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Lina Bo Bardi llegó a Río por barco, y el azul intenso de la bahía la deslumbró. Llegaba de una Italia teñida de grises, donde la esperanza luchaba por florecer y montañas de escombros lo impedían. Dejaba atrás los traumas de la guerra y la destrucción, y encontró en Brasil una tierra virgen, fértil y llena de magia que la recibía con los brazos abiertos. “Me sentí en un país inimaginable –dijo Lina–, donde todo era posible. Me sentí feliz, y en Río no había ruinas”.

“Two roads diverged in a wood, and I…
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.”

“Dos caminos divergían en un bosque, y yo…
Yo tomé el menos transitado,
Y eso ha hecho toda la diferencia.”

Robert Frost
The road not taken | Ricardo Avella

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Lina Bo Bardi llegó a Río por barco, y el azul intenso de la bahía la deslumbró. Llegaba de una Italia teñida de grises, donde la esperanza luchaba por florecer y montañas de escombros lo impedían. Dejaba atrás los traumas de la guerra y la destrucción, y encontró en Brasil una tierra virgen, fértil y llena de magia que la recibía con los brazos abiertos. “Me sentí en un país inimaginable –dijo Lina–, donde todo era posible. Me sentí feliz, y en Río no había ruinas”.
Como europea, portadora de los nuevos ideales del Movimiento Moderno, Lina podía comerse Brasil como le viniera en gana. De cualquier manera, los brasileños iban a estar encantados: existía un desaforado afán de vanguardismo y desarrollo en el país, una idea de progreso “que tuvo como imagen emblemática la promesa de un Eldorado llamado Brasilia”, como señala la historiadora brasileña Olivia de Oliveira. Un afán de vanguardismo que aceptaba con grandísimo entusiasmo todo aquello que fuera nuevo. Y todos sabemos que lo nuevo, especialmente en los pueblos latinoamericanos, siempre trae consigo esperanza e ilusión.
Pero la euforia también impide ver con claridad, y al aceptar tan ingenuamente cualquier cosa, la cultura brasileña comenzaba a olvidarse de sí misma. Así como Río había maravillado a Lina, São Paulo llegó a darle la impresión de ser “la ciudad campeona del mundo en autodestrucción”. Con la sensibilidad propia de un extranjero, Lina veía como el brasileño desaparecía por voluntad propia, y cómo la memoria de un pueblo era sepultada por las ideas “vanguardistas” que llegaban de su Europa natal.
Lina Bo Bardi, la romana que se hizo brasileña y que lo hubiera vuelto a hacer dos veces, centró en este problema la esencia misma de su arquitectura. Se impuso la tarea de rescatar, con obra y proyectos, todo lo que ha sido olvidado y rechazado por la “civilización”. Reinventando la memoria del lugar, evocando la historia de un pueblo, Lina proporciona refugios para la cultura y los valores humanos en peligro de extinción.
Un artista tiene que ser rebelde, y Lina siempre cuestionó todo. Pudo haber hecho cualquier cosa (y probablemente le habría ido “mejor”), pero comprendió que en la América Latina cualquier cosa no siempre funciona y tomó el camino menos transitado, en un país desconocido, “(…) y eso ha hecho toda la diferencia”.

