haber sido instrumento de su martirio”.
Tal como resume la Guía Comercial e Histórica de los Comercios de San Lorenzo, este edificio integra varias funciones: iglesia, convento, seminario, biblioteca, palacio y panteón de reyes.
Además el conjunto fue declarado por la Unesco Patrimonio Nacional, el 3 de marzo de 1931, y en 1984 Patrimonio de la Humanidad.
Del lugar destaca la biblioteca y el panteón. La primera cuenta con una valiosa colección de libros (más de 40 mil), organizada por el humanista Benito Arias Montano y el padre José de Sigüenza en el año 1577.
Una nave de 54×9 m. y 10 m. de altura en cuyo techo se deja ver la bóveda de cañón pintada al fresco por Peregrín Tibaldi que representa las siete artes liberales: gramática; retórica; dialéctica; aritmética; música; geometría y astrología.
En sus estantes, protegidos por finos barrotes negros, se apoyan libros como las Cántigas de Santa María, las obras autógrafas de Santa Teresa de Jesús, y el Códice Áureo – escrito con letras de oro-, además de manuscritos persas y árabes.
El panteón es un espacio circular en el que se ven 26 sepulcros de mármol. Descansan allí los restos de monarcas de las casas de Austria y Borbón, menos Felipe V y Fernando VI.
Posee adornos de bronce dorado y resalta el piso de mármoles y jaspes de distintas tonalidades.
Especial es el Panteón de los Infantes que se terminó en 1888. Tiene nueve cámaras enfundadas en mármol blanco de Florencia y Carrara. En este espacio están los restos de reinas que mueren sin descendencia real y los príncipes e infantes.
La tumba de Don Juan de Austria, obra de Giuseppe Galleoti destaca por su diseño, además de la Rotonda de párvulos que contiene 60 nichos.
En las salas capitulares se pueden contemplar obras de El Bosco, Mártire Neri, Navarrete, Lucas Jordán, Mario de Fiori, entre otros; y en el llamado Palacio de Felipe II, lugar de residencia del referido rey, se ven tapices como “Los pecados capitales” de El Bosco.

Encuentro con la ciudad
Cada esquina de San Lorenzo de El Escorial esconde historia. Hay por lo menos 24 casas con tipología de vivienda urbana y jornada del siglo XVIII hasta principios del sigloXX.
Es recomendable visitar el entorno del Monasterio integrado por La Primera y Segunda Casa de Oficios; La Casa de La Campaña, Universidad María Cristina; La Cachicanía; La Dehesa de La Herrería; La Casa de los Infantes; La Tercera Casa de Oficios; La Casita del Príncipe; La Casita del Infante; y La Silla de Felipe II.
En El Escorial hay librerías antiguas ideales para comprar pequeños detalles como libros en pequeño formato (Mitos y leyendas de Madrid, por ejemplo). Pero si la idea es conocer a la gente y la idiosincrasia del lugar, el Mercado Público el Repeso es un buen lugar. Pescado, frutas frescas, un buen vino o jamón serrano son algunas de las delicateses que ofrece, aderezadas con la simpatía de los vendedores.
El recorrido se puede terminar con un café en cualquiera de los restaurantes al aire libre, muy cerca de la calle empedrada de hoteles. Un helado o la tradicional horchata de chufa, bebida refrescante a base de agua, azúcar y chufa representan una buena opción para evadir el calor veraniego.
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