Cuatro maneras de relajarse
Cuerpos y Mentes Marzo 3rd, 2008
Aliviar el estrés ayuda a optimizar la circulación y la oxigenación del cuerpo, y le da un respiro a la mente. He aquí cuatro formas de conseguirlo
Por Magaly Rodríguez
Músculos sueltos
Mucha de la tensión acumulada se hace sentir en el cuello, los hombros y la espalda, especialmente en trabajos que exigen pasar mucho tiempo sentado o de pie. Existen ejercicios que permite relajarlos poco a poco sin necesidad de recibir un masaje anti-estrés.
Una manera sencilla es contraer aún más los músculos tensos y luego relajarlos. La idea es hacer varias repeticiones que contribuyan a que vayan “soltándose” de forma progresiva, en lugar de forzarlos con estiramientos muy bruscos que puedan lastimar zonas que ya están adoloridas.
Para hacerlo con método, hay quienes sugieren ir trabajando los distintos grupos musculares por separado, pero en orden: se puede comenzar por los pies e ir avanzando hacia arriba, hasta completar la secuencia con el cuello y la cabeza. Basta con tensar los músculos de 5 a 10 segundos, tomarse 20 para aflojarlos poco a poco y repetir el proceso varias veces antes de comenzar a trabajar el siguiente grupo muscular.
Movimiento liberador
Para dejar que la mente repose de las preocupaciones, hay quienes prefieren enfocar sus acciones en un acto repetitivo, pero que aún así requiera cierta dosis de concentración. Actividades manuales como bordar, tejer, cocinar, tocar un instrumento musical, hacer jardinería o incluso colorear un dibujo hacen que la mente abra un espacio para actividades placenteras y permiten hacer una pausa. Ejecutar un ejercicio físico de cierta intensidad, como caminar, nadar o montar bicicleta, cumple el doble efecto de relajar el cuerpo.
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Imaginación al rescate
Un cerebro sobrecargado necesita refrescarse con ideas y sensaciones agradables. Una de las técnicas de relajación más populares consiste en cerrar los ojos y hacer visualizaciones sobre temas que a cada individuo le resulten felices o relajantes.
En una posición cómoda, –preferiblemente acostada– la persona se concentra en buscar en su mente un lugar al que le gustaría ir o uno que le traiga buenos recuerdos, pero que sobre todo le inspire paz. No tiene que ser real, también puede ser imaginario para combinar en él más elementos gratos, y en ese lugar puede estar solo o acompañado por las personas que elija. Una vez escogido el tema, el sujeto se concentra en recrear sus detalles y en las sensaciones que experimentaría si estuviera allí. Es una especie de vacación mental, en la cual la persona puede desconectarse y dejar que su creatividad haga el resto.
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Paz al estilo zen
El zazen es un tipo de meditación bien cultivado por la religión budista. Consiste en dejar que la mente consiga su propio descanso. Lejos de concentrar toda la atención en un proceso reflexivo sobre un problema específico, busca que el flujo de ideas no se encasille en un solo pensamiento.
Pero tampoco consiste en quedarse totalmente en blanco: hay quienes sugieren que la meditación es el equivalente a montar todas las preocupaciones en un carrusel y hacerlo girar a cierta velocidad hasta que no sea posible concentrarse específicamente en ninguna: en ese ciclo continuo es donde la mente encuentra el reposo que necesita. Para ello hace falta rodearse una atmósfera que transmita serenidad, mantener una postura correcta –en posición de loto– y acompasar la respiración.
Aunque al principio puede ser complicado no detenerse a pensar en los detalles de preocupaciones particulares, o en las sensaciones físicas que implica mantenerse inmóvil por mucho rato, los conocedores aseguran que con la práctica es posible controlar esos pensamientos y dejarlos pasar.
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