Manuel Rojas
Columnistas, Oscar Medina Leal Mayo 10th, 2007
Manuel Rojas es una de las dos cabezas de Ludic, la empresa que –entre tantas cosas- organizó algunas de las más memorables noches de la movida electrónica caraqueña para una importante marca de cigarrillos. También es dj, prepara una incursión en la gastronomía y acaba de sorprender con una exposición de dibujos inaugurada el 22 de abril en la galería Fernando Zubillaga. | Oscar Medina
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En Caracas se te ha visto como productor de eventos asociados a la electrónica y como pinchadiscos, ¿de dónde salieron estos dibujos? ¿Los haces porque ahora la paternidad no te deja salir tanto de noche?
Gracias a las baby-sitters, a los abuelos, tíos, suegros y amigos, uno siempre se las podrá arreglar para salir, aunque muy poco a rumbear porque, tristemente, nuestra ciudad está aburridísima. Para mi el dibujo es una expresión vital, una actividad cotidiana, nunca he parado de hacerlo, y en la exposición en la Galería Fernando Zubillaga colgué trabajos cosechados durante un período de 11 años.
¿No espiabas a la gente que visitó la galería a ver qué caras ponían?
Es irresistible no hacerlo. Esa fue mi primera individual, así que he rodado muy poco. Claro que buscas la mirada de otros, siempre de reojo, nunca directamente. Acercarse a preguntar qué les parece el trabajo es simplemente patético y sobre todo muy pavoso.
¿Cuál es el color que usas primero, al que te lleva el instinto?
Por lo general uso paletas cuádruples donde coexisten pares de tonos cálidos y fríos, pero el papel también cuenta en tonalidad y textura. He usado pares de valores, como negro y plata, o blanco y plata sobre papel negro. A estas alturas el asunto es menos verbal y más, digamos, visceral.
Con tu empresa Ludic has participado en la organización de toques de algunos de los dj’s más importantes del mundo, si volvieran esos buenos tiempos, ¿a quién te gustaría traer a Caracas?
Artistas imposibles, creo yo, sobre todo porque nuestra respetada audiencia y la comunidad de empresarios tienen todavía mucho camino por recorrer. ¿Nombres? Electrocugat (son banda más que dj´s), Jeff Mills, Sascha Funke, tantos más. Lo cierto es que hacen falta más fiestas y conciertos “de cartel” que eventos facilones, de esos donde viene el guitarrista de Joan Jett y lo venden como una gran estrella. Nadie dice que es fácil producir un concierto o fiesta, pero el nivel de producción pareciera no importar y no es que yo haya tirado la toalla, me interesan otras cosas ahora, como la cocina, por ejemplo. Existe un público para Shakira y Luis Miguel, sin duda, pero las minorías culturales tienen derecho al pan y al circo también.
¿Y a dónde lo llevarías a comer?
Yo los llevaría a casa de amigos, a Pampatar o Manzanillo, a mi casa también. Claro, también están Astrid y Gastón, Chez Wong, Malabar, Sibaris y tantas otras experiencias relativamente lujosas que siempre sorprenden. Hace poco abrió en Los Palos Grandes Come a Casa, una trattoria siciliana con una oferta de sabores nueva, bien guapa, aunque todavía con cierto descuido al servir el vino, cosa que se puede corregir.
¿Quién decide qué música se escucha en la casa, tú o tu esposa Maríantonia a quien también se le ve de tanto en tanto pinchando discos?
Últimamente escucho poca música. En casa tenemos una colección de aproximadamente 15.000 acetatos, más un montón de discos compactos y ni hablar de la data en nuestros respectivos discos duros. Yo creo que los amigos deciden, cuando vienen a casa. Por lo general la que se vuelve un torbellino pinchando joyitas es Mariantonia o Mrs.White, como prefieran llamarle.
Invitas a una cena en tu casa: ¿cuál sería el menú sonoro y cuál el que va a la mesa?
No ligo mucho la música con la cocina, al menos en términos de servicio. Antes si no tenía música, especialmente mucho guaguancó y son cubano, me resultaba difícil cocinar para los amigos. Ahora prefiero el silencio y la disciplina. Pero si lo pienso bien, prefiero siempre el jazz de Nueva Orleáns, el bebop, el swing. Creo que es siempre delicado musicalizar una cena o ambientar musicalmente un restaurante porque no siempre logras una “junta” ideal para todo el público, a menos que caigas en los clichés. El menú que va en la mesa lo pienso y recreo más en ingredientes precisos y procesos específicos, que es lo que estoy diseñando actualmente. Hablamos por ejemplo de mariscos rellenos con confituras, reducciones muy lentas, emulsiones ligeras vaporizables, cocciones al vacío sin fanatismos, muchas frutas y sabores preparados al momento, pero siguiendo más la escuela del Baserri, esa del tapeo minimalista de acceso popular, siempre con muchísima atención en la calidad de los productos más que en la personalidad delcocinero.

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