Lugar, memoria y hombre
o el mundo según Lina Bo Bardi

Lina Bo Bardi establece un vínculo de intimidad con el lugar, entendiendo el lugar no sólo como un espacio geográfico, sino como la sedimentación de la memoria de un pueblo. Lina siempre trabaja con lo preexistente, “observándolo cuidadosamente, dejándose empapar por el entorno para recrearlo y traducirlo en su obra. Sus arquitecturas –señala de Oliveira– poseen una rara capacidad de narrar y representar la memoria del lugar”.
Lo preexistente puede ser un árbol, un magnífico árbol que estaba allí mucho antes de que Lina y su esposo decidieran construir su residencia. Se trata de la Casa de Vidrio que observamos en la fotografía, la primera obra construida de Lina Bo Bardi, que nace, se ordena y crece alrededor de ese árbol. Su presencia es contundente, y con los grandes paños de vidrio que delimitan las áreas sociales, permitiendo disfrutar del selvático jardín que rodea la casa, se ha superado la tradicional relación entre el interior y el exterior. Cuando se está en la sala, con la selva de un lado y el gran árbol del otro, uno tiene la sensación de flotar en un delicadísimo refugio que dialoga magistralmente con la naturaleza. La Casa de Vidrio, bautizada así por los vecinos, nació del respeto al entorno, y del deseo de una inmigrante de vivir intensamente la naturaleza y el verdor de una tierra extraña.
Pero lo preexistente no siempre es algo que podemos ver y tocar, como el árbol de la Casa de Vidrio. A veces se trata de capas de memoria, de imágenes, de historias que han determinado un lugar y la manera de ser de un pueblo. La Casa Valéria Cirell, que Lina construye para una amiga en São Paulo, es quizá uno de los ejemplos más bellos y sensibles de esta forma de contextualización.
La casa, que podemos apreciar en la fotografía, ha camuflado sus fachadas con trozos de memoria. Los muros, como los describe Olivia de Oliveira, “(…) están recubiertos de cantos rodados y vegetación, de pequeñas conchas, restos de juguetes y muñecas, trozos de cerámica, fondos de botella, de objetos considerados como inútiles. Flotan en la masa de cemento como objetos perdidos en el fondo del océano o en las profundidades de la memoria. Como en un relato, Lina Bo Bardi evoca la vida y el pasado de este lugar”. La Casa Valéria Cirell ha sido construida con técnicas tradicionales, que demuestran un respeto por la arquitectura y el saber hacer popular, algo poco común entre los arquitectos de los años cincuenta. Pero Lina y su obra nunca fueron comunes, y en cada edificio hay un grito de esperanza y rebeldía.
La obra de Lina Bo Bardi no posee una belleza obvia, y probablemente muchos no la lleguen a percibir en ningún momento. Pero es que su arquitectura es sutil y sublime, como el más bello de los cantos susurrado al oído. De una belleza ambigua, abierta e indeterminada, que se presenta con cautela y da lugar a lo inesperado, como suele ocurrir con la mejor arquitectura. Sus edificios se desnudan poco a poco, a medida que habitamos y recorremos sus espacios, y sugieren una visión poco común de nuestro entorno, expresiva y siempre poética.
“Para Lina Bo –dice de Oliveira–, el pasado es algo que todavía está vivo y que sigue sucediendo en el presente”. Y en el SESC Fábrica da Pompéia, la ciudadela del ocio de São Paulo, el pasado se ha invocado para reinventarlo con maestría. Sobre el terreno de una antigua fábrica que iba a ser demolida, se pidió a Lina que proyectara un gran centro comunitario de ocio, cultura y deporte. Pero en un atrevido gesto simbólico, ella preserva el edificio industrial solo para subvertir su imagen: ahora el SESC es una fábrica de ocio, deporte y cultura, donde se trabaja libremente la creatividad, la sensibilidad y el cuerpo. En una fábrica así, el trabajo está lejos de ser penoso y se lleva con entusiasmo.
El antiguo edificio industrial, de ladrillo y una sola planta, se complementa con dos grandes volúmenes de concreto armado que reafirman la imagen de fábrica que se quiso preservar, conectados entre sí por medio de pasarelas. Una nueva y gigantesca chimenea se levanta frente a los dos volúmenes, otorgándole al conjunto ese elemento arquetípico de los edificios fabriles. Unas aberturas poco comunes, excavadas en el volumen más grande del conjunto, son los “agujeros prehistóricos” de una caverna deportiva, la ciudadela de São Paulo. Y es que para Lina, el SESC siempre fue una “ciudadela cultural” para la defensa de la ciudad, una fábrica de artistas, deportistas, y de hombres corrientes que cuidarían de la cultura brasileña.
El lugar y la memoria se han hecho arquitectura en la obra de Lina Bo Bardi, con un árbol, una fábrica, un collage como fachada. Y así, el árbol es árbol mil veces; la fábrica es más que una fábrica; y las imágenes estampadas en la Casa Valéria Cirell, se nos presentan como un ejercicio surrealista que evoca en cada uno de nosotros los recuerdos de nuestra tierra y de nuestra infancia. En la arquitectura de Lina Bo Bardi hay sensibilidad, hay poesía, y todo se ha cuestionado con grandísima inteligencia. Es la obra de una mujer con fuerza y carácter, que hizo de Latinoamérica su patria y para ella vivió.



Comentarios

  1. 1
    Ari Schwartz
    Abril 12th, 2007 a las 20:09

    Me encanto este artículo. Esta escrito con mucha fuerza y pasión. Si por casualidad el señor Ricardo Avella se puede poner en contacto conmigo estaría muy agradecida. Mi e-mail es ariw99@hotmail.com.

  2. 2
    lucia
    Noviembre 4th, 2007 a las 14:32

    me encanto y a la vez sirvió mucho este articulo ya que me es muy dificil encontrar comentarios sobre la esencia en las obras de lina y lo necesito para la facultad

  3. 3
    neldacalderón
    Noviembre 12th, 2008 a las 22:40

    Muy poetico y completo el articulo.Me gusto mucho la obra de esta arquitecto. Gracias

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