A cara lavada
Cuerpos y Mentes Octubre 11th, 2007
Asear el rostro es una rutina que debe hacerse con calma, sin apuros, con el mismo esmero que se usa para maquillarse. A fin de cuentas, una piel limpia es la base de un cutis saludable
Por Magaly Rodríguez
No importa qué tan poco maquillaje se use o qué tan “limpia” se vea a simple vista: la cara siempre aprecia que la liberen de las impurezas del ambiente y que la dejen reposar un rato de la omnipresencia del maquillaje. Asearla correctamente –a fondo, pero sin llegar a resecarla– es la forma más sencilla de que se mantenga siempre sana.
En muchísimas ocasiones, la costumbre de quedarse dormida con el maquillaje puesto es causa suficiente para que se produzcan brotes de espinillas, aún cuando la piel no sea necesariamente grasa: a veces por cansancio o por flojera se sacrifica este ritual y por eso los poros están constantemente obstruidos con maquillaje, sebo y residuos de polución, lo cual favorece la acumulación de bacterias. A esto se suma que la noche es el momento preferido por la piel para recuperarse de las agresiones cotidianas, y de allí que los dermatólogos insistan en que quienes no usan maquillaje también deben lavarse la cara antes de acostarse.
Si el cansancio acumulado atenta contra el rigor de lavarse la cara todas las noches, es preferible hacer este ritual más temprano, a una hora en la que el sueño todavía no lo sabotee.
Las opciones
Las presentaciones de los productos para asear el cutis son muy variadas, y las hay para cada tipo de piel. En primer lugar destacan las cremas y geles limpiadores, que al frotarse entre las manos húmedas, producen una espuma que se riega bien por todo el rostro; sin embargo no todos eliminan por completo el maquillaje, y por eso conviene revisar que especifiquen esta función en el empaque.
Otro recurso clásico son los jabones faciales, cuya diferencia fundamental con un jabón de tocador es que son mucho más suaves y limpian la cara sin resecarla en exceso; también los hay formulados para casos de acné y pieles sensibles. Y entre las innovaciones más recientes figuran las toallitas desmaquillantes: hay quienes dudan de su poder purificante en comparación con un lavado completo con agua y jabón, pero no por ello dejan de ser una buena alternativa para noches de máximo cansancio. Simplemente se deslizan sobre el rostro hasta que no quede ningún residuo de suciedad.
Cabe destacar que los ojos merecen un cuidado especial: aparte de que su contorno es muy frágil, es una de las zonas que reciben el maquillaje más difícil de disolver, y que consiste en esa densa mezcla de corrector, base, sombras, delineador y rímel. Por eso existen líquidos removedores especiales que facilitan su higiene sin maltratarla. Si se acaban sorpresivamente, pueden ser sustituidos por agentes grasos y poco agresivos como el aceite de oliva o el aceite para bebés, aplicados con la ayuda de un algodón.

Más consejos
En un buen lavado facial, es indispensable que el cabello esté muy bien recogido con colas o bandanas. De esta forma pueden enjabonarse bien el borde superior de la frente, las sienes, la línea de la mandíbula y el cuello, que con frecuencia son sacrificados por temor a que el pelo se moje.
El agua tibia ayuda a aflojar la suciedad durante la limpieza. No debe ser caliente, para no resecar la piel. Adicionalmente, una rociada de agua fría en el último enjuague ayuda a cerrar los poros.
No es necesario restregar el cutis con la toalla para secarlo; basta con hacer pequeños toques de presión. Una vez libre de humedad, es aconsejable completar esta rutina con la aplicación de un tónico y una crema humectante. Los labios también van a agradecer que los mimen con una barra hidratante.
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