colum_cristobal_guerraEl anuncio del nuevo director técnico de la selección vinotinto coincidió, para felicidad de fútbol venezolano, con la insurgencia goleadora de Juan Arango en la Liga Española. Ambas cosas sucedieron en enero y fueron como un regalo de Reyes Magos para la ávida afición nacional, que sigue aferrada a la certeza de que el ahora o nunca de la clasificación al Mundial ha llegado. Que Suráfrica espera ansiosamente por Venezuela y que no hay manera de postergar el sueño colectivo.
Por Cristóbal Guerra

En los días de Navidad, el rumor se había regado como pólvora encendida, y era cosa pública que César Farías subiría al estrado del que unas semanas antes había bajado, enojado con todo el mundo, Richard Páez. El primer mes de 2008 confirmó lo que todos sabían, y días antes de la conferencia de prensa en la que la Federación Venezolana de Fútbol haría la revelación, Arango, que con sus glorias y sus caídas desde Olimpo sigue siendo la referencia del fútbol nacional, anotaba goles al Osasuna y, sobre todo, al indestronable Real Madrid, para elevar con velocidad de celaje sus enteros en la bolsa de valores del fútbol universal.

Farías ha conseguido este panorama en el arranque de su gestión, vivido en los dos partidos amistosos ante el seleccionado de Haití. Su presencia rocía al equipo criollo de un frescura que mucha falta le estaba haciendo, y no sólo porque a sus 34 años de edad se ha convertido en el técnico más joven que haya manejado al equipo representativo del país (de hecho, dos de los jugadores más emblemáticos, José Manuel Rey y Luis “Pájaro” Vera tienen un año más), sino porque el hombre trae nuevas ideas y conceptos. Mucho se dijo que lo menos resaltante del clamoroso periodo de Páez había sido lo repetido de su estilo futbolístico, el agotamiento de la osadía y la improvisación que, según proclama la esperanza popular, ahora están de regreso.

En realidad, Farías va a requerir no sólo del abigarrado conocimiento que ha cocinado a fuego lento en los incontables cursos y seminarios a los que ha asistido en Europa y Suramérica. Eso no le va a bastar en un Premundial Suramericano difícil, empinado, en el que todos los rivales tienen hambre voraz. El técnico tendrá también que llevar mucha agua al molino de la astucia y la sagacidad, al estudio milimétrico de cada adversario para neutralizar sus propuestas y respirar el aire de las victorias en el camino hacia el Mundial 2010.

Va ser paradójico que el recién estrenado conductor, que debió sobrevivir a las especulaciones tejidas y entretejidas alrededor de su nombramiento (los venezolanos Noel “Chita” Sanvicente y Carlos Maldonado también estaban ahí, así como la posibilidad de que el elegido fuese un entrenador extranjero), tendrá que espantar el fantasma del quinto lugar en el que recibe el testigo del relevo. A esa colocación, que es la frontera entre los que se van y los que se quedan, tendrá que responder el teórico nacido en el estado Sucre: o clasifica o se lo traga la historia.

La primera escena de la guerra Farías-Venezuela vs resto de Suramérica, se montará sobre las tablas del estadio Centenario de Montevideo, menuda tarea, el próximo junio. No obstante, y vuelta con las paradojas, esta enorme dificultad tal vez sea lo mejor para el que llega. Porque de haberse jugado el partido en suelo nacional, la obligación de ganar iba a ser asfixiante. En la capital de la República Oriental habrá margen para la derrota, cuartelillo para la justificación, porque al final de todo se trata de la celeste, la selección de Diego Forlán y “Cebolla” Rodríguez, una de las más potentes de la actualidad.

No es mucho lo que César Farías podrá cambiar, hay que admitirlo, pues el universo de futbolistas venezolanos competitivos es estrecho. El técnico, que nunca fue un jugador estelar porque prefirió el estudio de los movimientos tácticos a las maniobras con la pelota, mete la mano en el sombrero de los prestidigitadores y no es mucho lo que consigue para sorprender y para innovar. Por eso es que su liderazgo y la capacidad para manejar la brújula del pragmatismo, podrán ser los aliados que le lleven a fraguar un vinotinto de nueva cosecha y sabor de triunfo.

 



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