Héctor Bujanda

Oscar Medina Leal Noviembre 5th, 2006

Gcu GcuHéctor Bujanda es caraqueño a rabiar. Periodista de notable trayectoria en el diario El Nacional y en otras publicaciones, en 2002 hizo maletas y se fue a Barcelona a hacer un doctorado en Literatura. Regresó este año con una novela en la computadora y sin hacer mucha bulla la inscribió en la bienal de Literatura Adriano González León. Y ganó. | Oscar Medina

¿”La última vez” de qué? Esta es la pregunta que ya te deben haber hecho todos tus amigos: ¿de qué trata tu novela?
La última vez tiene que ver con una anécdota íntima y dolorosa, una experiencia de fuga que se va mezclando con un paisaje en desintegración, el de mi Caracas finisecular, hasta conformar una situación límite, en la que hay cosas muy importantes y cercanas que empiezan a desaparecer, a borrarse. De manera precisa, y para no adelantar mucho, esta es la historia de una familia clase media en caída libre, donde uno de sus miembros muere de sida y su padre decide desaparecer en pleno entierro. A partir de estas dos experiencias de fuga, de un misterio y de una pérdida se arma la historia.
Es como un batacazo, ¿no? Primera novela, primer premio literario…
Ja, ja. Bueno, sí, parece todo un batacazo. Tu pregunta me hace recordar otros grandes batacazos que se han producido en mi vida. No vayas a pensar que ha sido el único. El primero, y el más célebre de ellos, sin duda, fue cuando pegué un cuadro con 6 a los 19 años, y agarré tremendo arrecherón porque había resultado ser mercado libre, y sólo pagaron 600 bolívares a cada ganador. No lo podía creer. No volví a jugar más a los caballos. Nunca me había atrevido a probar en los concursos pero me pareció que hacer una novela durante más de dos años respondía a un esfuerzo y a una pasión desbocada, que merecía la pena ser sometida a valoración de los otros.
¿Para escribir de algo que sucede en Caracas es mejor la distancia?
No lo sé. Cuesta tener una fórmula precisa para escribir sobre lo que más se mueve por tus entrañas. La única conclusión que puedo sacar al respecto es que el periodismo me sirve para estar dentro de la realidad, algo alienado por ella, y la ficción me permite deslastrarme de sus poderes hipnóticos y explorar mundos interiores que jamás habían salido a flote. Por más que La última vez esté llena de referencias cotidianas y concretas, hay una exploración totalmente ficticia de la ciudad. Para ser exactos: el diseño de un mundo hecho muy lejos de Caracas. Explorar esa esquizofrenia que todos llevamos adentro se ha hecho para mí un asunto indispensable.
¿Qué es lo primero que uno hace cuando le dan el cheque de un premio?
Mira, yo no sé lo que harán los demás, pero te puedo decir lo que yo hice: tomé el cheque, bajé a una agencia de mi banco, lo deposité, crucé una calle y entré a una agencia de viajes, y reservé dos pasajes para Barcelona. Pasaré el año nuevo rindiéndole un rotundo homenaje a la ciudad que vio crecer mi novela y que me incitó a probar experiencias que, de otro modo, jamás hubiera tenido.
Ahora que ya pasaste a la categoría de “autor venezolano”, ¿qué libros de autores venezolanos recomiendas?
¡Qué vaina con las categorías! Primero por lo de autor, y segundo por lo de venezolano. Se me hace irresistible no recomendar toda esa narrativa urbana que leí con pasión desde los 20 años, y que va de Guillermo Meneses a Adriano González León y Salvador Garmendia, que va de Carlos Noguera a Angel Gustavo Infante, que va de José Roberto Duque a Israel Centeno y Juan Carlos Méndez Guédez. De una y otra manera, ellos han intentado, vanamente, contar mi ciudad. Sin embargo, hay que decir que hay dos libros que me encantan en estos tiempos: La otra isla, de Francisco Suniaga, y Un sueño comentado, de Rubi Guerra. Dos orientales, casualmente, uno margariteño y el otro cumanés.
¿Sueñas con ver tu novela en manos de los piratas de la autopista?
Sueño con ver mi novela en mano de todos los piratas del mundo, que son personajes encantadores desde que apareció el Sandokan de Salgari. Creo que la literatura está viva si hay lectores, estén donde estén, y se llegue a ellos como se pueda llegar. Para un consumidor compulsivo, como yo, del mercado de la informalidad, no puedo menos que soñar con verme arruinado, sin una puya, pero rey entre los señores del mundo “buho”. Ese es el test hoy de nuestro mercado cultural ¿estaré yo a la altura?
Si la llevaran al cine, ¿cuál sería el soundtrack de la historia que escribiste?
Sería una rockola imposible que vaya de Caetano Veloso a Benny Moré, de Daniel Santos a Gil Scott-Heron, de Juanga a Los Amigos Invisibles. Creo que mi ciudad tiene todos esos tonos, basta con pasearse temprano en la mañana por Sabana Grande, cuando los buhoneros construyen su propia ciudad, para percibir que la rockola está viva, y llega a ser una experiencia tan disonante como algunas de las piezas del brasileño Chico Science. Creo que Caracas es todo un maracatú atómico, y La última vez en película debería reproducir, como un hondo homenaje, esa locura rítmica.



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