guerra sept bajaNecesidad inventada o no, la realidad es que el hecho mediático es uno de los emblemas más representativos de los días que se viven. Dios de nuestro tiempo, es un influjo del que pocas cosas y pocas gentes pueden escapar. No es cierto que, como se suele decir con liviandad, “hoy todo se sabe”, porque no es verdad, aunque casi casi. Principalmente las cosas relacionadas con el espectáculo y sus figuras, carnada preferida de reporteros y fotógrafos de todo el mundo.
Por Cristóbal Guerra

Y el deporte, pues, es un espectáculo, sobre todo el de hoy, propenso a ser más un programa de televisión que un acto deportivo como tal. Las luces del gran show, sea tele, cine, radio o prensa escrita, caen con su manto sobre los estadios y las canchas, y por eso es que cada día se parecen más.

Hace poco tiempo se conoció a los estelares jugadores del Real Madrid como la generación de los “galácticos”, una metáfora de lo inalcanzable, de lo superior, inspirada en las películas de la Guerra de la Galaxias. Sonaba antipático para mucha gente el deslumbrante mote, pero los medios y las comunicaciones, con su omnipresencia, así lo consagraron, y entonces Ronaldo, Luis Figo, David Beckham, Raúl, Zinedine Zidane y Roberto Carlos fueron reconocidos como los miembros más prominentes de la saga del espacio.

El tiempo y los partidos demostraron que en el fútbol, como en la vida, no es suficiente con decir que se sabe; hay también que demostrarlo con hechos tangibles, y los “galácticos”, distraídos con sus maniobras siderales de cuñas publicitarias y viajes de promoción, no fueron capaces de conseguir títulos para un club habituado a ganar. Nunca hubo una explicación razonable, un argumento de convicción para aquel fracaso, pero mucho se murmuró acerca de las ardientes discusiones en las privacidades del vestuario por la preponderancia de los egos y la arrogancia personal.

La era galáctica fue agua entre los dedos, se fue sin despedirse y dejó un vacío que los medios no consiguieron cómo llenar en lo inmediato. Desde entonces, un par de años atrás, comenzó la búsqueda del eslabón perdido, porque el fútbol español como imagen mundial, requería de un invento que le permitiera estar en la primera fila de la atención. Darle oportunidades al fútbol italiano o a la Liga Premier inglesa podría ser muy peligroso.

Por eso es que el Barcelona ha venido en auxilio, aunque de otra manera. Los catalanes, tan particulares, sólo hicieron una contratación estrambótica, la del francés Thierry Henry, pero a los medios españoles esto les ha bastado para comenzar a llamar la junta del recién llegado con Ronaldinho Gaucho, Lionel Messi y Samuel Eto’o, “los cuatro fantásticos”, símil de la serie de películas de ficción de taquillas millonarias.

El Barsa ganó todos sus partidos de giras de pretemporada con holgura, y aunque los “fantásticos” no hicieron maravillas, la temporada 2007-2008 recién comenzada es larga y serán muchas las jornadas disponibles para demostrar, en su conjunto, un talento que en lo individual nadie duda.

Es lujo tenerlos juntos, porque libra por libra, como se suele decir en el boxeo, cada uno es a su manera el mejor del mundo. Henry el atacante que no se conforma con mandar la pelota hasta el fondo del arco, sino que es hombre que baja al medio campo a buscar el balón para jugar con sus compañeros; Ronaldinho, el fútbol arte que reinventa con cada toque de bola; Messi, el que arranca desde el centro de la cancha por el lado derecho para cortarse hacia la izquierda pidiendo paso y burlando rivales; y Eto’o, el finalizador, el verdugo implacable que no deja cabeza en su sitio.

Lo importante será que funcionen juntos, que se amalgamen. La experiencia madrileña fue demasiada amarga, y si hay algo que el fútbol le pide al francés, al brasileño, al argentino y al camerunés, es que no vayan a dejar de ser “los 4 fantásticos” para convertirse en “los cuatro jinetes del apocalipsis”.

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